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Vuelven conciertos y pasarelas en Venezuela, pero para quienes tienen efectivo 

© Reuters. People attend an urban music festival housed in the open parking lot of a shopping center in Caracas, Venezuela June 4, 2022. Picture taken June 4, 2022. REUTERS/Leonardo Fernandez Viloria

Por Vivian Sequera, Mayela Armas y Tibisay Romero

Los fanáticos venezolanos del pop y el reggaeton, que pueden pagar por una entrada el equivalente a un salario mínimo mensual, están llenando las salas de conciertos por primera vez en más de siete años para ver a sus artistas nacionales e internacionales favoritos.

Un alivio parcial de los problemas económicos en el país, que sigue marcado por desigualdades extremas, ha alentado el regreso de los eventos musicales en Caracas y otras ciudades. Desde marzo cantantes como la dominicana Natti Natasha, la banda colombiana Morat, y más recientemente, Il Divo, se han presentado en varios espacios de la capital.

«Por los problemas del país muchos artistas decidieron no venir a Venezuela», dijo Félix Colmenares, un productor de eventos, que agregó que muchos de sus compañeros abandonaron el país, en medio de un éxodo continuo que ha visto migrar a unos seis millones de venezolanos desde 2015.

Los eventos, en su mayoría limitados a alrededor de 3.500 espectadores, han tendido a agotarse, incluido un festival de música urbana que se llevó a cabo en el estacionamiento abierto de un centro comercial de Caracas en junio.

La próspera escena de los conciertos es uno de los varios signos recientes de las mejoras superficiales de la economía de Venezuela, tras la flexibilización de los controles en 2019 y las mayores transacciones en dólares, que han permitido el surgimiento de deslumbrantes restaurantes y cafés y hasta la instalación de casinos, que se legalizaron en 2020.

Una semana de la moda incluso se reanudó a finales de abril dentro de un lujoso hotel de Valencia, capital del central estado de Carabobo y una de las principales zonas industriales del país, mostrando las creaciones de 27 diseñadores locales, desde ropa de gala hasta casual en un intento por impulsar al sector textil, golpeado por la crisis económica.

La dolarización ha dado un respiro, pero no ha sido suficiente para revertir la caída, señalaron dos fuentes del sector textil que agregaron que las industrias afrontan aumentos de impuestos y limitaciones en el acceso al crédito.

«Las personas y los empresarios se han dado la oportunidad de traer alegría, cambiar un poco la realidad», dijo Fabián García un estudiante de hotelería que viajó desde Mérida, una ciudad al oeste de Venezuela, a la capital para asistir a un festival de reggaeton.

Pero «en Venezuela encontramos dos contrastes (…) Caracas es una burbuja», agregó el joven de 18 años. En Mérida, la zona donde reside, sufre de fallas de luz, agua y gasolina.

El país sigue enfrentando una baja producción industrial, un deterioro de los servicios de luz, agua, gas y transporte y una crisis de atención médica, según analistas.

La desigualdad se ha agudizado. En 2021, el ingreso del 20% más rico fue 46 veces mayor que el del 20% más pobre, duplicando la diferencia registrada en 2020, según cálculos de la firma local Anova Policy, que evidenció que algunos segmentos de la población viven una recuperación, y otros están vulnerables.

Los asistentes a los conciertos que se han organizado este año han pagado por las entradas desde 30 hasta 500 dólares, montos a los cuales no todos tienen acceso, debido a que la inflación y la dolarización han acentuado las brechas salariales entre los trabajadores.

«Uno ve esas islas de exuberancia en algunos sectores y por otro lado unos signos de precariedad (…) contrastantes y en cierto sentido, odiosos», dijo el economista Leonardo Vera, que añadió que el flujo de ingresos petroleros está aumentando, pero aún dista de la bonanza de hace una década.

«Venezuela sigue estando muy postrada y no podemos hablar todavía de una recuperación», señaló Vera al referirse a la infraestructura de los servicios básicos.

Casi dos tercios de los hogares reportan una desmejora en el suministro de luz y agua, y las empresas operan a 28% de su capacidad instalada, según datos del Observatorio de Servicios Públicos y Conindustria, un gremio industrial.

El sector salud público es quizá donde los contrastes son más reveladores. En mayo, Reuters visitó un hospital en el suroeste de la ciudad, donde había pacientes esperando echados en el suelo. Cuatro de sus nueve pisos están cerrados por falta de equipos y personal y de seis ascensores solo opera uno.

Los concesionarios de autos, que cerraron por los controles a la producción local y que llevó a compañías como General Motors (NYSE:GM) y Ford (NYSE:F) a abandonar sus operaciones, ahora exhiben vehículos todoterrenos importados. Las compras en el exterior de automóviles aumentaron 30% en el primer trimestre de 2022 respecto a igual período de 2021, según estimaciones del sector. Mientras, el ensamblaje en el país sigue limitado.

Para permanecer en el poder «el instinto de supervivencia del chavismo lo hizo torcer el rumbo de la revolución socialista y abrazar una economía de mercado súper salvaje», dijo Omar Zambrano, economista y director de la firma Anova Policy.

Muchos de los asistentes a un reciente concierto de música urbana optaban más por cervezas que costaban dos dólares en lugar de botellas de vodka de 60 dólares que los camareros ataviados con corbatas negras servían en un área VIP.

«Esto es para gente que realmente lo puede manejar, para quien no es tan difícil juntar un poco más de dinero», dijo Camila Oliveros, una estudiante de enfermería de 19 años. «No todos pueden hacerlo porque muchas personas trabajan, trabajan, trabajan y todo lo que hacen es solo para comer».

(Reporte de Vivian Sequera, Mayela Armas en Caracas y Tibisay Romero, en Valencia, Venezuela. Editado por Marion Giraldo)

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© Reuters. People attend an urban music festival housed in the open parking lot of a shopping center in Caracas, Venezuela June 4, 2022. Picture taken June 4, 2022. REUTERS/Leonardo Fernandez Viloria

Por Vivian Sequera, Mayela Armas y Tibisay Romero

Los fanáticos venezolanos del pop y el reggaeton, que pueden pagar por una entrada el equivalente a un salario mínimo mensual, están llenando las salas de conciertos por primera vez en más de siete años para ver a sus artistas nacionales e internacionales favoritos.

Un alivio parcial de los problemas económicos en el país, que sigue marcado por desigualdades extremas, ha alentado el regreso de los eventos musicales en Caracas y otras ciudades. Desde marzo cantantes como la dominicana Natti Natasha, la banda colombiana Morat, y más recientemente, Il Divo, se han presentado en varios espacios de la capital.

«Por los problemas del país muchos artistas decidieron no venir a Venezuela», dijo Félix Colmenares, un productor de eventos, que agregó que muchos de sus compañeros abandonaron el país, en medio de un éxodo continuo que ha visto migrar a unos seis millones de venezolanos desde 2015.

Los eventos, en su mayoría limitados a alrededor de 3.500 espectadores, han tendido a agotarse, incluido un festival de música urbana que se llevó a cabo en el estacionamiento abierto de un centro comercial de Caracas en junio.

La próspera escena de los conciertos es uno de los varios signos recientes de las mejoras superficiales de la economía de Venezuela, tras la flexibilización de los controles en 2019 y las mayores transacciones en dólares, que han permitido el surgimiento de deslumbrantes restaurantes y cafés y hasta la instalación de casinos, que se legalizaron en 2020.

Una semana de la moda incluso se reanudó a finales de abril dentro de un lujoso hotel de Valencia, capital del central estado de Carabobo y una de las principales zonas industriales del país, mostrando las creaciones de 27 diseñadores locales, desde ropa de gala hasta casual en un intento por impulsar al sector textil, golpeado por la crisis económica.

La dolarización ha dado un respiro, pero no ha sido suficiente para revertir la caída, señalaron dos fuentes del sector textil que agregaron que las industrias afrontan aumentos de impuestos y limitaciones en el acceso al crédito.

«Las personas y los empresarios se han dado la oportunidad de traer alegría, cambiar un poco la realidad», dijo Fabián García un estudiante de hotelería que viajó desde Mérida, una ciudad al oeste de Venezuela, a la capital para asistir a un festival de reggaeton.

Pero «en Venezuela encontramos dos contrastes (…) Caracas es una burbuja», agregó el joven de 18 años. En Mérida, la zona donde reside, sufre de fallas de luz, agua y gasolina.

El país sigue enfrentando una baja producción industrial, un deterioro de los servicios de luz, agua, gas y transporte y una crisis de atención médica, según analistas.

La desigualdad se ha agudizado. En 2021, el ingreso del 20% más rico fue 46 veces mayor que el del 20% más pobre, duplicando la diferencia registrada en 2020, según cálculos de la firma local Anova Policy, que evidenció que algunos segmentos de la población viven una recuperación, y otros están vulnerables.

Los asistentes a los conciertos que se han organizado este año han pagado por las entradas desde 30 hasta 500 dólares, montos a los cuales no todos tienen acceso, debido a que la inflación y la dolarización han acentuado las brechas salariales entre los trabajadores.

«Uno ve esas islas de exuberancia en algunos sectores y por otro lado unos signos de precariedad (…) contrastantes y en cierto sentido, odiosos», dijo el economista Leonardo Vera, que añadió que el flujo de ingresos petroleros está aumentando, pero aún dista de la bonanza de hace una década.

«Venezuela sigue estando muy postrada y no podemos hablar todavía de una recuperación», señaló Vera al referirse a la infraestructura de los servicios básicos.

Casi dos tercios de los hogares reportan una desmejora en el suministro de luz y agua, y las empresas operan a 28% de su capacidad instalada, según datos del Observatorio de Servicios Públicos y Conindustria, un gremio industrial.

El sector salud público es quizá donde los contrastes son más reveladores. En mayo, Reuters visitó un hospital en el suroeste de la ciudad, donde había pacientes esperando echados en el suelo. Cuatro de sus nueve pisos están cerrados por falta de equipos y personal y de seis ascensores solo opera uno.

Los concesionarios de autos, que cerraron por los controles a la producción local y que llevó a compañías como General Motors (NYSE:GM) y Ford (NYSE:F) a abandonar sus operaciones, ahora exhiben vehículos todoterrenos importados. Las compras en el exterior de automóviles aumentaron 30% en el primer trimestre de 2022 respecto a igual período de 2021, según estimaciones del sector. Mientras, el ensamblaje en el país sigue limitado.

Para permanecer en el poder «el instinto de supervivencia del chavismo lo hizo torcer el rumbo de la revolución socialista y abrazar una economía de mercado súper salvaje», dijo Omar Zambrano, economista y director de la firma Anova Policy.

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«Esto es para gente que realmente lo puede manejar, para quien no es tan difícil juntar un poco más de dinero», dijo Camila Oliveros, una estudiante de enfermería de 19 años. «No todos pueden hacerlo porque muchas personas trabajan, trabajan, trabajan y todo lo que hacen es solo para comer».

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