Inicio Arte y Cultura Trotalibros Editorial quiere rescatar obras olvidadas

Trotalibros Editorial quiere rescatar obras olvidadas

Jan Arimany, andorrano de 28 años de edad, ejercía como abogado cuando un día decidió dedicarse a lo que le apasionaba: la edición literaria. Viajó a Londres para realizar un máster en Edición Internacional, trabajó en varios sellos y regresó al Principado de Andorra para lanzar su propio proyecto, con el que busca darle visibilidad a libros que se han perdido entre la vorágine de novedades editoriales actuales. Miguel Otero Silva, Rómulo Gallegos y Teresa de La Parra son las referencias que tiene de la literatura venezolana

Desde muy joven, Jan Arimany fue un ávido lector. Pasaba horas sumergido en las historias de autores como César Mallorquí. El libro Las lágrimas de Shiva, precisamente del escritor español, marcó un antes y un después en su vida. Se enamoró de la trama. Desde entonces, no ha parado de leer.

Nacido en el Principado de Andorra, un pequeño país entre España y Francia, Arimany estudió Derecho en la Universidad de Barcelona. Al inicio de la carrera, vio cómo muchos de sus compañeros se veían obligados a dejar sus aficiones por las exigencias de la carrera. Temía que le ocurriera lo mismo. Por eso, como forma de continuar con su pasión por la lectura, creó un blog de reseñas literarias.

«Así empecé a conectar con muchos lectores de todo el mundo y el blog fue creciendo», cuenta Arimany, de 28 años de edad.

Al graduarse, regresó a Andorra, donde ejercía como abogado mientras continuaba con el blog literario. En ese momento, sus reseñas eran anónimas, usaba seudónimo, pues como abogado no le interesaba que al buscar su nombre en Google aparecieran sus reseñas.

Con el paso del tiempo, se cuestionó si realmente quería dedicarse a las leyes toda su vida. Finalmente, decidió dejar su carrera y dedicarse a lo que le apasionaba: la edición literaria. Viajó a Londres para realizar un máster de Edición Internacional en la City University of London. Luego de trabajar en varias editoriales, Jan Arimany decidió lanzar su propio proyecto: Trotalibros Editorial. «Es la primera editorial que surge de estas comunidades virtuales de lectores», afirma.

Trotalibros surgió hace un año, aún en pandemia, y su objetivo es recuperar obras que han sido olvidadas en medio de una vorágine de novedades editoriales. «Cuando me pregunté qué podía aportar yo en el mercado editorial llegué a la siguiente conclusión: en vez de sacar más literatura actual, quiero poner el retrovisor y mirar lo que había quedado atrás hace mucho tiempo», dice.

Trotalibros

Aunque Trotalibros Editorial surgió de un blog literario que desapareció debido al auge de las redes sociales, se convirtió en un canal de YouTube, que suma más de 270 mil suscriptores, en el que continúan las reseñas. Para Arimany no fue difícil dejar el anonimato y ponerse delante de la cámara; lo complicado fue tomar la decisión. «La receptividad fue muy buena, comencé a recibir muchos comentarios positivos, me conecté de una forma más íntima con mis seguidores y me animé a seguir. Siempre me he retroalimentando con ese cariño y me la paso muy bien haciendo lo que hago», asegura.

Precisamente, a través del canal de YouTube Arimany también visibiliza el rol del editor, un oficio que muchas veces pasa desapercibido en la cadena del libro. «En el blog comencé a conocer y a ver su trabajo y la personalidad implícita en la filosofía de cada una de las editoriales que más me apasionaban. Y me fui enamorando de este oficio, que no deja de ser en el paralelismo del mundo cinéfilo el de director, que al final es el que dirige y coordina el talento de muchísima gente para crear un libro y una colección con una filosofía e identidad muy concreta», dice.

Algo que caracteriza a Trotalibros es la diversidad de su catálogo. Cada título de la es completamente diferente en estilo, pero tiene algo en común: no dejan indiferente al lector. «Algunos son muy densos, muy exigentes; otros son sencillos, buscan lo más sobrio. Pero de todas las lecturas no sales siendo el mismo. No busco literatura que pretenda meramente entretener, que es del todo legítimo, pero en Trotalibros Editorial buscamos ese plus que valoramos tanto en la literatura que te hace crecer, que a veces incómoda, que hace sentir cosas, que exige pero la recompensa es grande porque sales siendo otro», asegura Arimany.

El primer libro que publicó la editorial fue La guardia, de Nikos Kavadías. Luego le siguieron El palacio de hielo, de Tarjei Vesaas; Canción del ocaso, de Lewis Grassic Gibbon; Adiós, señor Chips, de James Hilton; Vera, de Elizabeth von Arnim; Soledad, de Víctor Catalá; Hielo, de Anna Kavan; Los chicos, de Toni Sala; Rostros en el agua, de Janet Frame, entre otros.

Entre los libros que ha publicado Trotalibros hay dos que llaman particularmente la atención: Casas muertas y Oficina N°1, clásicos de Miguel Otero Silva.

Jan Arimany llegó a estas obras saltando de libro en libro. Una de las actividades que hizo en paralelo a su blog y canal de YouTube fue un club de lectura virtual en Instagram. En ese entonces, la lectura asignada era Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos. En el ejemplar que tenía, en el prólogo, se mencionaba a varios autores, entre ellos Miguel Otero Silva. Al investigar sobre sus obras al andorrano le llamó particularmente la atención el nombre de Casas muertas, pues desde muy joven siempre le atrajo todo lo relacionado con ruinas. «Cuando lo leí, aluciné con el argumento y el título. Apenas lo terminé dije: ‘Tengo el primer libro latinoamericano de Trotalibros Editorial’», recuerda.

Para Arimany, como europeo, Casas muertas y Oficina N°1 le permiten entender un poco de la situación venezolana, que muchas veces queda reducida a las noticias internacionales y a los dirigentes políticos. «Te van mostrando toda la historia moderna de Venezuela, de los conflictos armados, de los cambios sociales, los movimientos de población, el hallazgo de petróleo, el abuso de Estados Unidos al momento de explotar esta materia prima. Me puso en perspectiva y llegué a comprender muchas cosas de la situación actual del país», dice.

Lo que más disfrutó de las obras fue la calidad literaria de Miguel Otero Silva. «Tiene una forma de narrar, de compartir su amor por el paisaje, por la cultura venezolana y la forma de vivir; algo que comparte con Rómulo Gallegos. No sé que les dan de comer allí, que narran con una exuberancia y una expresividad que casi te da igual como lector lo que te cuentan y los personajes, porque los sigues y disfrutas sin esperar que te lleve a ningún lado, pero es que Miguel Otero Silva sí te lleva a ese lado», afirma.

Y agrega: «Me encantó esos juegos de contraste que realiza en el pueblo agónico de Ortiz y el pueblo pujante que crece de manera apresurada y anárquica de 22. También hay otros contrastes como la juventud y el color de Carmen Rosa y la vejez y decrepitud de Ortiz que la rodea. Me enamoró lo descentralizado que está el relato, aunque Carmen Rosa sea la protagonista constantemente se desvía para seguir las vidas de las personas que se mueven por Ortiz. Me quedé completamente enamorado de la obra».

Además de Rómulo Gallegos y Miguel Otero Silva, también tiene como referencia de la literatura venezolana a María Teresa de La Parra, autora a quien le gustaría incluir en su catálogo.

Una característica especial de las ediciones que publica Trotalibros es que, al final de cada ejemplar, Jan dedica algunas páginas a una nota final, en la que cuenta cómo llegó al libro, cómo lo descubrió y, desde una perspectiva muy íntima y personal, justifica por qué decidió recuperar el libro.

Al ser una editorial independiente, al inicio Trotalibros se sostenía gracias a sus ahorros, al apoyo de amigos y familiares y subvenciones que le ha dado el gobierno de Andorra. Ahora, como ha tenido buenos resultados, ha podido generar ingresos. Esto le otorgó auna gran ventaja: la libertad de publicar las obras que le gusten. «Tengo la suerte de que mi criterio es el que manda porque la gente ya me conoce. ¿Qué busco en mis lecturas en general? Diversidad».

Por ahora, Arimany es el único integrante de la plantilla de Trotalibros y está dedicado únicamente a la editorial y a crear contenido para el canal de YouTube e Instagram. «Sigo haciendo mis reseñas de mis lecturas de ocio, que no tienen que ver con Trotalibros editorial».

Le resulta interesante la evolución que el impacto digital ha tenido en la lectura con el nacimiento del ebook, impulsado por Amazon. «Todo el mundo gritó el fin del libro como pasó en la música o el cine. No obstante, no ha sido así. El ebook creció muy fuerte al principio, luego se quedó unos años estancado y ni siquiera la pandemia ha cambiado eso. Año a año, el ebook va bajando un poco. Esto demuestra que el libro, como ejemplar físico, tiene algo especial», afirma.

Aunque no se considera fanático del ebook, considera que ambos formatos pueden coexistir. De hecho, todo el catálogo de Trotalibros está disponible en formato digital. «Es una forma de llegar a muchos lectores que no tienen acceso a bibliotecas, librerías o distribuciones», asegura.

Para los próximos años, a Jan Arimany le gustaría que Trotalibros Editorial se convirtiera en un sello que merezca la confianza de muchos lectores. «Los autores que conforman el catálogo son desconocidos para muchos, entonces lo que busco es que haya tal confianza en lo que hacemos que, aunque no conozcas al autor, le des la oportunidad sin leer la sinopsis, confiando completamente en la selección», finaliza.

elnacional.com

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Jan Arimany, andorrano de 28 años de edad, ejercía como abogado cuando un día decidió dedicarse a lo que le apasionaba: la edición literaria. Viajó a Londres para realizar un máster en Edición Internacional, trabajó en varios sellos y regresó al Principado de Andorra para lanzar su propio proyecto, con el que busca darle visibilidad a libros que se han perdido entre la vorágine de novedades editoriales actuales. Miguel Otero Silva, Rómulo Gallegos y Teresa de La Parra son las referencias que tiene de la literatura venezolana

Desde muy joven, Jan Arimany fue un ávido lector. Pasaba horas sumergido en las historias de autores como César Mallorquí. El libro Las lágrimas de Shiva, precisamente del escritor español, marcó un antes y un después en su vida. Se enamoró de la trama. Desde entonces, no ha parado de leer.

Nacido en el Principado de Andorra, un pequeño país entre España y Francia, Arimany estudió Derecho en la Universidad de Barcelona. Al inicio de la carrera, vio cómo muchos de sus compañeros se veían obligados a dejar sus aficiones por las exigencias de la carrera. Temía que le ocurriera lo mismo. Por eso, como forma de continuar con su pasión por la lectura, creó un blog de reseñas literarias.

«Así empecé a conectar con muchos lectores de todo el mundo y el blog fue creciendo», cuenta Arimany, de 28 años de edad.

Al graduarse, regresó a Andorra, donde ejercía como abogado mientras continuaba con el blog literario. En ese momento, sus reseñas eran anónimas, usaba seudónimo, pues como abogado no le interesaba que al buscar su nombre en Google aparecieran sus reseñas.

Con el paso del tiempo, se cuestionó si realmente quería dedicarse a las leyes toda su vida. Finalmente, decidió dejar su carrera y dedicarse a lo que le apasionaba: la edición literaria. Viajó a Londres para realizar un máster de Edición Internacional en la City University of London. Luego de trabajar en varias editoriales, Jan Arimany decidió lanzar su propio proyecto: Trotalibros Editorial. «Es la primera editorial que surge de estas comunidades virtuales de lectores», afirma.

Trotalibros surgió hace un año, aún en pandemia, y su objetivo es recuperar obras que han sido olvidadas en medio de una vorágine de novedades editoriales. «Cuando me pregunté qué podía aportar yo en el mercado editorial llegué a la siguiente conclusión: en vez de sacar más literatura actual, quiero poner el retrovisor y mirar lo que había quedado atrás hace mucho tiempo», dice.

Trotalibros

Aunque Trotalibros Editorial surgió de un blog literario que desapareció debido al auge de las redes sociales, se convirtió en un canal de YouTube, que suma más de 270 mil suscriptores, en el que continúan las reseñas. Para Arimany no fue difícil dejar el anonimato y ponerse delante de la cámara; lo complicado fue tomar la decisión. «La receptividad fue muy buena, comencé a recibir muchos comentarios positivos, me conecté de una forma más íntima con mis seguidores y me animé a seguir. Siempre me he retroalimentando con ese cariño y me la paso muy bien haciendo lo que hago», asegura.

Precisamente, a través del canal de YouTube Arimany también visibiliza el rol del editor, un oficio que muchas veces pasa desapercibido en la cadena del libro. «En el blog comencé a conocer y a ver su trabajo y la personalidad implícita en la filosofía de cada una de las editoriales que más me apasionaban. Y me fui enamorando de este oficio, que no deja de ser en el paralelismo del mundo cinéfilo el de director, que al final es el que dirige y coordina el talento de muchísima gente para crear un libro y una colección con una filosofía e identidad muy concreta», dice.

Algo que caracteriza a Trotalibros es la diversidad de su catálogo. Cada título de la es completamente diferente en estilo, pero tiene algo en común: no dejan indiferente al lector. «Algunos son muy densos, muy exigentes; otros son sencillos, buscan lo más sobrio. Pero de todas las lecturas no sales siendo el mismo. No busco literatura que pretenda meramente entretener, que es del todo legítimo, pero en Trotalibros Editorial buscamos ese plus que valoramos tanto en la literatura que te hace crecer, que a veces incómoda, que hace sentir cosas, que exige pero la recompensa es grande porque sales siendo otro», asegura Arimany.

El primer libro que publicó la editorial fue La guardia, de Nikos Kavadías. Luego le siguieron El palacio de hielo, de Tarjei Vesaas; Canción del ocaso, de Lewis Grassic Gibbon; Adiós, señor Chips, de James Hilton; Vera, de Elizabeth von Arnim; Soledad, de Víctor Catalá; Hielo, de Anna Kavan; Los chicos, de Toni Sala; Rostros en el agua, de Janet Frame, entre otros.

Entre los libros que ha publicado Trotalibros hay dos que llaman particularmente la atención: Casas muertas y Oficina N°1, clásicos de Miguel Otero Silva.

Jan Arimany llegó a estas obras saltando de libro en libro. Una de las actividades que hizo en paralelo a su blog y canal de YouTube fue un club de lectura virtual en Instagram. En ese entonces, la lectura asignada era Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos. En el ejemplar que tenía, en el prólogo, se mencionaba a varios autores, entre ellos Miguel Otero Silva. Al investigar sobre sus obras al andorrano le llamó particularmente la atención el nombre de Casas muertas, pues desde muy joven siempre le atrajo todo lo relacionado con ruinas. «Cuando lo leí, aluciné con el argumento y el título. Apenas lo terminé dije: ‘Tengo el primer libro latinoamericano de Trotalibros Editorial’», recuerda.

Para Arimany, como europeo, Casas muertas y Oficina N°1 le permiten entender un poco de la situación venezolana, que muchas veces queda reducida a las noticias internacionales y a los dirigentes políticos. «Te van mostrando toda la historia moderna de Venezuela, de los conflictos armados, de los cambios sociales, los movimientos de población, el hallazgo de petróleo, el abuso de Estados Unidos al momento de explotar esta materia prima. Me puso en perspectiva y llegué a comprender muchas cosas de la situación actual del país», dice.

Lo que más disfrutó de las obras fue la calidad literaria de Miguel Otero Silva. «Tiene una forma de narrar, de compartir su amor por el paisaje, por la cultura venezolana y la forma de vivir; algo que comparte con Rómulo Gallegos. No sé que les dan de comer allí, que narran con una exuberancia y una expresividad que casi te da igual como lector lo que te cuentan y los personajes, porque los sigues y disfrutas sin esperar que te lleve a ningún lado, pero es que Miguel Otero Silva sí te lleva a ese lado», afirma.

Y agrega: «Me encantó esos juegos de contraste que realiza en el pueblo agónico de Ortiz y el pueblo pujante que crece de manera apresurada y anárquica de 22. También hay otros contrastes como la juventud y el color de Carmen Rosa y la vejez y decrepitud de Ortiz que la rodea. Me enamoró lo descentralizado que está el relato, aunque Carmen Rosa sea la protagonista constantemente se desvía para seguir las vidas de las personas que se mueven por Ortiz. Me quedé completamente enamorado de la obra».

Además de Rómulo Gallegos y Miguel Otero Silva, también tiene como referencia de la literatura venezolana a María Teresa de La Parra, autora a quien le gustaría incluir en su catálogo.

Una característica especial de las ediciones que publica Trotalibros es que, al final de cada ejemplar, Jan dedica algunas páginas a una nota final, en la que cuenta cómo llegó al libro, cómo lo descubrió y, desde una perspectiva muy íntima y personal, justifica por qué decidió recuperar el libro.

Al ser una editorial independiente, al inicio Trotalibros se sostenía gracias a sus ahorros, al apoyo de amigos y familiares y subvenciones que le ha dado el gobierno de Andorra. Ahora, como ha tenido buenos resultados, ha podido generar ingresos. Esto le otorgó auna gran ventaja: la libertad de publicar las obras que le gusten. «Tengo la suerte de que mi criterio es el que manda porque la gente ya me conoce. ¿Qué busco en mis lecturas en general? Diversidad».

Por ahora, Arimany es el único integrante de la plantilla de Trotalibros y está dedicado únicamente a la editorial y a crear contenido para el canal de YouTube e Instagram. «Sigo haciendo mis reseñas de mis lecturas de ocio, que no tienen que ver con Trotalibros editorial».

Le resulta interesante la evolución que el impacto digital ha tenido en la lectura con el nacimiento del ebook, impulsado por Amazon. «Todo el mundo gritó el fin del libro como pasó en la música o el cine. No obstante, no ha sido así. El ebook creció muy fuerte al principio, luego se quedó unos años estancado y ni siquiera la pandemia ha cambiado eso. Año a año, el ebook va bajando un poco. Esto demuestra que el libro, como ejemplar físico, tiene algo especial», afirma.

Aunque no se considera fanático del ebook, considera que ambos formatos pueden coexistir. De hecho, todo el catálogo de Trotalibros está disponible en formato digital. «Es una forma de llegar a muchos lectores que no tienen acceso a bibliotecas, librerías o distribuciones», asegura.

Para los próximos años, a Jan Arimany le gustaría que Trotalibros Editorial se convirtiera en un sello que merezca la confianza de muchos lectores. «Los autores que conforman el catálogo son desconocidos para muchos, entonces lo que busco es que haya tal confianza en lo que hacemos que, aunque no conozcas al autor, le des la oportunidad sin leer la sinopsis, confiando completamente en la selección», finaliza.

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