South-Cargo-Enero-2022
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El rock venezolano no está muerto

Foto: José Daniel Ramos

Por Jordan F

Henry D’Arthenay, vocalista de La Vida Bohème, y Orlando Martínez, baterista de Viniloversus, conversan con El Diario sobre su regreso a Venezuela, tras participar en el Festival Sunset Roll. Después de tres años sin tocar en su tierra, comentan sus impresiones sobre la nueva ola de conciertos que vive la capital. 

La fuerte lluvia no le aguó la fiesta a los jóvenes que pululaban en la quinta Cúsica Studios, en la urbanización Los Chorros de Caracas. Bajo los banderines colgantes de colores y sobre la grama mojada, varios grupos se reunían para conversar entre cervezas y pulseras de cuero. Dentro, un calor húmedo hipnotizaba en la sala adornada con discos de vinilo y fotos autografiadas.

El evento de Cúsica, que se realizó el 20 de abril de 2022, tenía dos propósitos: el primero, permitir que los fanáticos se reunieran con algunos de sus artistas favoritos tras el Festival Sunset Roll, que tuvo lugar en la ciudad de Lechería (Anzoátegui) el 14 y 15 de abril. El segundo, vender mercancía de las dos bandas presentes en casa: Viniloversus y La Vida Bohème.

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Henry D’Arthenay parece flotar entre la gente, apenas reconocible por su sombrero y chaqueta militar. El vocalista y guitarrista de La Vida Bohème está en un camerino acompañado por el baterista, Sebastián “Chevy” Ayala, y el bajista, Daniel «Mono» Briceño. Esta vez no van a tocar, pero unos cuadros de Banksy y David Bowie los observan desde la pared y ante la cámara. En entrevista a El Diario, D’Arthenay solo tiene una palabra para describir su experiencia en el Sunset Roll: “Hermosa”. Fue el regreso de la banda a las tarimas no solo de Venezuela, sino de un mundo que intenta dejar atrás la era de los cubrebocas.

Ellos están en la planta superior. Abajo, Orlando “Mango” Martínez alterna sus conversaciones entre el patio y el bar. Al artista plástico y baterista de Viniloversus también le emociona haber tocado en una tierra que no pisaba hacía una década, y ante un público de edades tan diversas. “Salir a tocar fue una cosa impresionante, porque Vinilo es una banda que fue mucho para Anzoátegui, pero teníamos casi como 10 años que no volvíamos. El público era como burda de joven, me conseguí gente que me decía ‘brother, me tomé una foto contigo cuando tenía siete años’, y en ese sentido fue increíble”, comenta a El Diario.

Años sin venir

La última vez que Viniloversus y La Vida Bohème tocaron en Venezuela fue en 2019, en el Cúsica Fest de Caracas. De ese día quedaron enmarcadas varias de las fotos en la entrada del estudio, como fragmentos de un recuerdo. Ambas agrupaciones forman parte de la larga diáspora que no solo se llevó a muchos artistas y famosos, sino también a más de 6 millones de venezolanos. Por ese motivo sus visitas al país se volvieron esporádicas, algo que empeoró con las restricciones aéreas por la pandemia de covid-19, apenas un año después del megaconcierto.

Para La Vida Bohème fue frustrante no poder tocar en vivo estos últimos años. Como vocero de la banda, D’Arthenay afirma que se deben por completo a las artes performativas. La acción sobre el escenario es parte fundamental de la experiencia, algo sui géneris que solo surge de sus cuerpos en movimiento y la distorsión de sus instrumentos al natural.

“Nosotros tenemos que construir y deconstruir algo en un tiempo limitado. Significa mucho, es nuestra misa cuando nos ponemos en la tarima y todos literalmente comulgamos con el rock.  Estamos no para la pose, no para la foto, estamos la sensación caliente y visceral que ocurre cuando público y artista están ahí haciéndolo en persona”, agrega.

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Pero si la cuarentena golpeó fuerte a una banda, fue Viniloversus. A pesar de vivir todos en Estados Unidos, sus miembros están dispersos en distintas ciudades, lo que les imposibilita verse para ensayar o componer. De hecho, Martínez cuenta que ese toque de 2019 fue el último que hicieron hasta ahora. Incluso para el Sunset, señala que aterrizaron por separado y apenas tuvieron un día para practicar en una sala prestada por el músico Boston Rex, de Tomates Fritos.

El vocalista de la banda, Rodrigo Goncalves, así como el bajista Juan Víctor Belisario y el guitarrista Alberto Duhau regresaron de inmediato a Estados Unidos después del Sunset Roll. Lo suyo fue una visita express. “Mango” tenía ya dos semanas en Venezuela al tocar, y su vuelo de regreso estaba programado para el 27 de abril de 2022. A pesar de esta dinámica, se mantienen juntos. En mayo de 2021 sacaron Control (En vivo), un álbum en directo que recopila sus shows a lo largo de 10 años. Esto fue un abrebocas para demostrar que siguen activos y listos para próximamente volver a hacer canciones. “We are back”, exclama Orlando.

Un país diferente

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

En tres años puede cambiar radicalmente la imagen que se tiene de un país, más en el caso de Venezuela. Aunque la emergencia humanitaria compleja sigue vigente, la estampa apocalíptica de la patria parece opacada por una burbuja de edificios con luces led y un renacido tráfico en las autopistas de Caracas. Los músicos perciben el cambio, y aunque valoran el progreso en algunos aspectos de la cotidianidad, están claros de los espejismos bodegónicos.

Martínez recuerda perfectamente la Caracas que dejó en 2018 cuando emigró. Reconoce que era muy distinta, pero se niega a utilizar la frase “Venezuela se arregló”. “Seguimos con un problema increíble de infraestructura, con una dictadura, pero más allá de eso la gente se las ha ingeniado para traer cultura al país”, apunta.

Señala que ese impulso nuevo que ha visto en sus semanas de estancia se debe principalmente al esfuerzo de los jóvenes que innovan desde sus trincheras. No solo en la música, sino en todas las expresiones plásticas posibles. Henry y Chevy se miran. Ambos saben lo que piensan y tienen una percepción similar. “Lo dijimos en el Sunset y lo mantengo. Los jóvenes están recuperando el país de las ruinas. Y lo están haciendo desde el amor, desde el arte, desde el ‘yo sé que puedo estar mejor, porque yo lo quiero, porque también es mío’. Yo creo que eso es inspirador para nosotros”, dice el vocalista.

La ola de conciertos

Parte de la mercancía vendida en el encuentro. Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Un fenómeno nuevo dentro de esta burbuja país es la proliferación de conciertos. Quizás como otra consecuencia del destape tras la pandemia, pero la capital ha vuelto a figurar en el itinerario de algunos artistas que jamás habían venido, o tenían varios años sin hacerlo. La lista de futuros eventos es larga: desde Natti Natasha y Piso 21, hasta Camila y Sin Banderas. Incluso con las redes sociales ebullendo de emoción ante los rumores de una posible aparición de Coldplay.

“Mi impresión es que el pote pareciera que está bastante lleno y todos están tomando y lanzando, recogiendo y sembrando”, comenta Henry. Más que en los artistas internacionales, prefiere centrarse en aquellos locales que emigraron y ahora tienen su regreso triunfal. Aunque no los menciona, Lasso y Servando y Florentino han sido ejemplos de ello recientemente. De hecho, el compositor compara el florecimiento de la actividad cultural con un jardín. Y le gustan los jardines. “Tienen que estar constantemente regenerándose. No es algo estático. Entonces esa es mi impresión, de que veo el proceso simbiótico vivo, y veo la regeneración de ese suelo cultural bastante potente”, continúa.

Sebastián «Chevy» Ayala». Al fondo, Henry D’Arthenay. Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

En gran parte, afirma que eso también ha sido trabajo de los venezolanos que se han encargado de cambiar ese paradigma victimista a través del arte. “En estos años que no teníamos mucho con qué trabajar, hicimos que estos jóvenes, estas personas, todas crecieran no solo en su país sino fuera, que su arte llegara a otras personas, que conquistaran el mundo. Que demostraran que Venezuela no solo era una palabra para iniciar una discusión de ideas sociológicas, políticas, sino que era algo que también se podía disfrutar a nivel humano de corazón, de canción”, asevera.

“Mango” es un poco más ácido al respecto. Reconoce la tarea titánica que sus colegas hacen para crear cultura desde el abismo, pero es directo al especular sobre lo que está detrás de algunas superproducciones. “Lavar dinero con festivales es burda de fácil, porque son eventos a los que es fácil inyectar un montón de dinero”, lanza. Por eso, aunque los artistas también comen, apunta que se debe diferenciar cuando un concierto aporta orgánicamente cultura o entretenimiento, y cuando simplemente busca lucrar a ciertos agentes.

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

***

—¿Cómo distinguir un artista que viene con una propuesta cultural de otro que viene por lavado de dinero?

—Orlando Martínez: Cuando un ticket te cuesta 25 dólares y el otro te cuesta 5.000 dólares por una mesa, está facilito ahí. Pero para no entrar en detalles, porque no soy político, uno ve las bandas que vienen aquí y tratan de hacer algo con cariño y puedes diferenciar fácilmente de los artistas que solo vienen por hacer dinero. Es otra cosa. Creo que los artistas venezolanos sí tienen muchas ganas de venir y compartir la cultura con su país, pero que me traigas unos shows internacionales en este momento y me vendas todo así, es como un poco raro.

«Por eso, en mi percepción, no es que Venezuela haya cambiado, sino que hay oportunidades porque la gente ha hecho cosas nuevas y estoy muy agradecido. Yo estoy feliz de poder venir. Cada vez que yo pueda traer cultura a mi país me vas a ver aquí luchando, pero nada que ver con ningún tipo de apoyo extraño. La realidad es la realidad, y aquí tenemos casas en las que no hay agua desde hace más de 50 días».

—¿Creen que Venezuela podría estar en los próximos meses en el mapa de giras internacionales de otros artistas?

—Henry D’Arthenay: No es algo que crea, ya comenzó. Es lo que estoy viendo.

—OM: A nivel económico sí, 100 %. A nivel social, no lo sé. Para mí todo depende de que haya un cambio real, y el cambio viene desde el gobierno. Más allá de que nosotros como ciudadanos nos hayamos organizado, que las marcas nos apoyen y podamos hacer muchas cosas. Si no hay un cambio real, veo muy difícil que haya una apertura para bandas internacionales de venir acá. Sí creo que bandas latinoamericanas van a estar viniendo de un solo golpe, porque es diferente la negociación. Ellos entienden nuestros países y nuestra cultura, y están más abiertos a venir. Y espero que Venezuela se convierta en una tarima latinoamericana, es lo que más deseo.

Desde la plaza

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Orlando y Rodrigo formaron Viniloversus en 2004 junto al bajista Adrián Salas. Más adelante se incorporó Héctor Bessón como segundo bajo, y tras su salida en 2008, Juan Belisario. Como muchos grupos emergentes de principios del siglo XXI, tuvieron su bautismo de fuego en el Festival de Nuevas Bandas, el cual ganaron en 2006. Para ese momento, la movida del rock venezolano (o V-Rock) todavía mantenía una tradición underground de presentaciones en bares y demás locales nocturnos, a lo cual sumaron el bullicio al aire libre de aquellos conciertos organizados en plazas como La Castellana o la Alfredo Sadel. “Era simplemente hacer música. Sí estaba La Vida Bohème por ahí también en barcitos”, relata Martínez entre risas.

Henry sintió la necesidad de hacer rock and roll cuando asistió al showcase de la hoy extinta banda Todossantos en 2005. Junto a Ayala y los entonces miembros Rafael “Boli” Pérez (bajo) y Daniel de Sousa (guitarra), dieron forma a La Vida Bohème un año después. En 2008 conquistaron el Nuevas Bandas y se lanzaron a su gira de plazas y bares con una propuesta diferente, performática, en la que tocaban bañados de pintura. También la lanzaban al público en sus presentaciones, algo que les hizo tener problemas una vez con la Alcaldía de Baruta. Ya luego tocarían (sin color) en otros espacios como el Anfiteatro de El Hatillo o el Teatro Teresa Carreño.

Ambos fueron parte de lo que se conoció como “la generación Nuevas Bandas”, un reimpulso del rock venezolano que alcanzó su apogeo entre los años 2009 y 2012. Una explosión de guitarras eléctricas en el trópico, y en la cual las dos agrupaciones estuvieron a la cabeza marcando la pauta. Incluso ya en tiempos de rebelión civil, canciones como “Ares” de Viniloversus se convirtieron en un himno de protesta; mientras en 2017 algunos jóvenes pintaron letras de La Vida Bohème en sus escudos antes de enfrentarse a los cuerpos represivos del régimen de Nicolás Maduro.

Al preguntarle si alguna vez imaginó que sería un referente del V-Rock, D’Arthenay responde con un contundente “no”, seguido de un silencio. Martínez tampoco se lo imaginó en su momento. Solo eran muchachos que querían tocar. 

“Nosotros empezamos esto porque queríamos hacer música buena, sentíamos que había un vacío de rock and roll y queríamos empezar. Todo lo que se unió después, todas las bandas que vinieron después de nosotros y nos pasaron. Proyectos como Rawayana, que son completamente internacionales e increíbles, que son nuestros hermanos, pero que despegaron a un nivel que nosotros ni imaginamos”, relata.

Daniel «Mono» Briceño (de camisa blanca, en el centro). Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

***

¿Cómo ven su carrera en retrospectiva, desde aquellos años de toques en las plazas y bares de Caracas, en comparación con su trabajo actual?

—HDA: A veces mi memoria es falible, capaz estoy romantizando el pasado, capaz estoy romantizando el futuro. Muy francamente yo creo que lo sigo disfrutando. Lo disfrutábamos cuando estábamos en el bar y en la plaza, lo disfrutamos en el Teresa Carreño. Ahora, de repente ves magnitudes de gente cantando canciones que me tocó ver también desde una pantalla. Imagínate, yo escribo mis canciones desde los 16 años, bastante golpeado, y de repente un chamo siendo golpeado por alguna autoridad, la canta, la usa y se la pone en el escudo. Y hay otro chamo que dice que de esa canción formó una banda. «Me acuerdo de hacer esas canciones y que fue muy chévere para mí tener como un lugar o algo que me hacía sentir bien, y ver que le pasé esa pelota a otro, y ese se la pasó a otro, y así. La pelota sigue rodando. Yo no pensé que iba a rodar tanto».

—OM: Siempre van a ser recuerdos muy bonitos. Tuvimos que revivir todo en Estados Unidos porque nos tocó empezar la banda desde cero y volver a vivir todas esas experiencias, pero cada vez que estamos aquí la calidez, el público, todo es demasiado increíble. Y esas tarimas van a volver. Siento que eso se está construyendo otra vez.

De regreso en casa

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

De aquellos días de toques en la plaza ha pasado mucho, mucho tiempo. Ahora giran por diferentes países como México, España, Chile o Estados Unidos. Donde haya un núcleo de la diáspora venezolana son bien recibidos, aunque también han ido cimentando sus propias bases de fans locales. Sin embargo, algo en lo que ambas bandas coinciden es que para este año volverán a presentarse en Venezuela.

“Tenemos ganas de volver a tocar en Venezuela 100 % este año. Tenemos ganas de sacar música nueva, de hacer colaboraciones con artistas de géneros nuevos y que no hemos hecho”, afirma Orlando. Como parte del gran regreso de Viniloversus, asegura que planean una serie de colaboraciones apuntando a un estilo diametralmente opuesto, pero que les encanta: el Hip Hop. Dice que le encantaría colaborar con raperos como Lil Supa, Akapellah o Irepelusa, para hacer una fusión entre el rock y lo urbano.

Por su parte, La Vida Bohème también promete anunciar una próxima gira nacional, la primera desde que promocionaron su álbum La Lucha en 2017. La ocasión ahora es propicia, ya que el 26 de abril de 2022 publicaron su más reciente EP, Titulares. La banda siempre se ha caracterizado por adoptar un estilo e identidad únicos en cada producción, y esta nueva etapa Henry la describe como “colorista, gráfica, situacionista. Una imagen vale más que mil palabras”. Forma parte de una trilogía de la que ya sacaron en 2020 el EP FR€€$$R, notable por sencillos como “Último round” o “Acción (o: Decreto de guerra a muerte a los traidores del rock latinoamericano)”.

Ambas bandas apuestan a un resurgimiento del rock venezolano como en sus años dorados. Ahora, ya más veteranos, están dispuestos a seguir pateando las tarimas mientras se consolida la nueva generación. Ese futuro no está tan lejos, y los rostros jóvenes en la quinta Cúsica Studios se los confirman. La lluvia cede y comienza a salir el sol.

eldiario.com

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El rock venezolano no está muerto

Foto: José Daniel Ramos

Por Jordan F

Henry D’Arthenay, vocalista de La Vida Bohème, y Orlando Martínez, baterista de Viniloversus, conversan con El Diario sobre su regreso a Venezuela, tras participar en el Festival Sunset Roll. Después de tres años sin tocar en su tierra, comentan sus impresiones sobre la nueva ola de conciertos que vive la capital. 

La fuerte lluvia no le aguó la fiesta a los jóvenes que pululaban en la quinta Cúsica Studios, en la urbanización Los Chorros de Caracas. Bajo los banderines colgantes de colores y sobre la grama mojada, varios grupos se reunían para conversar entre cervezas y pulseras de cuero. Dentro, un calor húmedo hipnotizaba en la sala adornada con discos de vinilo y fotos autografiadas.

El evento de Cúsica, que se realizó el 20 de abril de 2022, tenía dos propósitos: el primero, permitir que los fanáticos se reunieran con algunos de sus artistas favoritos tras el Festival Sunset Roll, que tuvo lugar en la ciudad de Lechería (Anzoátegui) el 14 y 15 de abril. El segundo, vender mercancía de las dos bandas presentes en casa: Viniloversus y La Vida Bohème.

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Henry D’Arthenay parece flotar entre la gente, apenas reconocible por su sombrero y chaqueta militar. El vocalista y guitarrista de La Vida Bohème está en un camerino acompañado por el baterista, Sebastián “Chevy” Ayala, y el bajista, Daniel «Mono» Briceño. Esta vez no van a tocar, pero unos cuadros de Banksy y David Bowie los observan desde la pared y ante la cámara. En entrevista a El Diario, D’Arthenay solo tiene una palabra para describir su experiencia en el Sunset Roll: “Hermosa”. Fue el regreso de la banda a las tarimas no solo de Venezuela, sino de un mundo que intenta dejar atrás la era de los cubrebocas.

Ellos están en la planta superior. Abajo, Orlando “Mango” Martínez alterna sus conversaciones entre el patio y el bar. Al artista plástico y baterista de Viniloversus también le emociona haber tocado en una tierra que no pisaba hacía una década, y ante un público de edades tan diversas. “Salir a tocar fue una cosa impresionante, porque Vinilo es una banda que fue mucho para Anzoátegui, pero teníamos casi como 10 años que no volvíamos. El público era como burda de joven, me conseguí gente que me decía ‘brother, me tomé una foto contigo cuando tenía siete años’, y en ese sentido fue increíble”, comenta a El Diario.

Años sin venir

La última vez que Viniloversus y La Vida Bohème tocaron en Venezuela fue en 2019, en el Cúsica Fest de Caracas. De ese día quedaron enmarcadas varias de las fotos en la entrada del estudio, como fragmentos de un recuerdo. Ambas agrupaciones forman parte de la larga diáspora que no solo se llevó a muchos artistas y famosos, sino también a más de 6 millones de venezolanos. Por ese motivo sus visitas al país se volvieron esporádicas, algo que empeoró con las restricciones aéreas por la pandemia de covid-19, apenas un año después del megaconcierto.

Para La Vida Bohème fue frustrante no poder tocar en vivo estos últimos años. Como vocero de la banda, D’Arthenay afirma que se deben por completo a las artes performativas. La acción sobre el escenario es parte fundamental de la experiencia, algo sui géneris que solo surge de sus cuerpos en movimiento y la distorsión de sus instrumentos al natural.

“Nosotros tenemos que construir y deconstruir algo en un tiempo limitado. Significa mucho, es nuestra misa cuando nos ponemos en la tarima y todos literalmente comulgamos con el rock.  Estamos no para la pose, no para la foto, estamos la sensación caliente y visceral que ocurre cuando público y artista están ahí haciéndolo en persona”, agrega.

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Pero si la cuarentena golpeó fuerte a una banda, fue Viniloversus. A pesar de vivir todos en Estados Unidos, sus miembros están dispersos en distintas ciudades, lo que les imposibilita verse para ensayar o componer. De hecho, Martínez cuenta que ese toque de 2019 fue el último que hicieron hasta ahora. Incluso para el Sunset, señala que aterrizaron por separado y apenas tuvieron un día para practicar en una sala prestada por el músico Boston Rex, de Tomates Fritos.

El vocalista de la banda, Rodrigo Goncalves, así como el bajista Juan Víctor Belisario y el guitarrista Alberto Duhau regresaron de inmediato a Estados Unidos después del Sunset Roll. Lo suyo fue una visita express. “Mango” tenía ya dos semanas en Venezuela al tocar, y su vuelo de regreso estaba programado para el 27 de abril de 2022. A pesar de esta dinámica, se mantienen juntos. En mayo de 2021 sacaron Control (En vivo), un álbum en directo que recopila sus shows a lo largo de 10 años. Esto fue un abrebocas para demostrar que siguen activos y listos para próximamente volver a hacer canciones. “We are back”, exclama Orlando.

Un país diferente

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

En tres años puede cambiar radicalmente la imagen que se tiene de un país, más en el caso de Venezuela. Aunque la emergencia humanitaria compleja sigue vigente, la estampa apocalíptica de la patria parece opacada por una burbuja de edificios con luces led y un renacido tráfico en las autopistas de Caracas. Los músicos perciben el cambio, y aunque valoran el progreso en algunos aspectos de la cotidianidad, están claros de los espejismos bodegónicos.

Martínez recuerda perfectamente la Caracas que dejó en 2018 cuando emigró. Reconoce que era muy distinta, pero se niega a utilizar la frase “Venezuela se arregló”. “Seguimos con un problema increíble de infraestructura, con una dictadura, pero más allá de eso la gente se las ha ingeniado para traer cultura al país”, apunta.

Señala que ese impulso nuevo que ha visto en sus semanas de estancia se debe principalmente al esfuerzo de los jóvenes que innovan desde sus trincheras. No solo en la música, sino en todas las expresiones plásticas posibles. Henry y Chevy se miran. Ambos saben lo que piensan y tienen una percepción similar. “Lo dijimos en el Sunset y lo mantengo. Los jóvenes están recuperando el país de las ruinas. Y lo están haciendo desde el amor, desde el arte, desde el ‘yo sé que puedo estar mejor, porque yo lo quiero, porque también es mío’. Yo creo que eso es inspirador para nosotros”, dice el vocalista.

La ola de conciertos

Parte de la mercancía vendida en el encuentro. Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Un fenómeno nuevo dentro de esta burbuja país es la proliferación de conciertos. Quizás como otra consecuencia del destape tras la pandemia, pero la capital ha vuelto a figurar en el itinerario de algunos artistas que jamás habían venido, o tenían varios años sin hacerlo. La lista de futuros eventos es larga: desde Natti Natasha y Piso 21, hasta Camila y Sin Banderas. Incluso con las redes sociales ebullendo de emoción ante los rumores de una posible aparición de Coldplay.

“Mi impresión es que el pote pareciera que está bastante lleno y todos están tomando y lanzando, recogiendo y sembrando”, comenta Henry. Más que en los artistas internacionales, prefiere centrarse en aquellos locales que emigraron y ahora tienen su regreso triunfal. Aunque no los menciona, Lasso y Servando y Florentino han sido ejemplos de ello recientemente. De hecho, el compositor compara el florecimiento de la actividad cultural con un jardín. Y le gustan los jardines. “Tienen que estar constantemente regenerándose. No es algo estático. Entonces esa es mi impresión, de que veo el proceso simbiótico vivo, y veo la regeneración de ese suelo cultural bastante potente”, continúa.

Sebastián «Chevy» Ayala». Al fondo, Henry D’Arthenay. Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

En gran parte, afirma que eso también ha sido trabajo de los venezolanos que se han encargado de cambiar ese paradigma victimista a través del arte. “En estos años que no teníamos mucho con qué trabajar, hicimos que estos jóvenes, estas personas, todas crecieran no solo en su país sino fuera, que su arte llegara a otras personas, que conquistaran el mundo. Que demostraran que Venezuela no solo era una palabra para iniciar una discusión de ideas sociológicas, políticas, sino que era algo que también se podía disfrutar a nivel humano de corazón, de canción”, asevera.

“Mango” es un poco más ácido al respecto. Reconoce la tarea titánica que sus colegas hacen para crear cultura desde el abismo, pero es directo al especular sobre lo que está detrás de algunas superproducciones. “Lavar dinero con festivales es burda de fácil, porque son eventos a los que es fácil inyectar un montón de dinero”, lanza. Por eso, aunque los artistas también comen, apunta que se debe diferenciar cuando un concierto aporta orgánicamente cultura o entretenimiento, y cuando simplemente busca lucrar a ciertos agentes.

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

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—¿Cómo distinguir un artista que viene con una propuesta cultural de otro que viene por lavado de dinero?

—Orlando Martínez: Cuando un ticket te cuesta 25 dólares y el otro te cuesta 5.000 dólares por una mesa, está facilito ahí. Pero para no entrar en detalles, porque no soy político, uno ve las bandas que vienen aquí y tratan de hacer algo con cariño y puedes diferenciar fácilmente de los artistas que solo vienen por hacer dinero. Es otra cosa. Creo que los artistas venezolanos sí tienen muchas ganas de venir y compartir la cultura con su país, pero que me traigas unos shows internacionales en este momento y me vendas todo así, es como un poco raro.

«Por eso, en mi percepción, no es que Venezuela haya cambiado, sino que hay oportunidades porque la gente ha hecho cosas nuevas y estoy muy agradecido. Yo estoy feliz de poder venir. Cada vez que yo pueda traer cultura a mi país me vas a ver aquí luchando, pero nada que ver con ningún tipo de apoyo extraño. La realidad es la realidad, y aquí tenemos casas en las que no hay agua desde hace más de 50 días».

—¿Creen que Venezuela podría estar en los próximos meses en el mapa de giras internacionales de otros artistas?

—Henry D’Arthenay: No es algo que crea, ya comenzó. Es lo que estoy viendo.

—OM: A nivel económico sí, 100 %. A nivel social, no lo sé. Para mí todo depende de que haya un cambio real, y el cambio viene desde el gobierno. Más allá de que nosotros como ciudadanos nos hayamos organizado, que las marcas nos apoyen y podamos hacer muchas cosas. Si no hay un cambio real, veo muy difícil que haya una apertura para bandas internacionales de venir acá. Sí creo que bandas latinoamericanas van a estar viniendo de un solo golpe, porque es diferente la negociación. Ellos entienden nuestros países y nuestra cultura, y están más abiertos a venir. Y espero que Venezuela se convierta en una tarima latinoamericana, es lo que más deseo.

Desde la plaza

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Orlando y Rodrigo formaron Viniloversus en 2004 junto al bajista Adrián Salas. Más adelante se incorporó Héctor Bessón como segundo bajo, y tras su salida en 2008, Juan Belisario. Como muchos grupos emergentes de principios del siglo XXI, tuvieron su bautismo de fuego en el Festival de Nuevas Bandas, el cual ganaron en 2006. Para ese momento, la movida del rock venezolano (o V-Rock) todavía mantenía una tradición underground de presentaciones en bares y demás locales nocturnos, a lo cual sumaron el bullicio al aire libre de aquellos conciertos organizados en plazas como La Castellana o la Alfredo Sadel. “Era simplemente hacer música. Sí estaba La Vida Bohème por ahí también en barcitos”, relata Martínez entre risas.

Henry sintió la necesidad de hacer rock and roll cuando asistió al showcase de la hoy extinta banda Todossantos en 2005. Junto a Ayala y los entonces miembros Rafael “Boli” Pérez (bajo) y Daniel de Sousa (guitarra), dieron forma a La Vida Bohème un año después. En 2008 conquistaron el Nuevas Bandas y se lanzaron a su gira de plazas y bares con una propuesta diferente, performática, en la que tocaban bañados de pintura. También la lanzaban al público en sus presentaciones, algo que les hizo tener problemas una vez con la Alcaldía de Baruta. Ya luego tocarían (sin color) en otros espacios como el Anfiteatro de El Hatillo o el Teatro Teresa Carreño.

Ambos fueron parte de lo que se conoció como “la generación Nuevas Bandas”, un reimpulso del rock venezolano que alcanzó su apogeo entre los años 2009 y 2012. Una explosión de guitarras eléctricas en el trópico, y en la cual las dos agrupaciones estuvieron a la cabeza marcando la pauta. Incluso ya en tiempos de rebelión civil, canciones como “Ares” de Viniloversus se convirtieron en un himno de protesta; mientras en 2017 algunos jóvenes pintaron letras de La Vida Bohème en sus escudos antes de enfrentarse a los cuerpos represivos del régimen de Nicolás Maduro.

Al preguntarle si alguna vez imaginó que sería un referente del V-Rock, D’Arthenay responde con un contundente “no”, seguido de un silencio. Martínez tampoco se lo imaginó en su momento. Solo eran muchachos que querían tocar. 

“Nosotros empezamos esto porque queríamos hacer música buena, sentíamos que había un vacío de rock and roll y queríamos empezar. Todo lo que se unió después, todas las bandas que vinieron después de nosotros y nos pasaron. Proyectos como Rawayana, que son completamente internacionales e increíbles, que son nuestros hermanos, pero que despegaron a un nivel que nosotros ni imaginamos”, relata.

Daniel «Mono» Briceño (de camisa blanca, en el centro). Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

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¿Cómo ven su carrera en retrospectiva, desde aquellos años de toques en las plazas y bares de Caracas, en comparación con su trabajo actual?

—HDA: A veces mi memoria es falible, capaz estoy romantizando el pasado, capaz estoy romantizando el futuro. Muy francamente yo creo que lo sigo disfrutando. Lo disfrutábamos cuando estábamos en el bar y en la plaza, lo disfrutamos en el Teresa Carreño. Ahora, de repente ves magnitudes de gente cantando canciones que me tocó ver también desde una pantalla. Imagínate, yo escribo mis canciones desde los 16 años, bastante golpeado, y de repente un chamo siendo golpeado por alguna autoridad, la canta, la usa y se la pone en el escudo. Y hay otro chamo que dice que de esa canción formó una banda. «Me acuerdo de hacer esas canciones y que fue muy chévere para mí tener como un lugar o algo que me hacía sentir bien, y ver que le pasé esa pelota a otro, y ese se la pasó a otro, y así. La pelota sigue rodando. Yo no pensé que iba a rodar tanto».

—OM: Siempre van a ser recuerdos muy bonitos. Tuvimos que revivir todo en Estados Unidos porque nos tocó empezar la banda desde cero y volver a vivir todas esas experiencias, pero cada vez que estamos aquí la calidez, el público, todo es demasiado increíble. Y esas tarimas van a volver. Siento que eso se está construyendo otra vez.

De regreso en casa

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

De aquellos días de toques en la plaza ha pasado mucho, mucho tiempo. Ahora giran por diferentes países como México, España, Chile o Estados Unidos. Donde haya un núcleo de la diáspora venezolana son bien recibidos, aunque también han ido cimentando sus propias bases de fans locales. Sin embargo, algo en lo que ambas bandas coinciden es que para este año volverán a presentarse en Venezuela.

“Tenemos ganas de volver a tocar en Venezuela 100 % este año. Tenemos ganas de sacar música nueva, de hacer colaboraciones con artistas de géneros nuevos y que no hemos hecho”, afirma Orlando. Como parte del gran regreso de Viniloversus, asegura que planean una serie de colaboraciones apuntando a un estilo diametralmente opuesto, pero que les encanta: el Hip Hop. Dice que le encantaría colaborar con raperos como Lil Supa, Akapellah o Irepelusa, para hacer una fusión entre el rock y lo urbano.

Por su parte, La Vida Bohème también promete anunciar una próxima gira nacional, la primera desde que promocionaron su álbum La Lucha en 2017. La ocasión ahora es propicia, ya que el 26 de abril de 2022 publicaron su más reciente EP, Titulares. La banda siempre se ha caracterizado por adoptar un estilo e identidad únicos en cada producción, y esta nueva etapa Henry la describe como “colorista, gráfica, situacionista. Una imagen vale más que mil palabras”. Forma parte de una trilogía de la que ya sacaron en 2020 el EP FR€€$$R, notable por sencillos como “Último round” o “Acción (o: Decreto de guerra a muerte a los traidores del rock latinoamericano)”.

Ambas bandas apuestan a un resurgimiento del rock venezolano como en sus años dorados. Ahora, ya más veteranos, están dispuestos a seguir pateando las tarimas mientras se consolida la nueva generación. Ese futuro no está tan lejos, y los rostros jóvenes en la quinta Cúsica Studios se los confirman. La lluvia cede y comienza a salir el sol.

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