Inicio Deportes La hija del futbolista Eric Ramírez en Varsovia

La hija del futbolista Eric Ramírez en Varsovia

Arriba, la pequeña Camila, hija de Eric Ramírez, descansa en brazos de su madre, Fabiola, junto a su abuela Raquel y Aneta en Varsovia. Y, abajo, el futbolista. / A. G.

Por Estefanía D Carruébano

Libertad. La hija del futbolista Eric Ramírez descansa a salvo junto a su madre y su abuela en Varsovia. «Llegaron agotadas, traumatizadas, pero bien»

La felicidad de una madre que ha dejado atrás el horror de una guerra que pocos entienden. Camila, la hija del futbolista sportinguista Eric Ramírez, la madre de la pequeña, Fabiola Medina, y la abuela, Raquel, ya descansan en Varsovia. La sonrisa que ahora se dibuja en sus rostros no hace justicia al infierno que se vive ahora mismo a unos kilómetros, en Ucrania, al que, por fortuna para las tres, han podido dejar atrás. «Estoy feliz de salir de la guerra con mi niña», afirma Fabiola.

Aneta Smolen-Ciolkowska, una activista, terapeuta y voluntaria polaca, es responsable en buena medida de que ahora puedan descansar tranquilas en la capital de Polonia, alejadas de la guerra que golpea el país en el que residían. «Llegaron bien, traumatizadas, agotadas, pero bien. Conseguimos que un amigo peruano que vive en Kiev las ayudara a trasladarse desde el sótano del hospital hasta la estación y allí, a entrar en el vagón, lo que fue un milagro», explica en conversación telefónica desde Varsovia con EL COMERCIO.

Ese amigo se llama Álex. «Siempre le estaré agradecida», hace hincapié Aneta. Eran las 18.30 horas del miércoles. «Se produjo una explosión en la estación, pero logró que entraran en el tren, que, pese a todo, empezó a moverse», dice esta voluntaria, que, de alguna manera, colaboró a salvar sus vidas, aunque este fue el segundo intento.

El primer día nadie pudo llevarlas. De todos modos, la situación en Kiev, apunta esta activista, es «horrorosa». «La gente entra al tren como loca, no hay billetes, no se puede reservar… Me recordó escenas del horror nazi», señala con temor al rememorar todo lo que está ocurriendo tan solo con pasar la frontera ucraniana. Pero Fabiola, Raquel y la pequeña Camila tuvieron un pequeño golpe de suerte. Las dos mujeres adultas son venezolanas, lo que dificultaba el viaje al no entenderse con las personas de su alrededor. «Coincidieron con una familia argentina que hablaba ucraniano en el tren y les ayudaron como traductores», explica Aneta.

La odisea no terminó una vez subidas al vagón que pondría rumbo a su libertad. La velocidad era muy lenta y el interior del tren, oscuro. Una manera de evitar ser localizados. «Va muy oscuro, sin luces. No se pueden utilizar teléfonos por seguridad, para que no sean bombardeados», explica la polaca al otro lado del teléfono.

Por suerte, ahora están bien y a salvo. «Llegaron agotadas, traumatizadas, pero bien. Las recibimos y las llevamos a la casa de unos amigos en la capital de Polonia, donde les dieron ropa para la niña y les dieron de comer antes de irse a dormir». «Ahora ya descansan aliviadas», hace hincapié Aneta.

La primera opción, España

Sin tiempo para descansar, parece que la primera opción para la abuela y la madre de Camila es viajar con la niña a España. De no ser posible, lo harían a Venezuela. De todos modos, no es tan sencillo a pesar de encontrarse ya en una zona lejana a la guerra, puesto que la niña todavía no tiene documentación. Así lo explica Aneta, que permanece junto a Fabiola: «El problema de la pequeña es que no tiene pasaporte, aunque la embajada de Venezuela se ha comprometido a hacerle los papeles».

«El problema es que tienen que abandonar Polonia antes de tres meses», matiza. Y dos de ellos tendrán que permanecer en un lugar tranquilo, puesto que la pequeña, por recomendación de su pediatra, que la visitó ayer, no podrá viajar, cuenta Aneta, hasta pasadas ocho semanas ya que es algo «no muy recomendable».

Esta visita de la médico a la recién nacida también estuvo cargada de emoción. «Lloró porque no se puede llegar a imaginar la situación por la que han pasado», sostiene desde Polonia esta voluntaria que se dedica a ayudar en el proceso de evacuación de extranjeros del horror y del miedo que se respiran en Ucrania.

Ambas, madre e hija, se mantienen en buen estado de salud, acompañadas de la abuela Raquel, que «llegó pocos días antes de que naciese la niña». «Gracias a ella están las dos con vida», puntualiza Aneta, muy comprometida con esta familia. Ahora queda ver cuáles pueden ser los siguientes pasos a seguir para las tres, aunque la activista polaca tiene claro que la primera opción para ellas sería poder viajar a España, para lo cual reclama ayuda. «Lo quieren así», afirma.

elcomercio.es

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Arriba, la pequeña Camila, hija de Eric Ramírez, descansa en brazos de su madre, Fabiola, junto a su abuela Raquel y Aneta en Varsovia. Y, abajo, el futbolista. / A. G.

Por Estefanía D Carruébano

Libertad. La hija del futbolista Eric Ramírez descansa a salvo junto a su madre y su abuela en Varsovia. «Llegaron agotadas, traumatizadas, pero bien»

La felicidad de una madre que ha dejado atrás el horror de una guerra que pocos entienden. Camila, la hija del futbolista sportinguista Eric Ramírez, la madre de la pequeña, Fabiola Medina, y la abuela, Raquel, ya descansan en Varsovia. La sonrisa que ahora se dibuja en sus rostros no hace justicia al infierno que se vive ahora mismo a unos kilómetros, en Ucrania, al que, por fortuna para las tres, han podido dejar atrás. «Estoy feliz de salir de la guerra con mi niña», afirma Fabiola.

Aneta Smolen-Ciolkowska, una activista, terapeuta y voluntaria polaca, es responsable en buena medida de que ahora puedan descansar tranquilas en la capital de Polonia, alejadas de la guerra que golpea el país en el que residían. «Llegaron bien, traumatizadas, agotadas, pero bien. Conseguimos que un amigo peruano que vive en Kiev las ayudara a trasladarse desde el sótano del hospital hasta la estación y allí, a entrar en el vagón, lo que fue un milagro», explica en conversación telefónica desde Varsovia con EL COMERCIO.

Ese amigo se llama Álex. «Siempre le estaré agradecida», hace hincapié Aneta. Eran las 18.30 horas del miércoles. «Se produjo una explosión en la estación, pero logró que entraran en el tren, que, pese a todo, empezó a moverse», dice esta voluntaria, que, de alguna manera, colaboró a salvar sus vidas, aunque este fue el segundo intento.

El primer día nadie pudo llevarlas. De todos modos, la situación en Kiev, apunta esta activista, es «horrorosa». «La gente entra al tren como loca, no hay billetes, no se puede reservar… Me recordó escenas del horror nazi», señala con temor al rememorar todo lo que está ocurriendo tan solo con pasar la frontera ucraniana. Pero Fabiola, Raquel y la pequeña Camila tuvieron un pequeño golpe de suerte. Las dos mujeres adultas son venezolanas, lo que dificultaba el viaje al no entenderse con las personas de su alrededor. «Coincidieron con una familia argentina que hablaba ucraniano en el tren y les ayudaron como traductores», explica Aneta.

La odisea no terminó una vez subidas al vagón que pondría rumbo a su libertad. La velocidad era muy lenta y el interior del tren, oscuro. Una manera de evitar ser localizados. «Va muy oscuro, sin luces. No se pueden utilizar teléfonos por seguridad, para que no sean bombardeados», explica la polaca al otro lado del teléfono.

Por suerte, ahora están bien y a salvo. «Llegaron agotadas, traumatizadas, pero bien. Las recibimos y las llevamos a la casa de unos amigos en la capital de Polonia, donde les dieron ropa para la niña y les dieron de comer antes de irse a dormir». «Ahora ya descansan aliviadas», hace hincapié Aneta.

La primera opción, España

Sin tiempo para descansar, parece que la primera opción para la abuela y la madre de Camila es viajar con la niña a España. De no ser posible, lo harían a Venezuela. De todos modos, no es tan sencillo a pesar de encontrarse ya en una zona lejana a la guerra, puesto que la niña todavía no tiene documentación. Así lo explica Aneta, que permanece junto a Fabiola: «El problema de la pequeña es que no tiene pasaporte, aunque la embajada de Venezuela se ha comprometido a hacerle los papeles».

«El problema es que tienen que abandonar Polonia antes de tres meses», matiza. Y dos de ellos tendrán que permanecer en un lugar tranquilo, puesto que la pequeña, por recomendación de su pediatra, que la visitó ayer, no podrá viajar, cuenta Aneta, hasta pasadas ocho semanas ya que es algo «no muy recomendable».

Esta visita de la médico a la recién nacida también estuvo cargada de emoción. «Lloró porque no se puede llegar a imaginar la situación por la que han pasado», sostiene desde Polonia esta voluntaria que se dedica a ayudar en el proceso de evacuación de extranjeros del horror y del miedo que se respiran en Ucrania.

Ambas, madre e hija, se mantienen en buen estado de salud, acompañadas de la abuela Raquel, que «llegó pocos días antes de que naciese la niña». «Gracias a ella están las dos con vida», puntualiza Aneta, muy comprometida con esta familia. Ahora queda ver cuáles pueden ser los siguientes pasos a seguir para las tres, aunque la activista polaca tiene claro que la primera opción para ellas sería poder viajar a España, para lo cual reclama ayuda. «Lo quieren así», afirma.

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