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«En Venezuela, amén de la vigente crisis que hunde al país, se podría ensayar cierto balance en relación con los libros del 2021»

Alirio Fernández Rodríguez | ©Danny Olivares

Por Alirio Fernández Rodríguez

“En Venezuela, amén de la vigente crisis que hunde al país, se podría ensayar cierto balance en relación con los libros del 2021. Y ni el país se arregló, ni se está recuperando, pero es necesario rescatar —nunca mejor dicho— lo que muchos autores venezolanos, dentro y fuera, están logrado con un esfuerzo indecible”

Si en este momento se revisan los medios de casi cualquier país podrán verse listas y listas de los 10 o 20 o 100 mejores libros del 2021. Los mejores o los más leídos o los más vendidos. Se trata del balance como ritual, y no tanto de una pasión por los cánones, querido Harold Bloom, no tanto. Y es así como surgen tantas listas de libros, de distinto origen.

Es verdad que desde hace casi dos años, con la distopía instalada (todavía), los tiempos se han vuelto bastante líquidos, como diría Zygmunt Bauman. De hecho, el período pandémico ha terminado pareciendo más bien un único año; muy largo para algunos, cortísimo para otros y, dolorosamente, sin tiempo extra para muchos. Así fue como los diferentes rankings de libros de 2020 se vieron eclipsados por el miedo al virus. Ahora, en estas primeras semanas del 2022, parece volver el ánimo por las listas de libros del año.

En Venezuela, amén de la vigente crisis que hunde al país, se podría ensayar cierto balance en relación con los libros del 2021. Y ni el país se arregló, ni se está recuperando, pero es necesario rescatar —nunca mejor dicho— lo que muchos autores venezolanos, dentro y fuera, están logrado con un esfuerzo indecible.

En parte, para reconocer ese esfuerzo, me propongo enumerar algunos de los libros que durante el año pasado acompañaron a los venezolanos, autores y lectores, dentro o fuera. Y es que mientras en Colombia, México, Argentina o España se habla de los libros más vendidos o más leídos, en el caso de Venezuela es dificilísimo precisar eso. Las instituciones públicas relacionadas con el libro y la lectura hace tiempo que no llevan cuentas de casi nada, mientras que unas pocas editoriales y librerías privadas representan la última y esperanzadora forma de insistencia cultural que el país tanto necesita y agradece.

De modo que no se puede hablar, con datos en la mano, sobre los más vendidos o más leídos del 2021. Pero sí se puede, y hay que hablar, de la presencia de ciertos libros y autores venezolanos que no han tirado la toalla o, como dijo Marelis Loreto Amoretti, filósofa venezolana en el exilio, si la han tirado la han vuelto a recoger. Entonces intentaré aquí recordar unos pocos libros que aparecieron publicados y, de alguna manera, tuvieron presencia en Venezuela.

Realidad nacional, búsquedas y premisas

“La literatura venezolana está en franca desventaja con respecto a los vecinos de la región”, me dijo el escritor venezolano Eduardo Sánchez Rugeles, en una entrevista que me concedió el año pasado. También coincidimos en el valioso trabajo de escritores venezolanos, aunque pocos, que han logrado posicionar su obra internacionalmente en editoriales importantes.

Violeta Rojo destacó en el Papel Literario el trabajo de una veintena de editoriales que siguen haciendo una labor encomiable. Por otro lado, es importante la visibilidad que cobran ciertas obras en los medios informativos y culturales. Es allí donde las novedades editoriales del 2021 han tenido su presencia más importante en reseñas, ensayos, entrevistas y crónicas. De este modo, se van informando lectores, autores, críticos, investigadores y demás agentes del medio; conocen qué se está escribiendo, cuál es el estado de la literatura venezolana e, incluso, dónde conseguir libros y cómo acceder a ellos, dentro y fuera de las fronteras. Todo esto, de momento, aparenta ser bastante saludable para la literatura nacional, sobre todo si se repasan las condiciones de precarización cultural en que ha quedado el país en apenas dos décadas.

Las fuentes de esta investigación

Para alimentar este balance recorrimos varios caminos: entrevistas a escritores venezolanos, consultas a libreros, revisión documental de medios informativos y culturales, llamadas telefónicas a editoriales y hasta conversaciones de café con amigos de la literatura. A partir de aquí, necesariamente, establecí las premisas para seleccionar 20 libros del 2021 en Venezuela. La cifra obedece a consideraciones de espacio, pues pudieran ser 50 o más. El término libros implica novelas, ensayos, poesía, crónica y demás.

En cuanto al porqué de la selección de esos 20 libros del 2021, se debe a la aceptación que han tenido, ya sea por parte de medios culturales, autores, críticos y el público. Pero precisar la aceptación del libro es una ardua tarea aun para el entramado industrial cultural, cómo no iba a serlo para un investigador que, como todos, tiene sus puntos ciegos.

No obstante, el seguimiento más efectivo resultó ser, precisamente, el de la dinámica socio-cultural en que el libro entra al ser publicado, a saber: reseñas, entrevistas, referencias en los medios e instituciones culturales, consideraciones de los propios autores y también de los críticos. Todo eso revela, en cierta medida, un grupo de libros con mayor y marcada presencia en la vida pública. Claro que no es suficiente, pero, de entrada, lo que aquí se propone es una búsqueda, no una sentencia.

Paréntesis: libros publicados en el año del virus

Para la literatura también ha sido largo el eclipse de esta pandemia. Fueron tiempos raros los del 2020, confinados, suspendido el curso y también el caos. Ciertamente, los libros de ese año quedaron como a la espera, mientras todo pasaba. La literatura pareció inscribirse en un silencio insoportable.

En cierta medida, los libros de 2020 estuvieron mucho más presentes a partir del año pasado. Así que resulta pertinente mencionar algunos títulos que se publicaron en el 2020, pero que circularon más y mejor en el 2021, dando a la literatura venezolana un impulso considerable. Hagamos entonces una rápida mención a 15 títulos que dejó el 2020 en Venezuela antes de hurgar en los 20 del año 2021.

  • La vida alegre, Daniel Centeno Maldonado (Alfaguara).
  • Malasangre, Michelle Roche Rodríguez (Anagrama).
  • Viaje al poscomunismo, Ana Teresa Torres y Yolanda Pantin (Eclepsidra).
  • El sol de la ceguera, Kira Kariakin (Oscar Todtmann Editores).
  • Fisuras, José Urriola (Libros del fuego).
  • Cosmonauta, Enza García Arreaza (La Poeteca).
  • El síndrome de Lisboa, Eduardo Sánchez Rugeles (Amazon E-book).
  • Hermana pequeña, Sonia Chocrón (Eclepsidra).
  • Crema Paraíso, Camilo Pino (Alianza Editorial).
  • El barco invisible, Fedosy Santaella (Óscar Todtmann editores).
  • Los años sin juicio, Federico Vegas (Kalathos ediciones).
  • Hacer daño, Carlos Egaña (Oscar Todtmann Editores).
  • El revuelo de los insectos, Manuel Gerardo Sánchez (Editorial Egales).
  • Ficciones asesinas, Krina Ber (Fundación para la Cultura Urbana).
  • La diosa de agua: Cuentos y mitos del Amazonas, Juan Carlos Méndez Guédez (Páginas de espuma).

20 del 2021, con comentarios de otros

Proponer aquí una limitada lista de libros busca propiciar un diálogo con lectores, autores y críticos. Cualquiera podría encontrar ausencias que les resulten imperdonables. Pero cada quien tiene la oportunidad de tomar parte en la discusión y ofrecer su propuesta, de 20 o más títulos. Repito lo dicho antes: se trata de una búsqueda, no de una sentencia.

1. Amar a Olga, Gustavo Valle (Pre-Textos)

Pedro Plaza Salvati compartió en el portal de Latin American Literature Today las impresiones que le dejó la lectura de Amar a Olga: se trata de “una novela fresca, íntima, que mantiene una voz muy cercana desde la primera hasta la última página, llena de matices de humor, y que se desarrolla en un país que se desintegra como telón de fondo. Una historia en la que el personaje central, como en toda buena novela, va sorprendiéndonos a lo largo de cinco partes y unas doscientas páginas que despliegan la habilidad de Valle como uno de los más talentosos narradores venezolanos”.

2. Diorama, Ana Teresa Torres (Monroy Editor)

Para el escritor Alberto Hernández, en su texto publicado en LetraliaDiorama “es la utopía desgastada. Es decir, la densidad del segmento de la perversión donde lo que se ofreció durante décadas como el paraíso terrenal en el imaginario colectivo, se hizo posible en el engaño, en la elaboración perfecta de la maldad, en la manzana podrida que la mano de hierro del poder ofreció a un mundo cegado por la esperanza”.

3. Preámbulo, Antonio López Ortega (Monroy Editor)

Sobre su propia novela, López Ortega le contó a Maritza Jiménez, en la revista española Cambio16: “Las historias del abuelo rudo, la madre aguerrida, el padre buscando su lugar, las tías excéntricas, los primos violentos y la hermana querida, así como el paisaje cambiante entre la rural Zaraza, la pujante Caracas y el nuevo mundo de los campos petroleros, van mostrando la transformación de las costumbres, la sociedad y el devenir del siglo XX venezolano”

4. Los inmateriales, Óscar Marcano (Pre-Textos)

Dice el poeta Alejandro Oliveros, “con la que seguramente es la prosa más grata de la narrativa venezolana, Marcano lleva a sus personajes a cumplir las diversas tareas del héroe homérico, con sus Calipso y Circe, sus temibles cíclopes en el metro, su Néstor, y hasta un Orfeo traído de la Argonautidae. No sé si lo reconoce, pero con la agilidad de su prosa, su precisa sintaxis y una dicción impecable, Marcano escribe como escribe Simenon en sus mejores momentos”.

5. El dragón protegido, Yolanda Pantin (Pre-Textos)

El medio español El Cuaderno ofrece una panorámica del libro y de la propuesta poética de Pantin: “El dragón protegido. Consta de dos partes. Empieza y termina igual: con sendas alusiones al caballo, un animal que abunda en su obra, todo un símbolo (que figura, por cierto, en el escudo de su país). «En mi línea ancestral/ hay un caballo», escribe en «Sueño», y: «Hay una niña/ que fue// en el fondo// con los caballos/ desbocados». En algún sitio ha aclarado que sus caballos son los de trabajo, no los de la equitación; caballos que «en Venezuela están ligados de una manera muy natural a nuestra vida». Se aprecia el gusto de la autora por la poesía breve, de versos muy cortos, tan delgada en apariencia como en su más íntima realidad. Plena de silencios marcados con espacios en blanco. Sin adjetivos. La precisión y la exactitud son norma. Su tradición no es la de la poesía verbosa, tan abundante en ese lado del Atlántico, sino la de la concreta, sobria por naturaleza, concisa y concentrada”.

6. Hopper y el fin del mundo, Fedosy Santaella (Editorial Milenio)

Aglaia Berlutti, en El Estímulo, plantea que “Santaella imagina el apocalipsis moderno en Hooper y el fin del mundo como una composición acelerada, distópica y emocional sobre el mítico final de los tiempos. Pero al contrario de lo que podría suponerse en medio de una emergencia sanitaria como la de la gran pandemia del siglo XXI, Santaella no recurre a lo evidente para narrar el vacío. Su aproximación es sensible, por momentos tortuosa, pero al final, levemente perversa sobre ese espacio más allá de lo que conocemos como la vida corriente.”

7. El arreo de los vientos, Israel Centeno (Kalathos ediciones)

En The Wynwood Times, Les Quintero sostiene que “El arreo de los vientos despliega un mosaico de escenarios insólitos, desconcertantes, que se desplazan por varias regiones en las que el tiempo se diluye en discursos oscuros. El arreo de los vientos es una puesta en abismo en la que advertimos un registro de voces inmutables en la oscuridad, un coro amalgamado en la urdimbre que traspasa las barreras del silencio y traza itinerarios insospechados en medio de rituales y extrañas ceremonias que se ejecutan en El Ávila, centro de poder en el corazón urbano caraqueño que alberga símbolos y signos implacables”.

8. Ahora van a conocer al diablo, Óscar Medina (ed.) (Editorial Dahbar)

Jesús Piñero —El Estímulo— nos cuenta que “cuatro años después de aquella noche, Diannet todavía recuerda la frase que le dijeron los funcionarios del Sebin cuando, aterrada por su destino, les preguntó a dónde la llevarían: ‘Ahora van a conocer al diablo”. Fue esa frase, por su fuerza y significado, la escogida por el periodista Óscar Medina para titular el nuevo libro de la Editorial Dahbar, que recoge no solo el testimonio de Diannet contado por Uzcátegui —conocido activista por los derechos humanos de la organización Provea—, sino también nueve historias más: las de Emirlendris Benítez Rosales, Gabriel Valles, Luis Alexander Bandres, Alonso Mora, Franklin Caldera Martínez, Jhon Betancourt Restrepo, María Lourdes Afiuni, Fernando Albán y Rafael Acosta Arévalo.

9. Simpatía, Rodrigo Blanco Calderón (Alfaguara)

“En ella, Simpatía, Blanco Calderón, considerado uno los mejores escritores jóvenes latinoamericanos, y elogiado por autores como Vargas Llosa o Sergio Ramírez, refleja una sociedad en bancarrota en una Caracas donde todos los lazos humanos parecen haberse disuelto. Ulises, el protagonista de esta novela, recuerda a un perro callejero que va recogiendo las migajas de la simpatía. ¿Se puede conocer de verdad a quien se ama? ¿Qué es, en el fondo, una familia? ¿Son los perros abandonados una prueba de la existencia o de la inexistencia de Dios? Ulises encarna sin saberlo estas preguntas, como un peregrino del afecto en una época posterior al amor”, recoge el sitio web El placer de la lectura.

10. Lo que trae el relámpago, Esdras Parra (Fundación La Poeteca)

En el portal de La Poeteca puede leerse que Lo que trae el relámpago reúne los dos poemarios que dejó inéditos la escritora venezolana Esdras Parra antes de su adiós en 2004: Cada noche su camino, escrito entre 1996 y 1997, revisado acuciosamente hasta lograr una versión definitiva; y El extremado amor, con textos escritos entre 2002 y 2003, que no alcanzó un borrador final porque la sorprendieron la gravedad y la muerte. Cada noche su camino es un canto estremecedor sobre la soledad y el desarraigo. (…) El extremado amor es el sobrio y egregio registro de una agonía.

11. El oscuro señor V, Norberto José Olivar (Monroy Editor)

De la lectura y una conversación con el autor, el periodista Rafael Osío Cabrices, en Cinco8, cuenta que “en su nueva novela, El oscuro señor V, publicada por Monroy Editor, el historiador y narrador zuliano vuelve a valerse de hechos reales para hacerlos más increíbles y divertidos. (…) el prócer zuliano ya no puede caminar ni ver, pero sí recordar y tratar de ordenar sus asuntos, lejos tanto en el espacio como en el tiempo del mundo en el que ejecutó sus hazañas. (…) Valiéndose de que su historia transcurre en París, mete al conde de Chateaubriand, a los duelistas de Conrad y de Ridley Scott, a las furias de la tragedia griega. Y se lleva al general a hacer su última comida en un bistro pegado a la basílica de Notre-Dame, donde Urdaneta dice que preparan el pollo como en Maracaibo.”

12. Renacen las sombras, Juan Carlos Chirinos (Editorial La Huerta)

La periodista Linda D´ambrosio, diario El Universal, ofrece esta mirada acerca de la novela de Chirinos: “De su obra se ha dicho, en cuanto al estilo, que recupera la tónica de los cuentos de hadas, incorporando grandes dosis de fantasía, y que, sin embargo, no escatima detalles para sumergir al lector en situaciones de angustia o terror. Yo insistiré, por mi parte, en la destreza de Chirinos cuando utiliza las palabras para traducir ciertas reflexiones filosóficas (…) e insistiré, también, en la belleza con que utiliza el lenguaje para anticipar lo que está por venir, calando en el ánimo del lector y sembrando la aprensión lentamente (…). O en la poesía que destilan ciertas frases empleadas para describir atmósferas enteras, como la que inaugura el libro (‘El rumor de Madrid iba en lento e inevitable descenso hacia la noche’)”.

13. Fragmentario, José Urriola (Sudaquia Editores)

Gina Saraceni, poeta y crítica literaria, ha dicho que «los relatos que conforman Fragmentario de José Urriola realizan una misma operación: cortan. Y un corte es una experiencia liminar tanto en términos corporales y psíquicos como en términos literarios. En la vida cotidiana de los personajes, en los espacios del metro, la calle, los conciertos, los hospitales, el colegio, la casa, ocurre una fractura que desbarata los órdenes normados del entendimiento y produce estados de alucinación, pánico, alteración, delirio, fracaso, agresión, descontrol. No hay regreso del corte sino la constatación del desprendimiento que causa. La escritura de Urriola funciona como bisturí y tijera que abre la carne de la vida común para que salgan peces del Amazonas a hablarnos de nuestras fugas y regresos, nuestros devenires y mutaciones, nuestros aullidos y mordiscos más feroces».

14. Ayes del destierro, Andrea Sofía Crespo (Libero Editorial)

Para el poeta español Félix Moyano Ayes del destierro “es un cuerpo atravesado por diferentes flechas ‘ayes’ de un destierro inminente. El impacto de cada uno de sus golpes genera huecos por donde entra la luz, en los que brota un fuego, pero donde también gotea la sangre y perfora la tierra, al modo de las grandes poéticas del dolor latinoamericanas”.

15. Escribir afuera. Cuentos de intemperies y querencias (Kalathos ediciones)

Luz Marina Rivas, en Latin American Literature Today, ofrece una aproximación a la obra compilada y editada por Raquel Rivas Rojas, Katie Brown y Liliana Lara: “Esta antología salda la deuda con el cuento. Reúne a 31 autores que viven y escriben en nueve países distintos: desde Argentina escriben Gustavo Valle, Gabriel Payares y Salvador Fleján; desde Escocia, Raquel Rivas Rojas; desde Estados Unidos, Miguel Gomes, Dinapiera Di Donato, Israel Centeno, Raquel Abend van Dalen, Naida Saavedra, María Dayana Fraile, Keila Vall de la Ville y José Luis Palacios; desde España, Juan Carlos Méndez Guédez, Lena Yau, Juan Carlos Chirinos,  Rodrigo Blanco Calderón y Freddy Goncalves; desde Israel, Liliana Lara;  desde México, Alberto Barrera Tyszka, Gisela Kozak y Fedosy Santaella; desde Perú, Mariana Libertad Suárez; desde República Dominicana, Federico Vegas; desde Venezuela, Krina Ber, Kira Kariakin, John Manuel Silva, Hugo Prieto, Carolina Lozada, Marianela Cabrera, Silda Cordoliani y Rubi Guerra”.

Esta antología explora la migración venezolana en distintas vertientes temáticas: la fractura de la identidad del migrante —en varios casos, de manera violenta—, la tensión entre la nostalgia y el rechazo al país de origen, el encuentro con la alteridad, los espacios en contraste, la reflexión íntima y el desgarramiento frente a las vivencias de la migración”.

16. La inclinación, Alexis Romero (Fundación La Poeteca)

La Poeteca presenta el libro de Romero: “Lo ha venido trabajando durante ocho años, los mismos que lleva sin publicar un libro de poesía. Una noche de 2003, cuenta, salió de la que fuera su librería, Templo Interno, y se sentó en un banco de la Plaza Francia. Durante tres horas estuvo leyendo una antología de textos del Talmud: Simultáneamente, oí esas extrañas conversaciones que nacen del encuentro de la alegría y la angustia. Su fuente: la incertidumbre, el país. En el texto sagrado me detuve en las conversaciones rabínicas sobre El Bien y El Mal. Sabía que los textos, aún no poemas, que venía registrando en mis libretas estaban vinculados a estos diálogos. Pero faltaba un vínculo, ése que otorga la realidad. Y ésta la tenía en frente, en las conversaciones de los visitantes a la plaza. Leer un texto sagrado que me arrojó a buscar sentidos en la realidad. Y digo sentido porque me permitió vislumbrar la forma y el tono que tendría dicho libro”.

17. Round 15, Juan Carlos Méndez Guédez (Caballito de Acero)

En la web de la editorial colombiana Caballito de Acero encontramos esta presentación de la novela del escritor nacido en Barquisimeto: “Esta es la historia de un hombre solo. Un hombre que se sienta a tomar café, a media noche, en la cocina de su casa. Así transcurren las horas. Con recuerdos. Vienen a su memoria las peleas de Leonel Hernández, sus derrotas, sus ganchos. También revive su historia de amor con la mujer de su vida, piensa en su suegra, en sus dos hijos, en sus veinticinco años de matrimonio. Y así, de repente, amanece y siente el sinsabor de vivir en una Venezuela amada y odiada en la que todo puede pasar.

Hoy en día, las peleas por el título mundial ya no llegan hasta el Round 15, algo que el protagonista de la novela se pregunta, sin saber que él mismo está dentro una novela llamada Round 15”.

18. Simulacro, Néstor Mendoza (Seshat Editorial)

“Néstor designa al verso un carácter que es inmediato al pensamiento, que establece lazos con una sofisticada forma de comprender cada fenómeno que se sucede entre él y el existir. Sabe, claramente, que la presencia y la realidad están determinadas por la impresión, la emoción y la conmoción. Poeta enorme, fija sus ojos en los grandes dilemas percibidos a través de las pequeñas cosas: un andamio, un trozo de pescado. Su poesía descubre a la criatura que abre los ojos afuera de la caverna, aquella que, confundida, busca darle nombre a las cosas, pero sobre todo, que intenta entregarse a la búsqueda de un sentido. Pensar, parece decirnos Néstor en cada uno de sus poemas, conlleva al impulso de procurar saber qué somos, cuál es la finalidad última de nuestra sangre”. Con esta impecable presentación del autor y su poesía, Zeuxis Vargas abre la puerta a este libro, publicado en la importante Colección Obra Abierta.

19. Tiempos feroces, Leonardo Padrón (Kalathos)

En el portal de Letralia se nos presenta este libro con el sumario que sigue: “Un abogado va a defender a uno de sus clientes y termina en prisión, una estudiante que quiso pasar unas vacaciones en la playa es acusada de atentar contra una ministra, dos mujeres endulzan el café con piruletas ante la escasez general de azúcar, un hombre se convierte en ícono de manifestaciones políticas al hacer de las cometas una herramienta de protesta, un joven actor de teatro afronta un viaje de seis días para abandonar su país y llegar a un nuevo destino. Las crónicas y artículos de Tiempos feroces, el nuevo libro de Leonardo Padrón, ofrecen un retrato de la Venezuela de los años recientes”.

20. El tercer país, Karina Sainz Borgo (Lumen)

La periodista Borja Negrette, del portal Vozpópuli, se ha referido a El tercer país como “una novela en la que mascas tierra, donde el polvo se te adhiere al cabello y donde la tierra que pisas no te pertenece. La tierra es de los muertos. Karina Sáinz Borgo (Caracas, 1982) nos devuelve en su nuevo libro, editado por Lumen, el tema universal de la migración, de seres errantes huyendo de la desesperación, con la mirada de la literatura latinoamericana y la técnica de la escritura europea. (…) La novela habla de una mujer, Angustias Romero, que huye junto a su marido y sus dos bebés prematuros de la peste. En el transcurso del camino, los dos mueren, y el objetivo de Angustias ya no es una vida mejor, solo dar sepulto a sus hijos. Camina durante kilómetros y kilómetros en busca de Visitación Salazar, una mujer de la que todo el mundo habla, la persona que regenta El tercer país, un cementerio fronterizo donde todo aquel que busque enterrar a un ser querido puede hacerlo sin nada a cambio.”


*Alirio Fernández Rodríguez (1987) es profesor y escritor venezolano. Estudió Educación mención Lengua y Literatura y una maestría en Gerencia Avanzada en Educación, ambas en la Universidad de Carabobo, Valencia. Actualmente cursa la maestría en Literatura Latinoamericana en la USB, Caracas, donde también es profesor. Se dedica a la investigación y creación literaria.

elnacional.com

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«En Venezuela, amén de la vigente crisis que hunde al país, se podría ensayar cierto balance en relación con los libros del 2021»

Alirio Fernández Rodríguez | ©Danny Olivares

Por Alirio Fernández Rodríguez

“En Venezuela, amén de la vigente crisis que hunde al país, se podría ensayar cierto balance en relación con los libros del 2021. Y ni el país se arregló, ni se está recuperando, pero es necesario rescatar —nunca mejor dicho— lo que muchos autores venezolanos, dentro y fuera, están logrado con un esfuerzo indecible”

Si en este momento se revisan los medios de casi cualquier país podrán verse listas y listas de los 10 o 20 o 100 mejores libros del 2021. Los mejores o los más leídos o los más vendidos. Se trata del balance como ritual, y no tanto de una pasión por los cánones, querido Harold Bloom, no tanto. Y es así como surgen tantas listas de libros, de distinto origen.

Es verdad que desde hace casi dos años, con la distopía instalada (todavía), los tiempos se han vuelto bastante líquidos, como diría Zygmunt Bauman. De hecho, el período pandémico ha terminado pareciendo más bien un único año; muy largo para algunos, cortísimo para otros y, dolorosamente, sin tiempo extra para muchos. Así fue como los diferentes rankings de libros de 2020 se vieron eclipsados por el miedo al virus. Ahora, en estas primeras semanas del 2022, parece volver el ánimo por las listas de libros del año.

En Venezuela, amén de la vigente crisis que hunde al país, se podría ensayar cierto balance en relación con los libros del 2021. Y ni el país se arregló, ni se está recuperando, pero es necesario rescatar —nunca mejor dicho— lo que muchos autores venezolanos, dentro y fuera, están logrado con un esfuerzo indecible.

En parte, para reconocer ese esfuerzo, me propongo enumerar algunos de los libros que durante el año pasado acompañaron a los venezolanos, autores y lectores, dentro o fuera. Y es que mientras en Colombia, México, Argentina o España se habla de los libros más vendidos o más leídos, en el caso de Venezuela es dificilísimo precisar eso. Las instituciones públicas relacionadas con el libro y la lectura hace tiempo que no llevan cuentas de casi nada, mientras que unas pocas editoriales y librerías privadas representan la última y esperanzadora forma de insistencia cultural que el país tanto necesita y agradece.

De modo que no se puede hablar, con datos en la mano, sobre los más vendidos o más leídos del 2021. Pero sí se puede, y hay que hablar, de la presencia de ciertos libros y autores venezolanos que no han tirado la toalla o, como dijo Marelis Loreto Amoretti, filósofa venezolana en el exilio, si la han tirado la han vuelto a recoger. Entonces intentaré aquí recordar unos pocos libros que aparecieron publicados y, de alguna manera, tuvieron presencia en Venezuela.

Realidad nacional, búsquedas y premisas

“La literatura venezolana está en franca desventaja con respecto a los vecinos de la región”, me dijo el escritor venezolano Eduardo Sánchez Rugeles, en una entrevista que me concedió el año pasado. También coincidimos en el valioso trabajo de escritores venezolanos, aunque pocos, que han logrado posicionar su obra internacionalmente en editoriales importantes.

Violeta Rojo destacó en el Papel Literario el trabajo de una veintena de editoriales que siguen haciendo una labor encomiable. Por otro lado, es importante la visibilidad que cobran ciertas obras en los medios informativos y culturales. Es allí donde las novedades editoriales del 2021 han tenido su presencia más importante en reseñas, ensayos, entrevistas y crónicas. De este modo, se van informando lectores, autores, críticos, investigadores y demás agentes del medio; conocen qué se está escribiendo, cuál es el estado de la literatura venezolana e, incluso, dónde conseguir libros y cómo acceder a ellos, dentro y fuera de las fronteras. Todo esto, de momento, aparenta ser bastante saludable para la literatura nacional, sobre todo si se repasan las condiciones de precarización cultural en que ha quedado el país en apenas dos décadas.

Las fuentes de esta investigación

Para alimentar este balance recorrimos varios caminos: entrevistas a escritores venezolanos, consultas a libreros, revisión documental de medios informativos y culturales, llamadas telefónicas a editoriales y hasta conversaciones de café con amigos de la literatura. A partir de aquí, necesariamente, establecí las premisas para seleccionar 20 libros del 2021 en Venezuela. La cifra obedece a consideraciones de espacio, pues pudieran ser 50 o más. El término libros implica novelas, ensayos, poesía, crónica y demás.

En cuanto al porqué de la selección de esos 20 libros del 2021, se debe a la aceptación que han tenido, ya sea por parte de medios culturales, autores, críticos y el público. Pero precisar la aceptación del libro es una ardua tarea aun para el entramado industrial cultural, cómo no iba a serlo para un investigador que, como todos, tiene sus puntos ciegos.

No obstante, el seguimiento más efectivo resultó ser, precisamente, el de la dinámica socio-cultural en que el libro entra al ser publicado, a saber: reseñas, entrevistas, referencias en los medios e instituciones culturales, consideraciones de los propios autores y también de los críticos. Todo eso revela, en cierta medida, un grupo de libros con mayor y marcada presencia en la vida pública. Claro que no es suficiente, pero, de entrada, lo que aquí se propone es una búsqueda, no una sentencia.

Paréntesis: libros publicados en el año del virus

Para la literatura también ha sido largo el eclipse de esta pandemia. Fueron tiempos raros los del 2020, confinados, suspendido el curso y también el caos. Ciertamente, los libros de ese año quedaron como a la espera, mientras todo pasaba. La literatura pareció inscribirse en un silencio insoportable.

En cierta medida, los libros de 2020 estuvieron mucho más presentes a partir del año pasado. Así que resulta pertinente mencionar algunos títulos que se publicaron en el 2020, pero que circularon más y mejor en el 2021, dando a la literatura venezolana un impulso considerable. Hagamos entonces una rápida mención a 15 títulos que dejó el 2020 en Venezuela antes de hurgar en los 20 del año 2021.

  • La vida alegre, Daniel Centeno Maldonado (Alfaguara).
  • Malasangre, Michelle Roche Rodríguez (Anagrama).
  • Viaje al poscomunismo, Ana Teresa Torres y Yolanda Pantin (Eclepsidra).
  • El sol de la ceguera, Kira Kariakin (Oscar Todtmann Editores).
  • Fisuras, José Urriola (Libros del fuego).
  • Cosmonauta, Enza García Arreaza (La Poeteca).
  • El síndrome de Lisboa, Eduardo Sánchez Rugeles (Amazon E-book).
  • Hermana pequeña, Sonia Chocrón (Eclepsidra).
  • Crema Paraíso, Camilo Pino (Alianza Editorial).
  • El barco invisible, Fedosy Santaella (Óscar Todtmann editores).
  • Los años sin juicio, Federico Vegas (Kalathos ediciones).
  • Hacer daño, Carlos Egaña (Oscar Todtmann Editores).
  • El revuelo de los insectos, Manuel Gerardo Sánchez (Editorial Egales).
  • Ficciones asesinas, Krina Ber (Fundación para la Cultura Urbana).
  • La diosa de agua: Cuentos y mitos del Amazonas, Juan Carlos Méndez Guédez (Páginas de espuma).

20 del 2021, con comentarios de otros

Proponer aquí una limitada lista de libros busca propiciar un diálogo con lectores, autores y críticos. Cualquiera podría encontrar ausencias que les resulten imperdonables. Pero cada quien tiene la oportunidad de tomar parte en la discusión y ofrecer su propuesta, de 20 o más títulos. Repito lo dicho antes: se trata de una búsqueda, no de una sentencia.

1. Amar a Olga, Gustavo Valle (Pre-Textos)

Pedro Plaza Salvati compartió en el portal de Latin American Literature Today las impresiones que le dejó la lectura de Amar a Olga: se trata de “una novela fresca, íntima, que mantiene una voz muy cercana desde la primera hasta la última página, llena de matices de humor, y que se desarrolla en un país que se desintegra como telón de fondo. Una historia en la que el personaje central, como en toda buena novela, va sorprendiéndonos a lo largo de cinco partes y unas doscientas páginas que despliegan la habilidad de Valle como uno de los más talentosos narradores venezolanos”.

2. Diorama, Ana Teresa Torres (Monroy Editor)

Para el escritor Alberto Hernández, en su texto publicado en LetraliaDiorama “es la utopía desgastada. Es decir, la densidad del segmento de la perversión donde lo que se ofreció durante décadas como el paraíso terrenal en el imaginario colectivo, se hizo posible en el engaño, en la elaboración perfecta de la maldad, en la manzana podrida que la mano de hierro del poder ofreció a un mundo cegado por la esperanza”.

3. Preámbulo, Antonio López Ortega (Monroy Editor)

Sobre su propia novela, López Ortega le contó a Maritza Jiménez, en la revista española Cambio16: “Las historias del abuelo rudo, la madre aguerrida, el padre buscando su lugar, las tías excéntricas, los primos violentos y la hermana querida, así como el paisaje cambiante entre la rural Zaraza, la pujante Caracas y el nuevo mundo de los campos petroleros, van mostrando la transformación de las costumbres, la sociedad y el devenir del siglo XX venezolano”

4. Los inmateriales, Óscar Marcano (Pre-Textos)

Dice el poeta Alejandro Oliveros, “con la que seguramente es la prosa más grata de la narrativa venezolana, Marcano lleva a sus personajes a cumplir las diversas tareas del héroe homérico, con sus Calipso y Circe, sus temibles cíclopes en el metro, su Néstor, y hasta un Orfeo traído de la Argonautidae. No sé si lo reconoce, pero con la agilidad de su prosa, su precisa sintaxis y una dicción impecable, Marcano escribe como escribe Simenon en sus mejores momentos”.

5. El dragón protegido, Yolanda Pantin (Pre-Textos)

El medio español El Cuaderno ofrece una panorámica del libro y de la propuesta poética de Pantin: “El dragón protegido. Consta de dos partes. Empieza y termina igual: con sendas alusiones al caballo, un animal que abunda en su obra, todo un símbolo (que figura, por cierto, en el escudo de su país). «En mi línea ancestral/ hay un caballo», escribe en «Sueño», y: «Hay una niña/ que fue// en el fondo// con los caballos/ desbocados». En algún sitio ha aclarado que sus caballos son los de trabajo, no los de la equitación; caballos que «en Venezuela están ligados de una manera muy natural a nuestra vida». Se aprecia el gusto de la autora por la poesía breve, de versos muy cortos, tan delgada en apariencia como en su más íntima realidad. Plena de silencios marcados con espacios en blanco. Sin adjetivos. La precisión y la exactitud son norma. Su tradición no es la de la poesía verbosa, tan abundante en ese lado del Atlántico, sino la de la concreta, sobria por naturaleza, concisa y concentrada”.

6. Hopper y el fin del mundo, Fedosy Santaella (Editorial Milenio)

Aglaia Berlutti, en El Estímulo, plantea que “Santaella imagina el apocalipsis moderno en Hooper y el fin del mundo como una composición acelerada, distópica y emocional sobre el mítico final de los tiempos. Pero al contrario de lo que podría suponerse en medio de una emergencia sanitaria como la de la gran pandemia del siglo XXI, Santaella no recurre a lo evidente para narrar el vacío. Su aproximación es sensible, por momentos tortuosa, pero al final, levemente perversa sobre ese espacio más allá de lo que conocemos como la vida corriente.”

7. El arreo de los vientos, Israel Centeno (Kalathos ediciones)

En The Wynwood Times, Les Quintero sostiene que “El arreo de los vientos despliega un mosaico de escenarios insólitos, desconcertantes, que se desplazan por varias regiones en las que el tiempo se diluye en discursos oscuros. El arreo de los vientos es una puesta en abismo en la que advertimos un registro de voces inmutables en la oscuridad, un coro amalgamado en la urdimbre que traspasa las barreras del silencio y traza itinerarios insospechados en medio de rituales y extrañas ceremonias que se ejecutan en El Ávila, centro de poder en el corazón urbano caraqueño que alberga símbolos y signos implacables”.

8. Ahora van a conocer al diablo, Óscar Medina (ed.) (Editorial Dahbar)

Jesús Piñero —El Estímulo— nos cuenta que “cuatro años después de aquella noche, Diannet todavía recuerda la frase que le dijeron los funcionarios del Sebin cuando, aterrada por su destino, les preguntó a dónde la llevarían: ‘Ahora van a conocer al diablo”. Fue esa frase, por su fuerza y significado, la escogida por el periodista Óscar Medina para titular el nuevo libro de la Editorial Dahbar, que recoge no solo el testimonio de Diannet contado por Uzcátegui —conocido activista por los derechos humanos de la organización Provea—, sino también nueve historias más: las de Emirlendris Benítez Rosales, Gabriel Valles, Luis Alexander Bandres, Alonso Mora, Franklin Caldera Martínez, Jhon Betancourt Restrepo, María Lourdes Afiuni, Fernando Albán y Rafael Acosta Arévalo.

9. Simpatía, Rodrigo Blanco Calderón (Alfaguara)

“En ella, Simpatía, Blanco Calderón, considerado uno los mejores escritores jóvenes latinoamericanos, y elogiado por autores como Vargas Llosa o Sergio Ramírez, refleja una sociedad en bancarrota en una Caracas donde todos los lazos humanos parecen haberse disuelto. Ulises, el protagonista de esta novela, recuerda a un perro callejero que va recogiendo las migajas de la simpatía. ¿Se puede conocer de verdad a quien se ama? ¿Qué es, en el fondo, una familia? ¿Son los perros abandonados una prueba de la existencia o de la inexistencia de Dios? Ulises encarna sin saberlo estas preguntas, como un peregrino del afecto en una época posterior al amor”, recoge el sitio web El placer de la lectura.

10. Lo que trae el relámpago, Esdras Parra (Fundación La Poeteca)

En el portal de La Poeteca puede leerse que Lo que trae el relámpago reúne los dos poemarios que dejó inéditos la escritora venezolana Esdras Parra antes de su adiós en 2004: Cada noche su camino, escrito entre 1996 y 1997, revisado acuciosamente hasta lograr una versión definitiva; y El extremado amor, con textos escritos entre 2002 y 2003, que no alcanzó un borrador final porque la sorprendieron la gravedad y la muerte. Cada noche su camino es un canto estremecedor sobre la soledad y el desarraigo. (…) El extremado amor es el sobrio y egregio registro de una agonía.

11. El oscuro señor V, Norberto José Olivar (Monroy Editor)

De la lectura y una conversación con el autor, el periodista Rafael Osío Cabrices, en Cinco8, cuenta que “en su nueva novela, El oscuro señor V, publicada por Monroy Editor, el historiador y narrador zuliano vuelve a valerse de hechos reales para hacerlos más increíbles y divertidos. (…) el prócer zuliano ya no puede caminar ni ver, pero sí recordar y tratar de ordenar sus asuntos, lejos tanto en el espacio como en el tiempo del mundo en el que ejecutó sus hazañas. (…) Valiéndose de que su historia transcurre en París, mete al conde de Chateaubriand, a los duelistas de Conrad y de Ridley Scott, a las furias de la tragedia griega. Y se lleva al general a hacer su última comida en un bistro pegado a la basílica de Notre-Dame, donde Urdaneta dice que preparan el pollo como en Maracaibo.”

12. Renacen las sombras, Juan Carlos Chirinos (Editorial La Huerta)

La periodista Linda D´ambrosio, diario El Universal, ofrece esta mirada acerca de la novela de Chirinos: “De su obra se ha dicho, en cuanto al estilo, que recupera la tónica de los cuentos de hadas, incorporando grandes dosis de fantasía, y que, sin embargo, no escatima detalles para sumergir al lector en situaciones de angustia o terror. Yo insistiré, por mi parte, en la destreza de Chirinos cuando utiliza las palabras para traducir ciertas reflexiones filosóficas (…) e insistiré, también, en la belleza con que utiliza el lenguaje para anticipar lo que está por venir, calando en el ánimo del lector y sembrando la aprensión lentamente (…). O en la poesía que destilan ciertas frases empleadas para describir atmósferas enteras, como la que inaugura el libro (‘El rumor de Madrid iba en lento e inevitable descenso hacia la noche’)”.

13. Fragmentario, José Urriola (Sudaquia Editores)

Gina Saraceni, poeta y crítica literaria, ha dicho que «los relatos que conforman Fragmentario de José Urriola realizan una misma operación: cortan. Y un corte es una experiencia liminar tanto en términos corporales y psíquicos como en términos literarios. En la vida cotidiana de los personajes, en los espacios del metro, la calle, los conciertos, los hospitales, el colegio, la casa, ocurre una fractura que desbarata los órdenes normados del entendimiento y produce estados de alucinación, pánico, alteración, delirio, fracaso, agresión, descontrol. No hay regreso del corte sino la constatación del desprendimiento que causa. La escritura de Urriola funciona como bisturí y tijera que abre la carne de la vida común para que salgan peces del Amazonas a hablarnos de nuestras fugas y regresos, nuestros devenires y mutaciones, nuestros aullidos y mordiscos más feroces».

14. Ayes del destierro, Andrea Sofía Crespo (Libero Editorial)

Para el poeta español Félix Moyano Ayes del destierro “es un cuerpo atravesado por diferentes flechas ‘ayes’ de un destierro inminente. El impacto de cada uno de sus golpes genera huecos por donde entra la luz, en los que brota un fuego, pero donde también gotea la sangre y perfora la tierra, al modo de las grandes poéticas del dolor latinoamericanas”.

15. Escribir afuera. Cuentos de intemperies y querencias (Kalathos ediciones)

Luz Marina Rivas, en Latin American Literature Today, ofrece una aproximación a la obra compilada y editada por Raquel Rivas Rojas, Katie Brown y Liliana Lara: “Esta antología salda la deuda con el cuento. Reúne a 31 autores que viven y escriben en nueve países distintos: desde Argentina escriben Gustavo Valle, Gabriel Payares y Salvador Fleján; desde Escocia, Raquel Rivas Rojas; desde Estados Unidos, Miguel Gomes, Dinapiera Di Donato, Israel Centeno, Raquel Abend van Dalen, Naida Saavedra, María Dayana Fraile, Keila Vall de la Ville y José Luis Palacios; desde España, Juan Carlos Méndez Guédez, Lena Yau, Juan Carlos Chirinos,  Rodrigo Blanco Calderón y Freddy Goncalves; desde Israel, Liliana Lara;  desde México, Alberto Barrera Tyszka, Gisela Kozak y Fedosy Santaella; desde Perú, Mariana Libertad Suárez; desde República Dominicana, Federico Vegas; desde Venezuela, Krina Ber, Kira Kariakin, John Manuel Silva, Hugo Prieto, Carolina Lozada, Marianela Cabrera, Silda Cordoliani y Rubi Guerra”.

Esta antología explora la migración venezolana en distintas vertientes temáticas: la fractura de la identidad del migrante —en varios casos, de manera violenta—, la tensión entre la nostalgia y el rechazo al país de origen, el encuentro con la alteridad, los espacios en contraste, la reflexión íntima y el desgarramiento frente a las vivencias de la migración”.

16. La inclinación, Alexis Romero (Fundación La Poeteca)

La Poeteca presenta el libro de Romero: “Lo ha venido trabajando durante ocho años, los mismos que lleva sin publicar un libro de poesía. Una noche de 2003, cuenta, salió de la que fuera su librería, Templo Interno, y se sentó en un banco de la Plaza Francia. Durante tres horas estuvo leyendo una antología de textos del Talmud: Simultáneamente, oí esas extrañas conversaciones que nacen del encuentro de la alegría y la angustia. Su fuente: la incertidumbre, el país. En el texto sagrado me detuve en las conversaciones rabínicas sobre El Bien y El Mal. Sabía que los textos, aún no poemas, que venía registrando en mis libretas estaban vinculados a estos diálogos. Pero faltaba un vínculo, ése que otorga la realidad. Y ésta la tenía en frente, en las conversaciones de los visitantes a la plaza. Leer un texto sagrado que me arrojó a buscar sentidos en la realidad. Y digo sentido porque me permitió vislumbrar la forma y el tono que tendría dicho libro”.

17. Round 15, Juan Carlos Méndez Guédez (Caballito de Acero)

En la web de la editorial colombiana Caballito de Acero encontramos esta presentación de la novela del escritor nacido en Barquisimeto: “Esta es la historia de un hombre solo. Un hombre que se sienta a tomar café, a media noche, en la cocina de su casa. Así transcurren las horas. Con recuerdos. Vienen a su memoria las peleas de Leonel Hernández, sus derrotas, sus ganchos. También revive su historia de amor con la mujer de su vida, piensa en su suegra, en sus dos hijos, en sus veinticinco años de matrimonio. Y así, de repente, amanece y siente el sinsabor de vivir en una Venezuela amada y odiada en la que todo puede pasar.

Hoy en día, las peleas por el título mundial ya no llegan hasta el Round 15, algo que el protagonista de la novela se pregunta, sin saber que él mismo está dentro una novela llamada Round 15”.

18. Simulacro, Néstor Mendoza (Seshat Editorial)

“Néstor designa al verso un carácter que es inmediato al pensamiento, que establece lazos con una sofisticada forma de comprender cada fenómeno que se sucede entre él y el existir. Sabe, claramente, que la presencia y la realidad están determinadas por la impresión, la emoción y la conmoción. Poeta enorme, fija sus ojos en los grandes dilemas percibidos a través de las pequeñas cosas: un andamio, un trozo de pescado. Su poesía descubre a la criatura que abre los ojos afuera de la caverna, aquella que, confundida, busca darle nombre a las cosas, pero sobre todo, que intenta entregarse a la búsqueda de un sentido. Pensar, parece decirnos Néstor en cada uno de sus poemas, conlleva al impulso de procurar saber qué somos, cuál es la finalidad última de nuestra sangre”. Con esta impecable presentación del autor y su poesía, Zeuxis Vargas abre la puerta a este libro, publicado en la importante Colección Obra Abierta.

19. Tiempos feroces, Leonardo Padrón (Kalathos)

En el portal de Letralia se nos presenta este libro con el sumario que sigue: “Un abogado va a defender a uno de sus clientes y termina en prisión, una estudiante que quiso pasar unas vacaciones en la playa es acusada de atentar contra una ministra, dos mujeres endulzan el café con piruletas ante la escasez general de azúcar, un hombre se convierte en ícono de manifestaciones políticas al hacer de las cometas una herramienta de protesta, un joven actor de teatro afronta un viaje de seis días para abandonar su país y llegar a un nuevo destino. Las crónicas y artículos de Tiempos feroces, el nuevo libro de Leonardo Padrón, ofrecen un retrato de la Venezuela de los años recientes”.

20. El tercer país, Karina Sainz Borgo (Lumen)

La periodista Borja Negrette, del portal Vozpópuli, se ha referido a El tercer país como “una novela en la que mascas tierra, donde el polvo se te adhiere al cabello y donde la tierra que pisas no te pertenece. La tierra es de los muertos. Karina Sáinz Borgo (Caracas, 1982) nos devuelve en su nuevo libro, editado por Lumen, el tema universal de la migración, de seres errantes huyendo de la desesperación, con la mirada de la literatura latinoamericana y la técnica de la escritura europea. (…) La novela habla de una mujer, Angustias Romero, que huye junto a su marido y sus dos bebés prematuros de la peste. En el transcurso del camino, los dos mueren, y el objetivo de Angustias ya no es una vida mejor, solo dar sepulto a sus hijos. Camina durante kilómetros y kilómetros en busca de Visitación Salazar, una mujer de la que todo el mundo habla, la persona que regenta El tercer país, un cementerio fronterizo donde todo aquel que busque enterrar a un ser querido puede hacerlo sin nada a cambio.”


*Alirio Fernández Rodríguez (1987) es profesor y escritor venezolano. Estudió Educación mención Lengua y Literatura y una maestría en Gerencia Avanzada en Educación, ambas en la Universidad de Carabobo, Valencia. Actualmente cursa la maestría en Literatura Latinoamericana en la USB, Caracas, donde también es profesor. Se dedica a la investigación y creación literaria.

elnacional.com

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