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Nos dejaron a todos atrás

Por Daniel Lema Rincón

En el gobierno de los socialistas del siglo XXI español, los pregoneros del escudo social, los defensores de la igualdad hacia abajo, pasan sin pudor la aplanadora económica sobre aquellos que no tienen cómo defenderse.

En estos días salí a realizar una gestión, y el calor, aunque todavía de justicia, no era tan sofocante como a finales de julio. Iba de regreso a casa con mi novia, y a pesar de mi mal humor por no haber podido  hacer el trámite que pretendía, estaba organizando en mi cabeza los pasos a seguir para resolverlo lo antes posible, cuando un sonido llamó mi atención.

Era un acordeón, emitiendo su características melodías al final de un vagón de la línea 3 del metro de Madrid con dirección a Villaverde Alto. Inmediatamente recordé a mi padre, un amante empedernido de este instrumento musical, y pensé en lo mucho que le gustaría estar allí y escucharlo en vivo.

Al girar mi cabeza para prestarle atención, el mal humor se disipó y dio paso a una mezcla de culpa, orgullo y respeto, pero sobre todo de rabia e impotencia.

El músico en cuestión era un señor de unos 70 años de edad, que al compararlo con mi estatura, debía medir un poco más de metro y medio de alto. Vestía con camisa de mangas cortas, pantalón de vestir y zapatos negros; ropa limpia y planchada, pero bastante gastada, recuerdo que también llevaba gafas.

Se paraba entre las uniones de goma de los vagones, saludaba, tocaba una pieza, y pasaba a recoger las monedas que las personas quisieran o pudieran darle para seguir al otro vagón. Inmediatamente quise darle una moneda aunque sabía que no llevaba. Junto a mi novia miré el bolso; no llevábamos monedas.

El señor se bajó dos estaciones después y lo vi revisar un pequeño monedero (de esos que utilizan las personas mayores), introdujo en él uno de sus dedos mientras revolvía el contenido para luego retirarlo y guardar nuevamente el monedero.

La escena me recordó a otro anciano que vi, esta vez en la línea 10 del metro, en el trayecto que va desde Plaza Castilla hasta Nuevos Ministerios. Aquel hombre sólo llevaba una caja vieja de madera con libros y juguetes viejos, usados. Los ofrecía por cualquier cosa que le quisieran dar.

Después de conversar  lo sucedido con mi novia, y manifestar  los sentimientos de culpa por no tener  monedas, sentí orgullo; no solo por el respeto natural que provocan las personas mayores, sino que a pesar de la edad y la adversidad, los dos hombres salían a la calle a conseguir algo de dinero de forma honesta. Empecé a sentir rabia al pensar que no deberían estar en esa situación e impotencia por no tener los medios para ayudarlos de verdad. Estos sentimientos sirvieron para reforzar mi percepción sobre lo que padece España.

Sin duda la causa viene de años pasados, con la culpabilidad de muchos y la complicidad de otros. Sin embargo, con respecto al tiempo presente que nos atañe sólo puedo decir una cosa. Tenemos el peor gobierno que podíamos tener en España; uno que se hace llamar social, que se auto proclama  defensor de los desvalidos y los indefensos pero que en realidad no lo es.

No lo es porque ahora hablan de subir el salario mínimo interprofesional a como de lugar, cuando la realidad es que lo suben porque están arruinando a los españoles, gracias a la subida de impuestos y la subida de la luz. Un aumento de sueldo que seguramente traiga mayores tasas de desempleo. Por cierto, el seseanta por ciento aproximadamente de los costes de la factura de la luz se deben a impuestos, es decir, que se pueden eliminar.

No lo es, porque busca el control sobre el nombramiento de los jueces y sus vocales en el Consejo General del Poder Judicial. ¿Le parece serio o normal que los políticos escojan a los jueces? ¿Le parece serio o normal que el PP se rasgue las vestiduras ahora con este tema y no haya hecho nada cuando tenía mayoría absoluta?

No lo es, porque en lugar de buscar el progreso de España, el gobierno, vive obsesionado con hacer la guerra política y económica al gobierno de Díaz Ayuso en Madrid.

No lo es, porque no  busca la unidad y la cohesión del país. Permite el discurso violento –llamando incluso a matar- contra partidos y personas contrarias a sus intereses. Porque para mantenerse en el poder ha llegado a pactar con aquellos que promueven la ruptura de España, y con aquellos que provienen de grupos terroristas como ETA, con más de 800 asesinatos a sus espaldas.

En conclusión, no lo es, porque es un gobierno que llegó al poder gracias a mentiras y triquiñuelas  empezando por el propio presidente Sánchez.

Este es un gobierno que por educación o por decencia debería haber renunciado hace tiempo. Mandatarios sin altura moral y sin los valores mínimos necesarios para contribuir con el desarrollo y el progreso de nadie, salvo el de ellos mismos y el de sus allegados.

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En estos días salí a realizar una gestión, y el calor, aunque todavía de justicia, no era tan sofocante como a finales de julio. Iba de regreso a casa con mi novia, y a pesar de mi mal humor por no haber podido  hacer el trámite que pretendía, estaba organizando en mi cabeza los pasos a seguir para resolverlo lo antes posible, cuando un sonido llamó mi atención.

Era un acordeón, emitiendo su características melodías al final de un vagón de la línea 3 del metro de Madrid con dirección a Villaverde Alto. Inmediatamente recordé a mi padre, un amante empedernido de este instrumento musical, y pensé en lo mucho que le gustaría estar allí y escucharlo en vivo.

Al girar mi cabeza para prestarle atención, el mal humor se disipó y dio paso a una mezcla de culpa, orgullo y respeto, pero sobre todo de rabia e impotencia.

El músico en cuestión era un señor de unos 70 años de edad, que al compararlo con mi estatura, debía medir un poco más de metro y medio de alto. Vestía con camisa de mangas cortas, pantalón de vestir y zapatos negros; ropa limpia y planchada, pero bastante gastada, recuerdo que también llevaba gafas.

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Sin duda la causa viene de años pasados, con la culpabilidad de muchos y la complicidad de otros. Sin embargo, con respecto al tiempo presente que nos atañe sólo puedo decir una cosa. Tenemos el peor gobierno que podíamos tener en España; uno que se hace llamar social, que se auto proclama  defensor de los desvalidos y los indefensos pero que en realidad no lo es.

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No lo es, porque busca el control sobre el nombramiento de los jueces y sus vocales en el Consejo General del Poder Judicial. ¿Le parece serio o normal que los políticos escojan a los jueces? ¿Le parece serio o normal que el PP se rasgue las vestiduras ahora con este tema y no haya hecho nada cuando tenía mayoría absoluta?

No lo es, porque en lugar de buscar el progreso de España, el gobierno, vive obsesionado con hacer la guerra política y económica al gobierno de Díaz Ayuso en Madrid.

No lo es, porque no  busca la unidad y la cohesión del país. Permite el discurso violento –llamando incluso a matar- contra partidos y personas contrarias a sus intereses. Porque para mantenerse en el poder ha llegado a pactar con aquellos que promueven la ruptura de España, y con aquellos que provienen de grupos terroristas como ETA, con más de 800 asesinatos a sus espaldas.

En conclusión, no lo es, porque es un gobierno que llegó al poder gracias a mentiras y triquiñuelas  empezando por el propio presidente Sánchez.

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