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El Código “Green Book” de Margarita

De la Margarita infiernito y de pesadilla, pues tendremos que conjurarla a base de proactividad, resiliencia y gestión

Sergio Monsalve

Fuimos a Margarita y descubrimos un código secreto. Este reportaje lo expone sin protector solar para pieles sensibles. En caso de emergencia, rompa el cristal.  

Existen dos Margaritas, entre muchas, en la actualidad.

La primera se acuesta y despierta en una cola, esperando por una gandola de gasolina que surtirá unos pocos litros, a un grupo limitado de vehículos, los taxistas especulan que un promedio de 320. Es la Margarita de las protestas que duerme sudada a falta de agua y luz.

El Código “Green Book” de Margarita 1
Una constante, el cementerio de locales que antes fueron exitosos y concurridos.

Ves las filas de carros estacionados en la autopista hacia Guacuco, a merced del sol abrazante y de un hampa que no da tregua.  

La segunda se refugia en resorts, urbanizaciones y playas que solo pueden permitirse los turistas, por los altos precios del consumo, tipo el gueto selfie del Yaque. Es la Margarita donde los hoteles cubren la orilla de la playa con sus tumbonas, reservándose el derecho de frente del espacio público.

Ambas Margaritas se miran, pero no se tocan, en una especie de nuevo apartheid que no es surafricano, porque no hay discriminación de razas en teoría, sino un sistema de evidente segregación al estilo de Cuba.  

Tengo conociendo a Margarita desde los años ochenta, y nunca la encontré tan La Habana, tan Vedado y Varadero en el infame período especial.

Hay otra Margarita hipócrita que habla de los problemas y se queja a diario, pero que practica una censura como de Winston Vallenilla en Tves, supuestamente para no perjudicar la imagen de la “perla del caribe”.

Por culpa del silencio y del secretismo, de la despolitización inducida, Margarita se hunde en un mar de lágrimas, víctima de los caciques autonombrados, del poder emergente de las lavadoras de los bolichicos, y de los funestos regentes del estado paria, quienes se reparten los minerales preciosos y los recursos de todos, de manera discrecional.

El Código “Green Book” de Margarita 2
Un espectro de Margarita, sitios de marcas viejas que cierran por falta de luz. Tropi Burger te recibe en el aeropuerto que sufre la inmensa pena de la desidia y que apenas explotan los que pertenecen a la rosca dulce.

Fíjense que tienen patente de corso, para controlar comercios en los “bolipuertos”, para administrar colas de gasolina, para meter y sacar amigos de las nóminas de “beneficiados”, a partir de la purga de la lista Tascón, un arma de destrucción masiva que todavía rige los destinos de la isla, según me confían locales afectados por firmar en contra del chavismo.

Estando en la Margarita del 2021, pensé en las relaciones y semejanzas con las lamentables leyes de Jim Crow.

A continuación comparto la data de Wikipedia:

Las leyes Jim Crow fueron unas leyes estatales y locales en los Estados Unidos, promulgadas por las legislaturas estatales blancas, las cuales eran dominadas por los demócratas después del período de Reconstrucción entre 1876 y 1965. Estas leyes propugnaban la segregación racial en todas las instalaciones públicas por mandato de iure bajo el lema «separados, pero iguales» y se aplicaban a los afroestadounidenses y a otros grupos étnicos no blancos en los referidos estados de los Estados Unidos. 

Por ende, lejos de sumarme al barco de los influencers que publicitan las bondades de la isla a cambio de hospedajes en hoteles sospechosos, les propongo no una guía del perfecto turista veneco alienado, sino la confirmación de una mala noticia: en Margarita se reescribe el manual de “Green Book”, el que te contó Hollywood con una película oscarizada, pero por los medios de la ex patria.

Así, las leyes tácitas de Jim Crow que operan en la isla, han tomado el cariz de un golpe de estado cubano disfrazado de burbuja mayamera, cual Mall de Costa Azul que parece un outlet fantasma de Orlando, donde se puede rodar una serie zombie como las de George Romero o una saga woke de Netflix(La Calle del terror), bajo un perfil de tiendas cerradas o semiabiertas con escaso flujo de caja.

El Código “Green Book” de Margarita 3
Costa Azul vacío un miércoles a las siete.

No se entiende bien, a primera vista, cómo algunas firmas resisten el pago de unos alquileres en dólares, vendiendo nada.

Algo huele a Panama Papers, al detergente con que limpian el dinero sucio que ha sido lubricante económico de Margarita por décadas, construyendo las ruinas y los elefantes blancos del futuro.

Lugares abandonados que luego reformarán, con colores hípsters, para que los millenials desinformados y desconectados paseén, creyendo que viven la experiencia del primer mundo en una isla del inframundo.

Tengo demasiadas historias que narrar de una Margarita que me ha permitido descomprimir, vivir por temporadas, y hasta replantearme la idea de seguir atado a Caracas.

El Código “Green Book” de Margarita 4
Admirando la belleza de Guacuco.

No pego el brinco ahora mismo, y me quedó allá, por tres problemas puntuales: dependo del internet para sobrevivir como comunicador social rentable e independiente, necesito de luz y de gasolina, para movilizarme y trabajar.

Carezco de los recursos, para permitirme un retiro dorado en Margarita, donde pagaría la gasolina importada todos los días, me compraría la planta y navegaría a millón con un plan infinito de datos.

Todavía no soy ese personaje. El Sergio que leen, el de 2021, tiene cinco empleos dignos, para vivir humanamente en Caracas.

Aparte hago radio en la capital, y por Zoom todos los días, no cuadra.

Tras la pandemia, dejé de ir a Margarita, donde pasé el fin de año del 2019, borracho de promesas que no se cumplieron, que se las llevó la covid-19, como miles de isleños que murieron por la pandemia y las consecuencias letales de la crisis.

Solo en agosto del 2021 pude volver a Margarita, como cualquier caraqueño de antes por la terminal de Maiquetía, atestiguando contrastes alucinantes y cuestiones que todavía me resultan incomprensibles, como que Rutaca sea eficiente y Conviasa nos trate como en el Seniat, como que en Guacuco me cobren 5 dólares por el puestico con la sombrilla y las dos tumbonas, mientras que en Parguito te quieren quitar hasta 15 dólares por los mismos plásticos vencidos que te cubren de la insolación.

Mi Margarita no es la misma que la de usted, de modo que no se sienta aludido o alarmado por lo que publico.

De seguro a usted le fue mejor o peor, dependiendo de su plan y de su poder adquisitivo.

No niego que existe una Margarita que nos unifica a todos, que es la del progreso, la resistencia, el aguante, el emprendimiento y la Venezuela posible.

Es la Margarita que me ilusionó, que me sacó lágrimas de emoción en cada jornada de belleza pictórica al aire libre.

El Código “Green Book” de Margarita 5

Es la Margarita de los pescadores, de los músicos, de los creadores, de los artistas, de los emprendedores auténticos, de los clásicos que no pasan de moda, de los genios que se las arreglan para montar un restaurante que sirve unos platos de alta competencia, la de los taxistas y choferes que te hacen un resumen exacto, divulgando la info que los medios censuran.

Los taxistas son los pregoneros, los que llevan las “News of The World” a los visitantes y a los turistas.

Uno de ellos me dijo: “acaban de llegar 100 rusos y los tienen acaparados en unos autobuses. Nosotros los margariteños no comemos ahí, no nos beneficiamos de ese turismo, es un negocio de otros. Si van a traer a Rusos, que nos permitan a los margariteños ofrecerles nuestros servicios”.

Las comparaciones con Cuba, por tanto, no se antojan forzadas o casuales.  

Sin embargo, en medio de las altas paradojas, quiero quedarme con el recuerdo de la Margarita noble y honesta, de isleños y navegados, que mantienen a flote el sueño de un paraíso autosustentable.

El Código “Green Book” de Margarita 6
De la Margarita infiernito y de pesadilla, pues tendremos que conjurarla a base de proactividad, resiliencia y gestión.

Moraleja, el código «Green Book» se exintiguirá en Margarita, cuando regrese la democracia.

Les prometo capítulos adicionales y apéndices de este reportaje, que se hizo posible gracias al equipo de Observador Latino y a la influencia de Malena Ferrer, cómplice fantástica en las buenas y en las malas.

Fuente https://observadorlatino.com/featured/el-codigo-green-book-de-margarita/?fbclid=IwAR2M1UViR_d6KGcrNn2fYGX6iA9fQ_q3rRXcFCPtEs9cN3vAlv6HIxMvc3A

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De la Margarita infiernito y de pesadilla, pues tendremos que conjurarla a base de proactividad, resiliencia y gestión

Sergio Monsalve

Fuimos a Margarita y descubrimos un código secreto. Este reportaje lo expone sin protector solar para pieles sensibles. En caso de emergencia, rompa el cristal.  

Existen dos Margaritas, entre muchas, en la actualidad.

La primera se acuesta y despierta en una cola, esperando por una gandola de gasolina que surtirá unos pocos litros, a un grupo limitado de vehículos, los taxistas especulan que un promedio de 320. Es la Margarita de las protestas que duerme sudada a falta de agua y luz.

El Código “Green Book” de Margarita 1
Una constante, el cementerio de locales que antes fueron exitosos y concurridos.

Ves las filas de carros estacionados en la autopista hacia Guacuco, a merced del sol abrazante y de un hampa que no da tregua.  

La segunda se refugia en resorts, urbanizaciones y playas que solo pueden permitirse los turistas, por los altos precios del consumo, tipo el gueto selfie del Yaque. Es la Margarita donde los hoteles cubren la orilla de la playa con sus tumbonas, reservándose el derecho de frente del espacio público.

Ambas Margaritas se miran, pero no se tocan, en una especie de nuevo apartheid que no es surafricano, porque no hay discriminación de razas en teoría, sino un sistema de evidente segregación al estilo de Cuba.  

Tengo conociendo a Margarita desde los años ochenta, y nunca la encontré tan La Habana, tan Vedado y Varadero en el infame período especial.

Hay otra Margarita hipócrita que habla de los problemas y se queja a diario, pero que practica una censura como de Winston Vallenilla en Tves, supuestamente para no perjudicar la imagen de la “perla del caribe”.

Por culpa del silencio y del secretismo, de la despolitización inducida, Margarita se hunde en un mar de lágrimas, víctima de los caciques autonombrados, del poder emergente de las lavadoras de los bolichicos, y de los funestos regentes del estado paria, quienes se reparten los minerales preciosos y los recursos de todos, de manera discrecional.

El Código “Green Book” de Margarita 2
Un espectro de Margarita, sitios de marcas viejas que cierran por falta de luz. Tropi Burger te recibe en el aeropuerto que sufre la inmensa pena de la desidia y que apenas explotan los que pertenecen a la rosca dulce.

Fíjense que tienen patente de corso, para controlar comercios en los “bolipuertos”, para administrar colas de gasolina, para meter y sacar amigos de las nóminas de “beneficiados”, a partir de la purga de la lista Tascón, un arma de destrucción masiva que todavía rige los destinos de la isla, según me confían locales afectados por firmar en contra del chavismo.

Estando en la Margarita del 2021, pensé en las relaciones y semejanzas con las lamentables leyes de Jim Crow.

A continuación comparto la data de Wikipedia:

Las leyes Jim Crow fueron unas leyes estatales y locales en los Estados Unidos, promulgadas por las legislaturas estatales blancas, las cuales eran dominadas por los demócratas después del período de Reconstrucción entre 1876 y 1965. Estas leyes propugnaban la segregación racial en todas las instalaciones públicas por mandato de iure bajo el lema «separados, pero iguales» y se aplicaban a los afroestadounidenses y a otros grupos étnicos no blancos en los referidos estados de los Estados Unidos. 

Por ende, lejos de sumarme al barco de los influencers que publicitan las bondades de la isla a cambio de hospedajes en hoteles sospechosos, les propongo no una guía del perfecto turista veneco alienado, sino la confirmación de una mala noticia: en Margarita se reescribe el manual de “Green Book”, el que te contó Hollywood con una película oscarizada, pero por los medios de la ex patria.

Así, las leyes tácitas de Jim Crow que operan en la isla, han tomado el cariz de un golpe de estado cubano disfrazado de burbuja mayamera, cual Mall de Costa Azul que parece un outlet fantasma de Orlando, donde se puede rodar una serie zombie como las de George Romero o una saga woke de Netflix(La Calle del terror), bajo un perfil de tiendas cerradas o semiabiertas con escaso flujo de caja.

El Código “Green Book” de Margarita 3
Costa Azul vacío un miércoles a las siete.

No se entiende bien, a primera vista, cómo algunas firmas resisten el pago de unos alquileres en dólares, vendiendo nada.

Algo huele a Panama Papers, al detergente con que limpian el dinero sucio que ha sido lubricante económico de Margarita por décadas, construyendo las ruinas y los elefantes blancos del futuro.

Lugares abandonados que luego reformarán, con colores hípsters, para que los millenials desinformados y desconectados paseén, creyendo que viven la experiencia del primer mundo en una isla del inframundo.

Tengo demasiadas historias que narrar de una Margarita que me ha permitido descomprimir, vivir por temporadas, y hasta replantearme la idea de seguir atado a Caracas.

El Código “Green Book” de Margarita 4
Admirando la belleza de Guacuco.

No pego el brinco ahora mismo, y me quedó allá, por tres problemas puntuales: dependo del internet para sobrevivir como comunicador social rentable e independiente, necesito de luz y de gasolina, para movilizarme y trabajar.

Carezco de los recursos, para permitirme un retiro dorado en Margarita, donde pagaría la gasolina importada todos los días, me compraría la planta y navegaría a millón con un plan infinito de datos.

Todavía no soy ese personaje. El Sergio que leen, el de 2021, tiene cinco empleos dignos, para vivir humanamente en Caracas.

Aparte hago radio en la capital, y por Zoom todos los días, no cuadra.

Tras la pandemia, dejé de ir a Margarita, donde pasé el fin de año del 2019, borracho de promesas que no se cumplieron, que se las llevó la covid-19, como miles de isleños que murieron por la pandemia y las consecuencias letales de la crisis.

Solo en agosto del 2021 pude volver a Margarita, como cualquier caraqueño de antes por la terminal de Maiquetía, atestiguando contrastes alucinantes y cuestiones que todavía me resultan incomprensibles, como que Rutaca sea eficiente y Conviasa nos trate como en el Seniat, como que en Guacuco me cobren 5 dólares por el puestico con la sombrilla y las dos tumbonas, mientras que en Parguito te quieren quitar hasta 15 dólares por los mismos plásticos vencidos que te cubren de la insolación.

Mi Margarita no es la misma que la de usted, de modo que no se sienta aludido o alarmado por lo que publico.

De seguro a usted le fue mejor o peor, dependiendo de su plan y de su poder adquisitivo.

No niego que existe una Margarita que nos unifica a todos, que es la del progreso, la resistencia, el aguante, el emprendimiento y la Venezuela posible.

Es la Margarita que me ilusionó, que me sacó lágrimas de emoción en cada jornada de belleza pictórica al aire libre.

El Código “Green Book” de Margarita 5

Es la Margarita de los pescadores, de los músicos, de los creadores, de los artistas, de los emprendedores auténticos, de los clásicos que no pasan de moda, de los genios que se las arreglan para montar un restaurante que sirve unos platos de alta competencia, la de los taxistas y choferes que te hacen un resumen exacto, divulgando la info que los medios censuran.

Los taxistas son los pregoneros, los que llevan las “News of The World” a los visitantes y a los turistas.

Uno de ellos me dijo: “acaban de llegar 100 rusos y los tienen acaparados en unos autobuses. Nosotros los margariteños no comemos ahí, no nos beneficiamos de ese turismo, es un negocio de otros. Si van a traer a Rusos, que nos permitan a los margariteños ofrecerles nuestros servicios”.

Las comparaciones con Cuba, por tanto, no se antojan forzadas o casuales.  

Sin embargo, en medio de las altas paradojas, quiero quedarme con el recuerdo de la Margarita noble y honesta, de isleños y navegados, que mantienen a flote el sueño de un paraíso autosustentable.

El Código “Green Book” de Margarita 6
De la Margarita infiernito y de pesadilla, pues tendremos que conjurarla a base de proactividad, resiliencia y gestión.

Moraleja, el código «Green Book» se exintiguirá en Margarita, cuando regrese la democracia.

Les prometo capítulos adicionales y apéndices de este reportaje, que se hizo posible gracias al equipo de Observador Latino y a la influencia de Malena Ferrer, cómplice fantástica en las buenas y en las malas.

Fuente https://observadorlatino.com/featured/el-codigo-green-book-de-margarita/?fbclid=IwAR2M1UViR_d6KGcrNn2fYGX6iA9fQ_q3rRXcFCPtEs9cN3vAlv6HIxMvc3A

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