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Flavia Pesci Feltri: “’trazos en fuga’ es una visita a la fragilidad que nos sostiene”

Se trata del reciente poemario de esta abogada y poeta que el sello Oscar Todtmann presentará vía Zoom, este viernes 30 de julio, a las 3:30 pm

alrededor de la basura son como los gatos. encorvados/ en la penumbra de sus propios dorsos. descartan los/ desechos con aprensivos movimientos ¿será el asco/ metódico o la debilidad del esmero?

La poesía de trazos en fuga, tercer poemario de Flavia Pesci Feltri, no se regodea en luminosas metáforas ni juegos verbales. Su forma y licencias hablan de una poesía acerada, sin adornos ni concesiones, alimentada por la injusticia y la indefensión del país que como abogado observa.

Nacida en Caracas, 1968, su obra ha sido incluida en antologías en Venezuela, España y Estados Unidos. Participante en talleres literarios bajo la guía de reconocidos autores como Astrid Lander, Luis Enrique Belmonte, Rafael Castillo Zapata, Armando Rojas Guardia, Santos López e Igor Barreto, en 2012 resulta ganadora del Concurso Nacional de Literatura, organizado por la Asociación de Profesores de la Universidad de los Andes con su libro Lugar de tránsito.

En 2017 publica su segundo poemario Cuerpo en la orilla, bajo el sello Oscar Todtmann editores, con el que ahora da a conocer este tercer título que será presentado vía Zoom este viernes 30 de julio, a las 3:30 pm, con palabras de los poetas Ana María Hurtado e Igor Barreto, autor del prólogo, en un evento coordinado y conducido por Oscar Todtmann editores y Fundación La Poeteca.

-Este es un libro duro, difícil, como lo que estamos viviendo, pero también de hermosos momentos. ¿Cuál es su historia?
-El libro surge de la exigencia de traducir el afuera y el adentro; es decir, lo que vivimos tanto colectivamente como en el espacio íntimo del propio hogar. Ambos mundos nos conforman, a veces tan disímiles y tan parecidos nos van constituyendo día a día. Quise, sin saberlo originalmente, honrarlos. Y cuando se intenta hablar del afuera, ese que padecemos diariamente, no se busca solo narrar lo que actualmente vivimos en nuestro país, sino también rememorar otras épocas, otras vidas. Sin duda hay poemas extremamente duros, y otros intentan reconciliar esos dos mundos. Me parece que es una visita incesante a la fragilidad que nos sostiene.

-Como abogado y poeta, ¿qué grado de relación guarda su libro con esa realidad?
-La relación es total. Debido a la desaparición de las instituciones que de forma incipiente se habían empezado a fortalecer durante la llamada “Cuarta República”, ha sido imposible ejercer cabalmente la profesión de abogado porque el Estado de derecho no existe en la actualidad, luego de un desmantelamiento progresivo de sus columnas. Vivimos en una total inseguridad jurídica, sumergidos en un hondo deterioro social, económico, espiritual y ético. El Derecho tiene como causa y fin proteger al ser humano, lograr que vivamos pacíficamente en comunidad y que cada uno pueda libremente desenvolverse de acuerdo a sus propias virtudes y limitaciones. Lo contrario, la imposibilidad de ser libre, de estar bajo el yugo del poder, de los complejos, de la arbitrariedad, polarización y radicalización de las ideas y de una ausencia total del reconocimiento del otro, revelan el fracaso del Derecho en nuestro país, que no es otro que el fracaso de nuestra sociedad, lo que se traduce, por tanto, en el sufrimiento de cada uno de los que aquí vivimos y de los que se han visto en la obligación de partir.

Y agrega: «En mi caso y desde mi profesión, creo que es inevitable tener mayor consciencia de lo que no debe ser y se intensifica el dolor, la indignación y la pesadumbre, al encarnar el abandono del derecho, de la protección y resguardo, y cargar con lo que significa ser aplastados por quienes detentan el poder. Estos sentimientos están ahí, detrás de mí, vigilantes y se transforman en escritura, única forma que tengo para aliviarlos de alguna manera».

-Decía Borges que uno escogía a sus padres literarios. ¿Se podría pensar este libro como un diálogo con sus referentes literarios?
-Absolutamente sí. En este poemario hay un diálogo permanente y consciente con algunos de mis referentes literarios: Anna Ajmátova, Paul Celan, José Antonio Ramos Sucre, Antonia Palacios, Giuseppe Ungaretti y Alda Merini; todos me han acompañado noblemente en este largo viaje de trazos en fuga. A ellos les debo muchas horas de profunda trascendencia vital.

-La puntuación, la anulación de las mayúsculas, los textos justificados, ¿son un guiño a la preceptiva literaria?
-Como dije antes, tengo mis referentes literarios. Ahora, mi decir poético es a riesgo; pretendo darle identidad, intento que cada poema hable de lo que implica, que su hechura lo sostenga. No desestimo el horizonte de la “preceptiva literaria”… Ahora, en mi poesía no hay reglamentos ni retórica. Espero, sí, que trazos en fuga implique una lectura cercana y reveladora de renovadas certidumbres.

«He compartido mi libro con muchos amigos escritores, y justamente tu indagación me lleva a pensar en las palabras de José Urriola, en una carta que nos dirige a mi editora, Luna Benítez, que refiere lo que yo misma buscaba expresar con mi libro. Él lo dice como yo lo hubiera querido decir y, por supuesto, lo atesoro: ‘Me encantó la manera en que Flavia juega con los signos de puntuación, cómo los suprime o los pone de manera de forzar la atención, de volver a leer, de detenerse en esos nuevos sentidos que adquiere lo escrito dependiendo de dónde se ponga (o se borre) el signo de puntuación'», prosigue.

-¿Cómo empezó su relación con la poesía?
-Mi madre fue quien, sin saberlo, me llevó a acercarme a la poesía porque ella escribía poemas sobre sus afectos retratándolos cariñosamente de manera irónica, sentida y alegre, intentando con particular inteligencia aligerar el dolor o la pesadumbre que podía estar acompañándola. Luego, gracias también a una acertadísima decisión de mis padres, fui cambiada de colegio: de un colegio del Opus Dei, vista mi rebeldía continua, me enviaron a un colegio italiano en Caracas, la Escuela Agustín Codazzi, en donde encontré un universo plural, profundo y más libre.

«En el liceo tuve dos profesoras (una de literatura italiana y otra de literatura española) que lograron infundir en mi su pasión. La profesora de literatura italiana (la Vettor) se transformaba leyendo a Leopardi, Carducci, Ungaretti, el Dante y, aun cuando año tras año transmitía idénticos conocimientos, lo hacía con la misma emoción que pudo haber tenido la primera vez que los leía. Pienso sin duda que estas mujeres, en la casa y en la escuela, fueron determinantes para sembrar mi relación amorosa hacia la poesía que se ha convertido en un lugar de reencuentro, reflexión y sosiego», comenta la autora.

El enlace de inscripción para asistir a la cita poética, el viernes a las 3:30 pm, es:
https://us02web.zoom.us/meeting/register/tZMvcOCoqj8rH90C2I-HpTgZLKWpXW_9o1_x
@weykapu

Fuente https://www.eluniversal.com/entretenimiento/102949/flavia-pesci-feltri-trazos-en-fuga-es-una-visita-a-la-fragilidad-que-nos-sostiene

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La poesía de trazos en fuga, tercer poemario de Flavia Pesci Feltri, no se regodea en luminosas metáforas ni juegos verbales. Su forma y licencias hablan de una poesía acerada, sin adornos ni concesiones, alimentada por la injusticia y la indefensión del país que como abogado observa.

Nacida en Caracas, 1968, su obra ha sido incluida en antologías en Venezuela, España y Estados Unidos. Participante en talleres literarios bajo la guía de reconocidos autores como Astrid Lander, Luis Enrique Belmonte, Rafael Castillo Zapata, Armando Rojas Guardia, Santos López e Igor Barreto, en 2012 resulta ganadora del Concurso Nacional de Literatura, organizado por la Asociación de Profesores de la Universidad de los Andes con su libro Lugar de tránsito.

En 2017 publica su segundo poemario Cuerpo en la orilla, bajo el sello Oscar Todtmann editores, con el que ahora da a conocer este tercer título que será presentado vía Zoom este viernes 30 de julio, a las 3:30 pm, con palabras de los poetas Ana María Hurtado e Igor Barreto, autor del prólogo, en un evento coordinado y conducido por Oscar Todtmann editores y Fundación La Poeteca.

-Este es un libro duro, difícil, como lo que estamos viviendo, pero también de hermosos momentos. ¿Cuál es su historia?
-El libro surge de la exigencia de traducir el afuera y el adentro; es decir, lo que vivimos tanto colectivamente como en el espacio íntimo del propio hogar. Ambos mundos nos conforman, a veces tan disímiles y tan parecidos nos van constituyendo día a día. Quise, sin saberlo originalmente, honrarlos. Y cuando se intenta hablar del afuera, ese que padecemos diariamente, no se busca solo narrar lo que actualmente vivimos en nuestro país, sino también rememorar otras épocas, otras vidas. Sin duda hay poemas extremamente duros, y otros intentan reconciliar esos dos mundos. Me parece que es una visita incesante a la fragilidad que nos sostiene.

-Como abogado y poeta, ¿qué grado de relación guarda su libro con esa realidad?
-La relación es total. Debido a la desaparición de las instituciones que de forma incipiente se habían empezado a fortalecer durante la llamada “Cuarta República”, ha sido imposible ejercer cabalmente la profesión de abogado porque el Estado de derecho no existe en la actualidad, luego de un desmantelamiento progresivo de sus columnas. Vivimos en una total inseguridad jurídica, sumergidos en un hondo deterioro social, económico, espiritual y ético. El Derecho tiene como causa y fin proteger al ser humano, lograr que vivamos pacíficamente en comunidad y que cada uno pueda libremente desenvolverse de acuerdo a sus propias virtudes y limitaciones. Lo contrario, la imposibilidad de ser libre, de estar bajo el yugo del poder, de los complejos, de la arbitrariedad, polarización y radicalización de las ideas y de una ausencia total del reconocimiento del otro, revelan el fracaso del Derecho en nuestro país, que no es otro que el fracaso de nuestra sociedad, lo que se traduce, por tanto, en el sufrimiento de cada uno de los que aquí vivimos y de los que se han visto en la obligación de partir.

Y agrega: «En mi caso y desde mi profesión, creo que es inevitable tener mayor consciencia de lo que no debe ser y se intensifica el dolor, la indignación y la pesadumbre, al encarnar el abandono del derecho, de la protección y resguardo, y cargar con lo que significa ser aplastados por quienes detentan el poder. Estos sentimientos están ahí, detrás de mí, vigilantes y se transforman en escritura, única forma que tengo para aliviarlos de alguna manera».

-Decía Borges que uno escogía a sus padres literarios. ¿Se podría pensar este libro como un diálogo con sus referentes literarios?
-Absolutamente sí. En este poemario hay un diálogo permanente y consciente con algunos de mis referentes literarios: Anna Ajmátova, Paul Celan, José Antonio Ramos Sucre, Antonia Palacios, Giuseppe Ungaretti y Alda Merini; todos me han acompañado noblemente en este largo viaje de trazos en fuga. A ellos les debo muchas horas de profunda trascendencia vital.

-La puntuación, la anulación de las mayúsculas, los textos justificados, ¿son un guiño a la preceptiva literaria?
-Como dije antes, tengo mis referentes literarios. Ahora, mi decir poético es a riesgo; pretendo darle identidad, intento que cada poema hable de lo que implica, que su hechura lo sostenga. No desestimo el horizonte de la “preceptiva literaria”… Ahora, en mi poesía no hay reglamentos ni retórica. Espero, sí, que trazos en fuga implique una lectura cercana y reveladora de renovadas certidumbres.

«He compartido mi libro con muchos amigos escritores, y justamente tu indagación me lleva a pensar en las palabras de José Urriola, en una carta que nos dirige a mi editora, Luna Benítez, que refiere lo que yo misma buscaba expresar con mi libro. Él lo dice como yo lo hubiera querido decir y, por supuesto, lo atesoro: ‘Me encantó la manera en que Flavia juega con los signos de puntuación, cómo los suprime o los pone de manera de forzar la atención, de volver a leer, de detenerse en esos nuevos sentidos que adquiere lo escrito dependiendo de dónde se ponga (o se borre) el signo de puntuación'», prosigue.

-¿Cómo empezó su relación con la poesía?
-Mi madre fue quien, sin saberlo, me llevó a acercarme a la poesía porque ella escribía poemas sobre sus afectos retratándolos cariñosamente de manera irónica, sentida y alegre, intentando con particular inteligencia aligerar el dolor o la pesadumbre que podía estar acompañándola. Luego, gracias también a una acertadísima decisión de mis padres, fui cambiada de colegio: de un colegio del Opus Dei, vista mi rebeldía continua, me enviaron a un colegio italiano en Caracas, la Escuela Agustín Codazzi, en donde encontré un universo plural, profundo y más libre.

«En el liceo tuve dos profesoras (una de literatura italiana y otra de literatura española) que lograron infundir en mi su pasión. La profesora de literatura italiana (la Vettor) se transformaba leyendo a Leopardi, Carducci, Ungaretti, el Dante y, aun cuando año tras año transmitía idénticos conocimientos, lo hacía con la misma emoción que pudo haber tenido la primera vez que los leía. Pienso sin duda que estas mujeres, en la casa y en la escuela, fueron determinantes para sembrar mi relación amorosa hacia la poesía que se ha convertido en un lugar de reencuentro, reflexión y sosiego», comenta la autora.

El enlace de inscripción para asistir a la cita poética, el viernes a las 3:30 pm, es:
https://us02web.zoom.us/meeting/register/tZMvcOCoqj8rH90C2I-HpTgZLKWpXW_9o1_x
@weykapu

Fuente https://www.eluniversal.com/entretenimiento/102949/flavia-pesci-feltri-trazos-en-fuga-es-una-visita-a-la-fragilidad-que-nos-sostiene

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