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Entrevista: Juliette Pardau “Empezar de cero te deja el ego golpeado”

Dulce María Ramos / El Universal

La actriz venezolana regresará a las pantallas colombianas con «La nieta elegida»

A pesar de llevar siete años en Colombia y de haber participado en varias producciones dramáticas, la actriz venezolana Juliette Pardau cautivó los corazones de los colombianos con el personaje de Danny Daza en la telenovela Pa’ quererte. Pronto regresará a las pantallas de RCN con el dramático La nieta elegida, escrito por Julio Jiménez e Iván Martínez, creadores del éxito Pasión de gavilanes y donde encarnará a Vivian Roldán; por primera vez hará de villana.

“Migrar es un proceso de transformación personal. Claro que empezar de cero te deja el ego golpeado. Lloré y lo padecí. Pero viéndolo en retrospectiva, era el proceso lógico de construir de nuevo, ladrillo a ladrillo, hasta que te conozcan y la gente vaya reconociendo tu trabajo y esfuerzo. Mi experiencia en Colombia ha sido muy positiva, he sido muy bien recibida”, dice la intérprete.

Pardau, de padre portugués y madre gallega, y que alcanzó la popularidad en el público venezolano con la película Papita, maní, tostón, agradece las experiencias que ha tenido que enfrentar desde muy joven para asumir la vida de migrante lejos de su familia, hoy dispersa en varios países del mundo.

-Antes de irse del país, tuvo la oportunidad de participar en los últimos dramáticos que se hicieron en la televisión venezolana.
-Mi sueño frustrado fue no estar en una telenovela de Leonardo Padrón. Recuerdo que cuando hice mi último trabajo en Venevisión, De todas maneras Rosa, había rumores sobre un nuevo proyecto de Padrón y me hacía mucha ilusión; tiempo después no se hizo y me fui del país. Veía todas sus telenovelas, conocía las historias, los actores, hasta el equipo técnico. Por fortuna, pude trabajar con Mónica Montañés en Harina de otro costal. Mi experiencia en la televisión venezolana fue positiva, trabajé con equipos increíbles que estaban dando lo mejor de sí en una época de crisis donde no era fácil hacer una telenovela.

-¿Alguna actriz ha sido su inspiración?
-Sí, Elba Escobar y Lourdes Valera, con quien hice algunas funciones de A 2,50 la cubalibre. Ambas son representantes de la época de oro de la televisión y el cine venezolanos. Han inspirado a mucha gente, entre ellas yo.

«En mi casa se comían hallacas, arepas, caldo gallego y pasta cuando venían los amigos italianos», recuerda la actriz (GIORGIO DEL VECCHIO)

-Usted creció y vivió en La Guaira, hoy vive en una geografía distinta.
-Siempre extrañaré el mar, forma parte clave de mi infancia. Me recuerda a mi padre, quien era aficionado a la natación; él iba a recogerme del colegio y nos íbamos a Los Caracas, allí comíamos pescado frito y nadábamos. El mar siempre será una imagen que estará en mi cabeza.

-¿Qué significó para usted ser hija de migrantes?
-Mi madre llegó a Venezuela muy pequeña, de Galicia y después de viajar un mes en un barco. Mi padre era hijo de portugués. Ser hija de inmigrantes me ayudó en muchos sentidos. Primero, en adaptarme a cualquier circunstancia. Cuando era pequeña tuve que cambiar de colegios varias veces, nosotros perdimos nuestra casa y todo en el deslave de Vargas, sé lo que significa empezar desde cero. Y segundo, te ayuda a entender todas las culturas. En mi casa se comían hallacas, arepas, caldo gallego y pasta cuando venían los amigos italianos. Por eso, quizá, los cambios no han sido tan traumáticos para mí. Todo esto me preparó, sin saber que en la vida me iba a tocar a mí también ser migrante.

-Y también la preparó para la tragedia que ocurrió en Vargas.
-Era una adolescente, tendría unos doce años, y ya empezaba a dimensionar las cosas, perdimos todo en segundos. Días antes habíamos llevado varias cosas a un centro de acopio porque había damnificados. Recuerdo que estuvimos desconectadas cuarenta y ocho horas, se fue la luz, no teníamos pila en el celular, cuando mi abuela escuchaba la radio decían que toda La Guaira había desaparecido, mi papá estaba en Calabozo por su trabajo. Traté de entender lo que estaba pasando y ayudar a mis papás siendo comprensiva cuando me decían que ese año no habría navidades o que nos tocaba pedir los uniformes del colegio a los vecinos. Mucha gente nos ayudó, nos regaló ropa y comida. En esos momentos uno empieza a dimensionar la gratitud, los esfuerzos que hacen los padres, salir vivo de un evento así donde tantas familias quedaron desmembradas, poder llegar a un lugar sano y seguro, tener hoy la oportunidad de contarlo.

-¿Y qué ha pasado con su familia?
-En Venezuela solo quedan dos tíos. Desde que estoy en Colombia mi familia se ha ido progresivamente, mis primas están entre España, Londres y Portugal; mi mamá y mi abuela están en España. Cuando una familia se encuentra dispersa por el mundo es muy complicado estar juntos de nuevo. Esto me ha afectado emocionalmente y anhelo que algún día podamos reunirnos todos en una misma mesa.

-Es difícil como personaje público que siempre le pregunten sobre Venezuela.
-Soy una optimista empedernida, nada es para siempre. Es cierto que a veces la realidad te atropella, pero es importante que hablemos de lo que está pasando y pasó en Venezuela para que no se nos olvide. Más allá del proceso político está el daño colateral a tantas familias venezolanas.

-Y finalmente, ¿cómo es la ventana por dónde mira Juliette Pardau?
-Desde la ventana de la compasión. Te permite ser flexible contigo mismo y con los demás, no emitir juicios de valor cuando no estás en los zapatos del otro. Es el lugar más empático para poder relacionarlos, para abrazar las diferencias y tomar las mejores decisiones.

Fuente https://www.eluniversal.com/entretenimiento/100393/juliette-pardau-empezar-de-cero-te-deja-el-ego-golpeado

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Dulce María Ramos / El Universal

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“Migrar es un proceso de transformación personal. Claro que empezar de cero te deja el ego golpeado. Lloré y lo padecí. Pero viéndolo en retrospectiva, era el proceso lógico de construir de nuevo, ladrillo a ladrillo, hasta que te conozcan y la gente vaya reconociendo tu trabajo y esfuerzo. Mi experiencia en Colombia ha sido muy positiva, he sido muy bien recibida”, dice la intérprete.

Pardau, de padre portugués y madre gallega, y que alcanzó la popularidad en el público venezolano con la película Papita, maní, tostón, agradece las experiencias que ha tenido que enfrentar desde muy joven para asumir la vida de migrante lejos de su familia, hoy dispersa en varios países del mundo.

-Antes de irse del país, tuvo la oportunidad de participar en los últimos dramáticos que se hicieron en la televisión venezolana.
-Mi sueño frustrado fue no estar en una telenovela de Leonardo Padrón. Recuerdo que cuando hice mi último trabajo en Venevisión, De todas maneras Rosa, había rumores sobre un nuevo proyecto de Padrón y me hacía mucha ilusión; tiempo después no se hizo y me fui del país. Veía todas sus telenovelas, conocía las historias, los actores, hasta el equipo técnico. Por fortuna, pude trabajar con Mónica Montañés en Harina de otro costal. Mi experiencia en la televisión venezolana fue positiva, trabajé con equipos increíbles que estaban dando lo mejor de sí en una época de crisis donde no era fácil hacer una telenovela.

-¿Alguna actriz ha sido su inspiración?
-Sí, Elba Escobar y Lourdes Valera, con quien hice algunas funciones de A 2,50 la cubalibre. Ambas son representantes de la época de oro de la televisión y el cine venezolanos. Han inspirado a mucha gente, entre ellas yo.

«En mi casa se comían hallacas, arepas, caldo gallego y pasta cuando venían los amigos italianos», recuerda la actriz (GIORGIO DEL VECCHIO)

-Usted creció y vivió en La Guaira, hoy vive en una geografía distinta.
-Siempre extrañaré el mar, forma parte clave de mi infancia. Me recuerda a mi padre, quien era aficionado a la natación; él iba a recogerme del colegio y nos íbamos a Los Caracas, allí comíamos pescado frito y nadábamos. El mar siempre será una imagen que estará en mi cabeza.

-¿Qué significó para usted ser hija de migrantes?
-Mi madre llegó a Venezuela muy pequeña, de Galicia y después de viajar un mes en un barco. Mi padre era hijo de portugués. Ser hija de inmigrantes me ayudó en muchos sentidos. Primero, en adaptarme a cualquier circunstancia. Cuando era pequeña tuve que cambiar de colegios varias veces, nosotros perdimos nuestra casa y todo en el deslave de Vargas, sé lo que significa empezar desde cero. Y segundo, te ayuda a entender todas las culturas. En mi casa se comían hallacas, arepas, caldo gallego y pasta cuando venían los amigos italianos. Por eso, quizá, los cambios no han sido tan traumáticos para mí. Todo esto me preparó, sin saber que en la vida me iba a tocar a mí también ser migrante.

-Y también la preparó para la tragedia que ocurrió en Vargas.
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-¿Y qué ha pasado con su familia?
-En Venezuela solo quedan dos tíos. Desde que estoy en Colombia mi familia se ha ido progresivamente, mis primas están entre España, Londres y Portugal; mi mamá y mi abuela están en España. Cuando una familia se encuentra dispersa por el mundo es muy complicado estar juntos de nuevo. Esto me ha afectado emocionalmente y anhelo que algún día podamos reunirnos todos en una misma mesa.

-Es difícil como personaje público que siempre le pregunten sobre Venezuela.
-Soy una optimista empedernida, nada es para siempre. Es cierto que a veces la realidad te atropella, pero es importante que hablemos de lo que está pasando y pasó en Venezuela para que no se nos olvide. Más allá del proceso político está el daño colateral a tantas familias venezolanas.

-Y finalmente, ¿cómo es la ventana por dónde mira Juliette Pardau?
-Desde la ventana de la compasión. Te permite ser flexible contigo mismo y con los demás, no emitir juicios de valor cuando no estás en los zapatos del otro. Es el lugar más empático para poder relacionarlos, para abrazar las diferencias y tomar las mejores decisiones.

Fuente https://www.eluniversal.com/entretenimiento/100393/juliette-pardau-empezar-de-cero-te-deja-el-ego-golpeado

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