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Confeso y absuelto

Zaki Banna

El domingo pasado arrancó como cualquier otro en su especie. Enseguida, las ganas de un encuentro espiritual en el adverso escenario cultural en que yo me encontraba, me generaba ansiedad; principalmente, porque se trataba de mi primer encuentro religioso en español, donde finalmente podría familiarizarme con los rituales y las canciones que estaba acostumbrado a escuchar.

El lugar me parecía un poco desolado, hasta que un individuo de edad madura se me acercó con la apertura a esclarecer mis dudas de ubicación e intención. Fui guiado hasta el interior del templo, evidenciando un pequeño espacio reservado para aquellos hispanohablantes que, congregados por la misma Fe, se las habían arreglado para solicitar los servicios en castellano de un líder clerical.

“El cura es gringo gringo, pero habla mejor español que nosotros dos, y hasta tiene una casa en México” me advertía uno de los asistentes, mientras yo disfrutaba de tal declaración. El momento de comprobarlo no demoro mucho, empezando la misa a la hora pautada.

Durante la homilía reinaba el calor, y el sacerdote lo reconocía, prometiendo que no alargaría el sermón que correspondía a ese encuentro dominical. Él era un hombre alto, rubio y de comunes ojos azules; su español era casi perfecto y bastante fluido, con la excentricidad de ciertos coloquios mexicanos en su hablar. No perder el detalle de cada palabra pronunciaba fue la clave para detectar con exactitud lo que me enviaría directo al banquillo de reflexiones: “como bien sabrán, estaré con ustedes hasta dentro de poco tiempo, he decidido que me voy a México a vivir con Juan José, mi pareja”. Luego de un breve zumbido en mis oídos, recordé claramente cuando alguien, con el deseo ferviente de medir la solidez de mis creencias, me interpeló: “¿Y si quedara al descubierto que Jesús no se resistió a todas las tentaciones, mas tuvo un hijo con María Magdalena?” a lo que yo le respondí: No sé si estaría igual o más feliz, comprobando que al haberse hecho hombre se pareció mucho más a mí.

La gallardía que tuvo el presbítero para confesar su condición e irrevocable voluntad frente a quienes se habían complacido en la emotiva misa recientemente celebrada, ganó gran respeto de mi parte, especialmente por el valor de haber asumido voluntariamente las consecuencias legales de la institución, en lugar de mantener una doble vida y distribuir el peso de sus responsabilidades entre los demás.

En definitiva, no importa la religión, todos estamos propensos a ser tentados en nuestro proceso de vida, sin discriminación de líderes o feligreses; siendo que importa más el asumir y “recalcular”, que vestirse la misma ropa y salir a actuar. La vida, como lo dijo @bhagavanvasquez –bien asesorado por su interlocutores en el más allá-, se trata de vivir en paz y con felicidad; aunado a que no creo que la salvación esté reservada para algunos de determinada confesión, sino para todos aquellos que, al final del camino, merezcan un lugar junto al creador.

 

Zaki Banna / @ZakiBanna

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La gallardía que tuvo el presbítero para confesar su condición e irrevocable voluntad frente a quienes se habían complacido en la emotiva misa recientemente celebrada, ganó gran respeto de mi parte, especialmente por el valor de haber asumido voluntariamente las consecuencias legales de la institución, en lugar de mantener una doble vida y distribuir el peso de sus responsabilidades entre los demás.

En definitiva, no importa la religión, todos estamos propensos a ser tentados en nuestro proceso de vida, sin discriminación de líderes o feligreses; siendo que importa más el asumir y “recalcular”, que vestirse la misma ropa y salir a actuar. La vida, como lo dijo @bhagavanvasquez –bien asesorado por su interlocutores en el más allá-, se trata de vivir en paz y con felicidad; aunado a que no creo que la salvación esté reservada para algunos de determinada confesión, sino para todos aquellos que, al final del camino, merezcan un lugar junto al creador.

 

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