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Migración masiva

Julio Mario Celedon 

Con los tristes acontecimientos que se han venido desarrollando de un tiempo hacia acá, en nuestra querida hermana república de Venezuela, hechos que definitivamente no nos pueden ser ajenos, porque es el sufrimiento de un país con el cual hemos tenido muchos vínculos por bastantes años, y por la reciprocidad que ese hecho merece. No podemos olvidar que hace algunas décadas, muchos colombianos comenzaron a migrar hacia el vecino país, en busca de mejores oportunidades, debido a la demanda de mano de obra colombiana en Venezuela y dada su otrora prospera situación económica, en esa época la migración se dio paulatinamente, sin afanes y sin sorpresas.

Hoy se “volteo la arepa” y el fenómeno sucede todo lo contrario, con unos ingredientes y matices totalmente distintos, ahora son los venezolanos quienes migran hacia Colombia, casi que obligados, pues prácticamente es su única alternativa, la migración es masiva y la mayoría vienen con una mano adelante y otra atrás, casi que expulsados de su tierra por la falta de trabajo, la escasez de alimentos y la depreciación del bolívar, en busca de un futuro incierto, pues si en nuestro país escasea el trabajo para los colombianos, mucho menos habrá para extranjeros, máxime si están indocumentados o entraron de manera ilegal. Lo cierto es que su particular acento y los “conchale vale” se escuchan en todas las esquinas, supermercados, restaurantes, buses, peluquerías, bares, y muy comúnmente en los prostíbulos.

Lo que muchos desconocen es que la mayoría de los ‘venecos’, que están arribando por miles, especialmente a la costa, y de los cuales muchos avanzan hasta el interior del país, en su mayoría son colombianos o hijos de los que emigraron al hermano país en los años setenta atraídos por la riqueza petrolera, o en los años noventa como refugio de la guerra o seducidos por los “beneficios” de la revolución chavista.

Valledupar está llena de venezolanos, a las mujeres las han estigmatizado y muchos las llaman en tono irónico y a veces hasta despectivo las “Placablancas”, haciendo alusión al color de las matrículas de los carros venezolanos, muchas de ellas están ejerciendo la prostitución, otras están vendiendo tintos, hay manicuristas, peluqueras, empleadas domésticas, meseras, mientras que los hombres están trabajando en albañilería, limpiando vidrios o comercializando cachivaches baratos en los semáforos, otros haciendo malabares, algunos trabajan en negocios de comidas rápidas, en lavaderos de vehículos, y otros lastimosamente están delinquiendo, lo que si tienen todos en común es que en su mayoría están prácticamente regalando su trabajo, lo que se convierte en una competencia totalmente desleal e ilegal en contra de la mano de obra local.

El fenómeno de la migración venezolana no tiene cuando acabar, la única solución es el cambio del régimen y el derrocamiento de la dictadura de Maduro, lo cual a todas luces en cualquier momento tendrá que pasar, pero estoy seguro que no es garantía de que los venezolanos regresen a su país, pues algunos ya no tienen nada allá y pensarán para qué regresar a un país que prácticamente no tiene nada que ofrecerles y en el cual el futuro es más incierto que en cualquier otro, esta la triste realidad. El gobierno nacional, en cabeza del presidente Santos, no están haciendo lo suficiente en torno a esta problemática y cuando quieran tomar cartas en el asunto, ya va a ser demasiado tarde, sobre todo que es un fenómeno que cada día se acrecienta y en estos últimos días ya se han comenzado a ver familias enteras de venezolanos mendigando en las calles de Valledupar.

Dios se apiade del pueblo venezolano y permita que en cualquier momento puedan entonar literalmente la letra de su himno: Gloria al bravo pueblo, que el yugo lanzo…

Por Julio Mario Celedón

@juliomceledon

Fuentehttp://elpilon.com.co/migracion-masiva/

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Hoy se “volteo la arepa” y el fenómeno sucede todo lo contrario, con unos ingredientes y matices totalmente distintos, ahora son los venezolanos quienes migran hacia Colombia, casi que obligados, pues prácticamente es su única alternativa, la migración es masiva y la mayoría vienen con una mano adelante y otra atrás, casi que expulsados de su tierra por la falta de trabajo, la escasez de alimentos y la depreciación del bolívar, en busca de un futuro incierto, pues si en nuestro país escasea el trabajo para los colombianos, mucho menos habrá para extranjeros, máxime si están indocumentados o entraron de manera ilegal. Lo cierto es que su particular acento y los “conchale vale” se escuchan en todas las esquinas, supermercados, restaurantes, buses, peluquerías, bares, y muy comúnmente en los prostíbulos.

Lo que muchos desconocen es que la mayoría de los ‘venecos’, que están arribando por miles, especialmente a la costa, y de los cuales muchos avanzan hasta el interior del país, en su mayoría son colombianos o hijos de los que emigraron al hermano país en los años setenta atraídos por la riqueza petrolera, o en los años noventa como refugio de la guerra o seducidos por los “beneficios” de la revolución chavista.

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Dios se apiade del pueblo venezolano y permita que en cualquier momento puedan entonar literalmente la letra de su himno: Gloria al bravo pueblo, que el yugo lanzo…

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