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La realidad de Venezuela en las tablas

Mariana Oquendo, una enfermera de un hospital de la capital, a menudo, dice, ve morir pacientes por falta de insumos básicos. Pero esta noche dejó la bata blanca en casa para ir a su terapia: un show de monólogos de humor.

Mariana suelta grandes carcajadas y trata de drenar también la angustia que le produce hacer largas colas para conseguir comida o peregrinar por farmacias buscando medicamentos escasos. Durante dos horas al menos un día a la semana, toma estas “terapias” para lograr un equilibrio entre todo el estrés de la faena diaria y la crisis que embarga a todos los venezolanos.

Como ella y Enrique, el colega del Hospital Vargas que la acompaña, grupos de amigos que se sientan a disfrutar de cualquier cantidad de chistes de la cotidianidad del Venezolano con algún guiño político. «Venimos a distraernos, a reírnos… porque la situación en el hospital es patética. Hay pacientes que me afectan mucho, pero también el día a día», explica esta enfermera de 31 años.

Aunque por la crisis falte harina, papel higiénico o antibióticos, si hay algo que no escasea es el humor. No solo como evasión, sino como herramienta catártica para sobrevivir y canalizar críticas contra el mandatario nacional y todo su gabinete ejecutivo.

En las calles, los venezolanos bromean con que están flacos porque siguen la «dieta de Maduro» e inventan chistes sobre sus penurias y el Gobierno.

Caricaturas que muestran el billete de 100 bolívares usado como papel sanitario o adornando arbolitos de Navidad proliferaron en las redes. En broma o bien sea por molestia de aquellos que parecían quedar fuera del plazo para cambiar el billete.

Debido a todas estas circunstancias que atraviesan los venezolanos, reirse se volvió una necesidad, conviertiendo los “Stand Up Comedy” en una de las principales atracciones de entretenimiento para todos en Venezuela, adueñándose de los teatros en todo el país.

«Venir al teatro es buscar un poco de salud mental dentro del caos», asegura Wilfredo Boada, un arquitecto de 59 años que asistió al show.

Realidad del humorista

Abajo y arriba del escenario, los problemas son los mismos. Verónica Gómez, una de las comediantes, vive con racionamiento de agua desde hace un año y batalla por conseguir medicinas para un familiar con cáncer.

«El humor nos salva de vivir en una miseria absoluta de espíritu», cree esta enérgica comunicadora de 33 años.

Aunque dice que la crisis la «devasta», Verónica madruga para que los venezolanos inicien el día riendo, en uno de los programas de radio más escuchados.

«Calma Pueblo» no tiene guión, es casi una conversación entre amigos basada en la actualidad. Los otros humoristas son Manuel Silva y José Rafael Guzmán, quienes trabajaban en el programa nocturno «Chataing TV» que salió del aire en 2014 entre denuncias de «presiones políticas» del popular comediante y opositor Luis Chataing.

El recuerdo de ese episodio y el que varios de sus monólogos hayan sido censurados, los marcó.

Pero nada de eso les frenó para dedicar una canción a Maduro para su cumpleaños.

«En tono de humor, denunciamos todo lo que vemos», dice José Rafael.

No obstante, el programa ha recibido llamadas de atención del Gobierno.

«Sabemos que les incomodamos pese a que también nos metemos con la oposición», señala Verónica. Aunque para muchos es extraño, aun es incierta la razón de porque muchos humoristas mencionan muy poco al fallecido presidente Hugo Chávez en sus monólogos.

Empapados de realidad

Por bromear sobre el líder socialista y una de sus hijas, Laureano Márquez debió responder ante los tribunales. Su humor es lúcido y demoledor.

«El humor es una arma que tiene el ser humano para momentos de extrema dificultad y sobre todo de ausencia de libertad. No es casual que sea una de las actividades más florecientes del país», dice el comediante, quizás el más respetado de Venezuela.

Para su espectáculo «Laureano en un País de Maravillas», este politólogo de 53 años se empapa de la realidad del país para sacudir al público.

«La estamos pasando muy mal. Por eso nos reímos, no con la risa imbécil del que se ríe de su tragedia, sino con la risa pensativa del que la procesa a través del humor para intervenir en ella y cambiarla», afirma.

Cabizbajo confiesa: «Mi humor es cada vez más serio porque ya lo que está en juego es muy grave».

Los humoristas han encontrado en el humor, una manera de drenar todas las opiniones que recibe Venezuela por su estado actual de crisis. Se han encontrado con público al cual han visto llorar debido a la realidad de que esconden los chistes de sus monólogos.

Chistes que hacen llorar

Laureano Márquez, humoristas Venezolano, confiesa haber sido testigo en sus monólogos de personas de otros países y venezolanos en el exterior que han llorado al escuchar los cuentos disfrazados de “chistes”. Que deberían hacer reír pero el publico al percibir el impacto de la situación se le han dejado ver lágrimas en sus rostros.

Fuente PRIMICIA 

http://www.primicia.com.ve/placeres/la-realidad-de-venezuela-en-las-tablas.html

 

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Mariana Oquendo, una enfermera de un hospital de la capital, a menudo, dice, ve morir pacientes por falta de insumos básicos. Pero esta noche dejó la bata blanca en casa para ir a su terapia: un show de monólogos de humor.

Mariana suelta grandes carcajadas y trata de drenar también la angustia que le produce hacer largas colas para conseguir comida o peregrinar por farmacias buscando medicamentos escasos. Durante dos horas al menos un día a la semana, toma estas “terapias” para lograr un equilibrio entre todo el estrés de la faena diaria y la crisis que embarga a todos los venezolanos.

Como ella y Enrique, el colega del Hospital Vargas que la acompaña, grupos de amigos que se sientan a disfrutar de cualquier cantidad de chistes de la cotidianidad del Venezolano con algún guiño político. «Venimos a distraernos, a reírnos… porque la situación en el hospital es patética. Hay pacientes que me afectan mucho, pero también el día a día», explica esta enfermera de 31 años.

Aunque por la crisis falte harina, papel higiénico o antibióticos, si hay algo que no escasea es el humor. No solo como evasión, sino como herramienta catártica para sobrevivir y canalizar críticas contra el mandatario nacional y todo su gabinete ejecutivo.

En las calles, los venezolanos bromean con que están flacos porque siguen la «dieta de Maduro» e inventan chistes sobre sus penurias y el Gobierno.

Caricaturas que muestran el billete de 100 bolívares usado como papel sanitario o adornando arbolitos de Navidad proliferaron en las redes. En broma o bien sea por molestia de aquellos que parecían quedar fuera del plazo para cambiar el billete.

Debido a todas estas circunstancias que atraviesan los venezolanos, reirse se volvió una necesidad, conviertiendo los “Stand Up Comedy” en una de las principales atracciones de entretenimiento para todos en Venezuela, adueñándose de los teatros en todo el país.

«Venir al teatro es buscar un poco de salud mental dentro del caos», asegura Wilfredo Boada, un arquitecto de 59 años que asistió al show.

Realidad del humorista

Abajo y arriba del escenario, los problemas son los mismos. Verónica Gómez, una de las comediantes, vive con racionamiento de agua desde hace un año y batalla por conseguir medicinas para un familiar con cáncer.

«El humor nos salva de vivir en una miseria absoluta de espíritu», cree esta enérgica comunicadora de 33 años.

Aunque dice que la crisis la «devasta», Verónica madruga para que los venezolanos inicien el día riendo, en uno de los programas de radio más escuchados.

«Calma Pueblo» no tiene guión, es casi una conversación entre amigos basada en la actualidad. Los otros humoristas son Manuel Silva y José Rafael Guzmán, quienes trabajaban en el programa nocturno «Chataing TV» que salió del aire en 2014 entre denuncias de «presiones políticas» del popular comediante y opositor Luis Chataing.

El recuerdo de ese episodio y el que varios de sus monólogos hayan sido censurados, los marcó.

Pero nada de eso les frenó para dedicar una canción a Maduro para su cumpleaños.

«En tono de humor, denunciamos todo lo que vemos», dice José Rafael.

No obstante, el programa ha recibido llamadas de atención del Gobierno.

«Sabemos que les incomodamos pese a que también nos metemos con la oposición», señala Verónica. Aunque para muchos es extraño, aun es incierta la razón de porque muchos humoristas mencionan muy poco al fallecido presidente Hugo Chávez en sus monólogos.

Empapados de realidad

Por bromear sobre el líder socialista y una de sus hijas, Laureano Márquez debió responder ante los tribunales. Su humor es lúcido y demoledor.

«El humor es una arma que tiene el ser humano para momentos de extrema dificultad y sobre todo de ausencia de libertad. No es casual que sea una de las actividades más florecientes del país», dice el comediante, quizás el más respetado de Venezuela.

Para su espectáculo «Laureano en un País de Maravillas», este politólogo de 53 años se empapa de la realidad del país para sacudir al público.

«La estamos pasando muy mal. Por eso nos reímos, no con la risa imbécil del que se ríe de su tragedia, sino con la risa pensativa del que la procesa a través del humor para intervenir en ella y cambiarla», afirma.

Cabizbajo confiesa: «Mi humor es cada vez más serio porque ya lo que está en juego es muy grave».

Los humoristas han encontrado en el humor, una manera de drenar todas las opiniones que recibe Venezuela por su estado actual de crisis. Se han encontrado con público al cual han visto llorar debido a la realidad de que esconden los chistes de sus monólogos.

Chistes que hacen llorar

Laureano Márquez, humoristas Venezolano, confiesa haber sido testigo en sus monólogos de personas de otros países y venezolanos en el exterior que han llorado al escuchar los cuentos disfrazados de “chistes”. Que deberían hacer reír pero el publico al percibir el impacto de la situación se le han dejado ver lágrimas en sus rostros.

Fuente PRIMICIA 

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