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Goles con sello femenino

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Figura ya entre las venezolanas más famosas de la historia. No por salir a colación en un debate presidencial de Estados Unidos, sino por anotar desde la mitad de la cancha en un mundial. Mientras Luisa Cáceres de Arismendi está en un billete porque la metieron presa a los 16 años, Deyna Castellanos se cotiza por las búsquedas en Youtube de los golazos que ha encerrado en el arco de fútbol antes de cumplir los 18.

“En Venezuela debe haber unas mil Deynas más: no lo dudo”, dispara su voz en un paquetico de datos. La entrevista con la ahora delantera de las Seminolas de la Universidad de Florida State, extremadamente concentrada en sus estudios de futura comunicadora social y en las prácticas de fútbol, se concreta en tiempo diferido gracias a la novísima tecnología de Whatsapp, aplicación en la que la maracayera se muestra como en el terreno de juego: disciplinada y sin rodeos para pegarle a la portería. Le mandas 23 preguntas por escrito en una tarde de sábado y en cuestión de minutos vas a recibir exactamente 23 respuestas contundentes, ninguna de ellas mayor de 25 segundos.

Dos cuartos puestos con la Vinotinto en el mundial femenino de la categoría sub-17 y un total de 11 goles: con el perdón de la medallista olímpica Yulimar Rojas, Deyna es la venezolana que ha mostrado mayor dominio sobre un deporte específico, en su caso el más popular del planeta.  “Nunca tuve interés por muñecas. Jugaba todos los juegos de niño: metras, perinola, trompo y todo eso, y por supuesto, fútbol. Mis muñecas siempre fueron balones de fútbol”, envía peloticas de bytes desde Estados Unidos. Su mamá en Maracay, Yrene, lo confirma: “Deyna se divertía siempre con su hermano mayor, Álvaro y nunca tomamos ese rasgo como un motivo de preocupación. Yo fui también un caso parecido, porque me crié con cuatro hermanos varones”.

 Coquetería en el campo

De hecho, la ganadora del balón de bronce (tercera mejor jugadora) en el mundial Jordania 2016, se hizo futbolista entre varones. “La pelota es mi mejor amiga, siempre lo va a ser. Hay que tratarla bien. Cuando estaba pequeña, el entrenador le decía a mis compañeros: ‘La pelota se trata como a una novia’. A mí se me acercaba aparte y me susurraba: ‘En tu caso, la pelota se trata como a un novio’. Y eso nunca se me va a borrar de la cabeza”, enfatiza.

“Se juega como se vive”, reza cierta filosofía futbolística, y Deyna se comporta en Whatsapp como en la cancha. Por un lado, a ningún jugador le gusta presumir (quizás con la excepción del portugués Cristiano Ronaldo). La goleadora venezolana se resiste a personalizar: no se siente por encima de ninguna de sus compañeras de la Vinotinto, dice que no admira a ninguna otra mujer aparte de su mamá (quizás con la única excepción de la futbolista sueca Caroline Seger) y que no ha aprendido nada en especial de ninguna estrella masculina del balón: “Me fijo en todos”. Deyna, la crack que parece salida de un videojuego en el que una sola puede contra cien, asegura que ni siquiera tiene una consola de Play Station. “Lo que hago, lo logro por intuición”.

Por otro lado, nadie que marque un gol desde la mitad del campo como el que le hizo a Camerún puede ser modesto las 24 horas, y Deyna se revela presumida en una faceta inesperada, la de su fuero más íntimo. “La coquetería es lo más importante. Yo juego fútbol, pero fútbol femenino. Que sea futbolista no me quita lo femenina que pueda ser, y más bien creo que eso nos da un plus a todas las jugadoras”, acierta la chica que no titubea para incendiar Instagram con sus fotos en la playa.

 A lo Jennifer López

Y así han recibido su exotismo en el cafetín de una típica universidad estadounidense: “¡Por supuesto que me siento diferente! Nadie tiene ese swing y ese carisma que yo tengo. Todas aquí quieren bailar como bailamos las latinas. Todo el mundo quiere aprender español y hacer lo que yo hago. Ellas están aprendiendo de nuestra cultura, y yo estoy aprendiendo de la cultura de ellos”. Estudia la carrera de Comunicaciones porque, lo reconoce, “me gusta estar en los medios. Me gustaría entrevistar a grandes deportistas y ver cómo son los deportes desde ese lado”.

Mamá Yrene destaca que, en familia, siempre han tenido un plan de vida trazado junto a Deyna, y por eso duele un poco menos la ruptura del cordón umbilical: “Desde muy pequeña ha tenido claras las aspiraciones de continuar con su fútbol, terminar su bachillerato, estudiar en Estados Unidos y luego jugar como profesional en Europa”.

Su hija lo ratifica desde el sur del norte: “Con 20 años seguiría jugando aquí en Florida State, porque todavía no terminaría mi carrera, y después de ahí, Dios mediante, me lanzaría a Europa”. La goleadora inmisericorde desliza, finalmente, un rastro de lágrimas: “No suelo llorar. Hace bastante tiempo que no lo hago. No tengo ni idea de la última vez que lloré, pero creo que fue cuando me venía para Estados Unidos”.

Desde el punto penal

Pies maltratados: “Tal vez sea parte del sacrificio de ser futbolista, pero mis pies no están mal. A lo mejor no son tan bonitos, pero no dejan de ser buenos”.

Qué conserva de su niña interior: “Que no tengo maldad en mi cabeza ni en mi corazón. En lo que pueda ayudar, servir y complacer a los demás, haré lo que está a mi alcance”.

Anotar un gol: “No se puede comparar con nada”.

Dios es… “Me lo imagino como siempre lo describen, como siempre se habla, como lo dice la Biblia: un hombre perfecto”.

Destino lógico

¿Qué sueña un prometedor futbolista de 17 años? Fichar por el Real Madrid. Para ellas no es tan sencillo, empezando porque el Real Madrid ni siquiera tiene todavía equipo de chicas. “El fútbol femenino está todavía muy debajo del masculino en cuanto a ingresos, patrocinio y apoyo de FIFA, pero ojalá se pueda llegar en el futuro a un mínimo de inclusión que lamentablemente Deyna no disfrutará todavía en vida”, admite Milena Gimón, ex jugadora y ahora comentarista internacional en Directv Sports, y agrega: “Es importante que obtenga su título universitario, pero sería una lástima que, con todo ese talento, deje de hacer lo que más le gusta. Lo más probable es que termine en Europa, donde hay jugadoras que viven de eso. Como venezolana, para mí es un orgullo narrar sus jugadas en la TV”.

Fuente El Nacional

http://www.el-nacional.com/todo_en_domingo/Goles-sello-femenino_0_964703619.html

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“En Venezuela debe haber unas mil Deynas más: no lo dudo”, dispara su voz en un paquetico de datos. La entrevista con la ahora delantera de las Seminolas de la Universidad de Florida State, extremadamente concentrada en sus estudios de futura comunicadora social y en las prácticas de fútbol, se concreta en tiempo diferido gracias a la novísima tecnología de Whatsapp, aplicación en la que la maracayera se muestra como en el terreno de juego: disciplinada y sin rodeos para pegarle a la portería. Le mandas 23 preguntas por escrito en una tarde de sábado y en cuestión de minutos vas a recibir exactamente 23 respuestas contundentes, ninguna de ellas mayor de 25 segundos.

Dos cuartos puestos con la Vinotinto en el mundial femenino de la categoría sub-17 y un total de 11 goles: con el perdón de la medallista olímpica Yulimar Rojas, Deyna es la venezolana que ha mostrado mayor dominio sobre un deporte específico, en su caso el más popular del planeta.  “Nunca tuve interés por muñecas. Jugaba todos los juegos de niño: metras, perinola, trompo y todo eso, y por supuesto, fútbol. Mis muñecas siempre fueron balones de fútbol”, envía peloticas de bytes desde Estados Unidos. Su mamá en Maracay, Yrene, lo confirma: “Deyna se divertía siempre con su hermano mayor, Álvaro y nunca tomamos ese rasgo como un motivo de preocupación. Yo fui también un caso parecido, porque me crié con cuatro hermanos varones”.

 Coquetería en el campo

De hecho, la ganadora del balón de bronce (tercera mejor jugadora) en el mundial Jordania 2016, se hizo futbolista entre varones. “La pelota es mi mejor amiga, siempre lo va a ser. Hay que tratarla bien. Cuando estaba pequeña, el entrenador le decía a mis compañeros: ‘La pelota se trata como a una novia’. A mí se me acercaba aparte y me susurraba: ‘En tu caso, la pelota se trata como a un novio’. Y eso nunca se me va a borrar de la cabeza”, enfatiza.

“Se juega como se vive”, reza cierta filosofía futbolística, y Deyna se comporta en Whatsapp como en la cancha. Por un lado, a ningún jugador le gusta presumir (quizás con la excepción del portugués Cristiano Ronaldo). La goleadora venezolana se resiste a personalizar: no se siente por encima de ninguna de sus compañeras de la Vinotinto, dice que no admira a ninguna otra mujer aparte de su mamá (quizás con la única excepción de la futbolista sueca Caroline Seger) y que no ha aprendido nada en especial de ninguna estrella masculina del balón: “Me fijo en todos”. Deyna, la crack que parece salida de un videojuego en el que una sola puede contra cien, asegura que ni siquiera tiene una consola de Play Station. “Lo que hago, lo logro por intuición”.

Por otro lado, nadie que marque un gol desde la mitad del campo como el que le hizo a Camerún puede ser modesto las 24 horas, y Deyna se revela presumida en una faceta inesperada, la de su fuero más íntimo. “La coquetería es lo más importante. Yo juego fútbol, pero fútbol femenino. Que sea futbolista no me quita lo femenina que pueda ser, y más bien creo que eso nos da un plus a todas las jugadoras”, acierta la chica que no titubea para incendiar Instagram con sus fotos en la playa.

 A lo Jennifer López

Y así han recibido su exotismo en el cafetín de una típica universidad estadounidense: “¡Por supuesto que me siento diferente! Nadie tiene ese swing y ese carisma que yo tengo. Todas aquí quieren bailar como bailamos las latinas. Todo el mundo quiere aprender español y hacer lo que yo hago. Ellas están aprendiendo de nuestra cultura, y yo estoy aprendiendo de la cultura de ellos”. Estudia la carrera de Comunicaciones porque, lo reconoce, “me gusta estar en los medios. Me gustaría entrevistar a grandes deportistas y ver cómo son los deportes desde ese lado”.

Mamá Yrene destaca que, en familia, siempre han tenido un plan de vida trazado junto a Deyna, y por eso duele un poco menos la ruptura del cordón umbilical: “Desde muy pequeña ha tenido claras las aspiraciones de continuar con su fútbol, terminar su bachillerato, estudiar en Estados Unidos y luego jugar como profesional en Europa”.

Su hija lo ratifica desde el sur del norte: “Con 20 años seguiría jugando aquí en Florida State, porque todavía no terminaría mi carrera, y después de ahí, Dios mediante, me lanzaría a Europa”. La goleadora inmisericorde desliza, finalmente, un rastro de lágrimas: “No suelo llorar. Hace bastante tiempo que no lo hago. No tengo ni idea de la última vez que lloré, pero creo que fue cuando me venía para Estados Unidos”.

Desde el punto penal

Pies maltratados: “Tal vez sea parte del sacrificio de ser futbolista, pero mis pies no están mal. A lo mejor no son tan bonitos, pero no dejan de ser buenos”.

Qué conserva de su niña interior: “Que no tengo maldad en mi cabeza ni en mi corazón. En lo que pueda ayudar, servir y complacer a los demás, haré lo que está a mi alcance”.

Anotar un gol: “No se puede comparar con nada”.

Dios es… “Me lo imagino como siempre lo describen, como siempre se habla, como lo dice la Biblia: un hombre perfecto”.

Destino lógico

¿Qué sueña un prometedor futbolista de 17 años? Fichar por el Real Madrid. Para ellas no es tan sencillo, empezando porque el Real Madrid ni siquiera tiene todavía equipo de chicas. “El fútbol femenino está todavía muy debajo del masculino en cuanto a ingresos, patrocinio y apoyo de FIFA, pero ojalá se pueda llegar en el futuro a un mínimo de inclusión que lamentablemente Deyna no disfrutará todavía en vida”, admite Milena Gimón, ex jugadora y ahora comentarista internacional en Directv Sports, y agrega: “Es importante que obtenga su título universitario, pero sería una lástima que, con todo ese talento, deje de hacer lo que más le gusta. Lo más probable es que termine en Europa, donde hay jugadoras que viven de eso. Como venezolana, para mí es un orgullo narrar sus jugadas en la TV”.

Fuente El Nacional

http://www.el-nacional.com/todo_en_domingo/Goles-sello-femenino_0_964703619.html

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