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Venezolanos en el programa de escritura de Iowa

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Por Daniela Bracho

En 1969, Juan Sánchez Peláez y Antonieta Arietti Madrid fueron los primeros venezolanos en participar en el International Writing Program  de la Universidad de Iowa, en Estados Unidos. De ese momento han transcurrido ya 47 años. A la lista, integrada por nombres de la talla de Antonio López Ortega, Francisco Suniaga, la periodista Milagros Socorro, Rodrigo Blanco Calderón y Natasha Tianiacos, en 2016 se suman Hensli Rahn y Carlos Patiño Pereda.

La música y las leyes, respectivamente, han influenciado a estos escritores que aún no pueden creer el suelo que pisan, el asiento que ocupan en Iowa, Estados Unidos. Desde 1967, más de mil 400 escritores provenientes de más de 140 naciones han formado parte de esta residencia, y ahora la oportunidad se abrió para ellos en este programa de diez semanas de duración, el cual comenzó el pasado 20 de agosto.

Hensli estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela y es músico.Se acerca a los textos de manera auditiva. La intuición es vital. “Hago énfasis en el ritmo, la rima y la pausa. Es como transcribir sonido, una voz melódica que te dice algo y que no te deja en paz hasta que la dejes por escrita. Así he ‘compuesto’ mis dos libros: Crónicamente Caracas (Fundación para la Cultura Urbana, 2008) y Dinero fácil (Libros del Fuego, 2014)”, contó desde Iowa, donde las días se hace cortos para aprovechar todas las actividades que constituyen en el programa de escritura. “En mis proyectos, combino recursos de ambos medios. Es el método que me resulta más eficaz”.

Hensli Rahn

En el texto titulado El Prócer, uno de los personajes de Hensli puede leerse lo siguiente:

“Hablo del acto de escribir, chico. ¿Hacerlo de yo, de tú, o en tercera persona? ¿Si escribes en español o en venezolano? Ésa es la vaina, porque esto no es español de España. Es venezolano… y si escribes así, no te entienden allá. ¿Para quién escribes? En una época hice intentos por ser escritor. Intentos serios, pero la vaina es que… (…) Cioran era rumano y escribía en francés… ¿por dónde empezar? Ésa es la cuestión de la vaina… lo que ustedes buscan, ¿no? El otro día oí a Vargas Llosa. No se puede negar que el carajo es bueno. El tipo habla como si estuviera leyendo algo escrito en español de España. Ésa es la cuestión…”

 ¿Y por dónde comienzan las historias de Hensli? “Contar una historia es una necesidad de otra naturaleza. Al narrar sigo una especie de dictado interior. Digamos que oigo voces, como diría un personaje fuera de sí, y estas hablan únicamente en castellano”, aunque en su cotidianidad lo rodee el alemán o el inglés.

“Podrían ser las voces de familiares o amigos que ya no están presentes y siguen hablando para siempre desde la memoria. ¿Para qué? Lo ignoro. Quizá para que se conozcan sus ficciones: sus tragedias, epopeyas o comedias de amor. En mi caso particular, el trabajo literario consiste en dotar de sentido a esas voces por medio de la edición y el montaje: convertirlas en un libro”, cuenta sobre su proceso creativo.

 Le costó reaccionar después de leer el mensaje que aceptaba su participación en el programa de la Universidad de Iowa. No se había hecho demasiadas expectativas, cuenta, mostrándose fiel seguidor de la obra del poeta Sánchez Peláez: “Regresaba a casa en metro después de dar clases de español toda la tarde. El teléfono hizo un ruido ridículo y apareció el correo del IWP. Me quedé helado leyendo la invitación. Cuando por fin regresé a mis cabales, se abrieron las puertas del tren y todo se pintó de ese típico morado del atardecer de Berlín”.

Perteneció a la agrupación caraqueña Autopista Sur, tocando la guitarra y escribiendo gran parte del disco Caracas se quema (2008). “El género musical que más me apasiona estudiar es la canción: la unión de música y texto”, acota sobre esta experiencia.

“Hay cantautores en lengua castellana como Joaquín Sabina, o más recientemente Jorge Drexler, que han llevado el género a límites que rozan con la literatura. Envalentonado por eso y el resto mi biblioteca musical, cursé los estudios de Letras con una simple premisa: mejorar las letras de mis propias canciones. Más lirismo, mejor narrativa. Aquellos fueron los años de Autopista Sur y el disco Caracas se quema (2008), un experimento de guitarras eléctricas y canciones literarias. Quizá fue una ingenuidad de mi parte no prever que luego colgaría el instrumento para sentarme escribir algo más largo”.

Su libro de cuentos, Dinero Fácil, nació casi por accidente a finales de 2012, cuando residía en la ribera del Oyapoque, el río frontera entre Brasil y Guyana Francesa: “Un día más caliente que otros, la guitarra hizo crac: estalló el puente junto a las cuerdas. Mientras recogía el desastre y pegaba de nuevo las piezas, cayó la noche. No sé en qué momento oí, de golpe, al menos seis de los cuentos que conforman Dinero fácil. Corrí a escribirlos y el resto ya es parte de esta historia”. Espera que nada más tenga que romperse para comenzar sus próximas historias.

Parece que la profesión de Carlos Patiño Pereda, abogado, lo separa un poco de la literatura: este no es su caso. Durante la infancia, su madre le transmitió ese gusto por los libros: “De ahí te sueltas, vas escogiendo lecturas y en algún punto brota la necesidad de escribir tus propias historias”.

Tanto siguió esa necesidad de construir sus relatos, que vio sus frutos en 2015 tras alzarse como ganador de la 70° edición del concurso de cuentos de El Nacional con ‘Los círculos concéntricos’:

“Organicé el rito antes de la caída del sol. Saqué los cachivaches del cuarto mientras el eco de mi tos alérgica rebotaba en las paredes. Para la medianoche, sólo la tenue luz de un velón blanco alumbraba la habitación proyectando móviles sombras. Ubiqué los espejos circulares uno frente al otro, contrapuestos con un espacio suficiente para ponerme en el medio y mirar el reflejo de mi imagen que se distorsionaba en secuencias infinitas. Sentado desnudo entre los dos espejos, yo era el centro de los círculos concéntricos. El reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo de mi reflejo”.

¿La literatura puede tener ese efecto de los espejos en tu historia? “La literatura permite verte reflejado en el espejo de otras vidas”, respondió Carlos.

Carlos Patiño Pereda

 Es un honor y compromiso, reconoció, haber resultado seleccionado en el International Writing Program de la Universidad de Iowa, “tomar el testigo de los 14 escritores venezolanos que me antecedieron en el IWP desde 1967 es motivo de alegría y asombro”. Se siente satisfecho de compartir esta oportunidad con su compañero venezolano, Hensli Rahn, con quien ha tenido oportunidad de realizar presentaciones conjuntas que han sido bien recibidas en Iowa City.

“El programa ha superado mis expectativas, es como estar en las Naciones Unidas de la literatura; 35 escritores de distintas nacionalidades presentando sus obras y compartiendo experiencias en la ciudad de la literatura por la UNESCO”, sostuvo el también activista por los derechos humanos.

En 2014 publicó su libro de relatos Te mataré dos veces, obra en la que mezcla su pasión por la literatura con la realidad en la que está inmersa por su profesión: “Los personajes de ficción siempre toman algo de la experiencia de su creador. Y el escritor suele escribir de lo que conoce. Por ello no es de extrañar que el trabajo “real” del autor que no viva de la literatura se filtre de vez en cuando en su obra. Incluso retazos de su propia vida. Sin embargo, esto no es una regla inmutable. En ‘Te mataré dos veces’ hay historias de activismo como ‘Cabilla’, ‘La máscara de Fawkes’ y ‘Cuando todo acabe’; pero también relatos policiales, fantásticos o que rozan el terror, sin ninguna vinculación laboral o política”.

Los autores venezolanos, los clásicos como los nuevos talentos, merecen ser promocionados y leídos fuera de nuestras fronteras, considera Carlos, “en narrativa y poesía se han hecho y se siguen haciendo cosas buenas y muy interesantes”. En cuanto a los autores extranjeros, “la tragedia país nos ha dejado anaqueles vacíos, precarias novedades a precios exorbitantes y sequía cambiaria para libros electrónicos. En consecuencia, es oportuno volver a los clásicos, que siempre están disponibles por ahí de primera o segunda mano. Eso también es bueno”.

Fuente: Panorama

http://www.panorama.com.ve/experienciapanorama/Venezolanos-en-el-programa-de-escritura-de-Iowa-contaron-a-PANORAMA-claves-de-su-trabajo-20160926-0106.html

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Por Daniela Bracho

En 1969, Juan Sánchez Peláez y Antonieta Arietti Madrid fueron los primeros venezolanos en participar en el International Writing Program  de la Universidad de Iowa, en Estados Unidos. De ese momento han transcurrido ya 47 años. A la lista, integrada por nombres de la talla de Antonio López Ortega, Francisco Suniaga, la periodista Milagros Socorro, Rodrigo Blanco Calderón y Natasha Tianiacos, en 2016 se suman Hensli Rahn y Carlos Patiño Pereda.

La música y las leyes, respectivamente, han influenciado a estos escritores que aún no pueden creer el suelo que pisan, el asiento que ocupan en Iowa, Estados Unidos. Desde 1967, más de mil 400 escritores provenientes de más de 140 naciones han formado parte de esta residencia, y ahora la oportunidad se abrió para ellos en este programa de diez semanas de duración, el cual comenzó el pasado 20 de agosto.

Hensli estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela y es músico.Se acerca a los textos de manera auditiva. La intuición es vital. “Hago énfasis en el ritmo, la rima y la pausa. Es como transcribir sonido, una voz melódica que te dice algo y que no te deja en paz hasta que la dejes por escrita. Así he ‘compuesto’ mis dos libros: Crónicamente Caracas (Fundación para la Cultura Urbana, 2008) y Dinero fácil (Libros del Fuego, 2014)”, contó desde Iowa, donde las días se hace cortos para aprovechar todas las actividades que constituyen en el programa de escritura. “En mis proyectos, combino recursos de ambos medios. Es el método que me resulta más eficaz”.

Hensli Rahn

En el texto titulado El Prócer, uno de los personajes de Hensli puede leerse lo siguiente:

“Hablo del acto de escribir, chico. ¿Hacerlo de yo, de tú, o en tercera persona? ¿Si escribes en español o en venezolano? Ésa es la vaina, porque esto no es español de España. Es venezolano… y si escribes así, no te entienden allá. ¿Para quién escribes? En una época hice intentos por ser escritor. Intentos serios, pero la vaina es que… (…) Cioran era rumano y escribía en francés… ¿por dónde empezar? Ésa es la cuestión de la vaina… lo que ustedes buscan, ¿no? El otro día oí a Vargas Llosa. No se puede negar que el carajo es bueno. El tipo habla como si estuviera leyendo algo escrito en español de España. Ésa es la cuestión…”

 ¿Y por dónde comienzan las historias de Hensli? “Contar una historia es una necesidad de otra naturaleza. Al narrar sigo una especie de dictado interior. Digamos que oigo voces, como diría un personaje fuera de sí, y estas hablan únicamente en castellano”, aunque en su cotidianidad lo rodee el alemán o el inglés.

“Podrían ser las voces de familiares o amigos que ya no están presentes y siguen hablando para siempre desde la memoria. ¿Para qué? Lo ignoro. Quizá para que se conozcan sus ficciones: sus tragedias, epopeyas o comedias de amor. En mi caso particular, el trabajo literario consiste en dotar de sentido a esas voces por medio de la edición y el montaje: convertirlas en un libro”, cuenta sobre su proceso creativo.

 Le costó reaccionar después de leer el mensaje que aceptaba su participación en el programa de la Universidad de Iowa. No se había hecho demasiadas expectativas, cuenta, mostrándose fiel seguidor de la obra del poeta Sánchez Peláez: “Regresaba a casa en metro después de dar clases de español toda la tarde. El teléfono hizo un ruido ridículo y apareció el correo del IWP. Me quedé helado leyendo la invitación. Cuando por fin regresé a mis cabales, se abrieron las puertas del tren y todo se pintó de ese típico morado del atardecer de Berlín”.

Perteneció a la agrupación caraqueña Autopista Sur, tocando la guitarra y escribiendo gran parte del disco Caracas se quema (2008). “El género musical que más me apasiona estudiar es la canción: la unión de música y texto”, acota sobre esta experiencia.

“Hay cantautores en lengua castellana como Joaquín Sabina, o más recientemente Jorge Drexler, que han llevado el género a límites que rozan con la literatura. Envalentonado por eso y el resto mi biblioteca musical, cursé los estudios de Letras con una simple premisa: mejorar las letras de mis propias canciones. Más lirismo, mejor narrativa. Aquellos fueron los años de Autopista Sur y el disco Caracas se quema (2008), un experimento de guitarras eléctricas y canciones literarias. Quizá fue una ingenuidad de mi parte no prever que luego colgaría el instrumento para sentarme escribir algo más largo”.

Su libro de cuentos, Dinero Fácil, nació casi por accidente a finales de 2012, cuando residía en la ribera del Oyapoque, el río frontera entre Brasil y Guyana Francesa: “Un día más caliente que otros, la guitarra hizo crac: estalló el puente junto a las cuerdas. Mientras recogía el desastre y pegaba de nuevo las piezas, cayó la noche. No sé en qué momento oí, de golpe, al menos seis de los cuentos que conforman Dinero fácil. Corrí a escribirlos y el resto ya es parte de esta historia”. Espera que nada más tenga que romperse para comenzar sus próximas historias.

Parece que la profesión de Carlos Patiño Pereda, abogado, lo separa un poco de la literatura: este no es su caso. Durante la infancia, su madre le transmitió ese gusto por los libros: “De ahí te sueltas, vas escogiendo lecturas y en algún punto brota la necesidad de escribir tus propias historias”.

Tanto siguió esa necesidad de construir sus relatos, que vio sus frutos en 2015 tras alzarse como ganador de la 70° edición del concurso de cuentos de El Nacional con ‘Los círculos concéntricos’:

“Organicé el rito antes de la caída del sol. Saqué los cachivaches del cuarto mientras el eco de mi tos alérgica rebotaba en las paredes. Para la medianoche, sólo la tenue luz de un velón blanco alumbraba la habitación proyectando móviles sombras. Ubiqué los espejos circulares uno frente al otro, contrapuestos con un espacio suficiente para ponerme en el medio y mirar el reflejo de mi imagen que se distorsionaba en secuencias infinitas. Sentado desnudo entre los dos espejos, yo era el centro de los círculos concéntricos. El reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo de mi reflejo”.

¿La literatura puede tener ese efecto de los espejos en tu historia? “La literatura permite verte reflejado en el espejo de otras vidas”, respondió Carlos.

Carlos Patiño Pereda

 Es un honor y compromiso, reconoció, haber resultado seleccionado en el International Writing Program de la Universidad de Iowa, “tomar el testigo de los 14 escritores venezolanos que me antecedieron en el IWP desde 1967 es motivo de alegría y asombro”. Se siente satisfecho de compartir esta oportunidad con su compañero venezolano, Hensli Rahn, con quien ha tenido oportunidad de realizar presentaciones conjuntas que han sido bien recibidas en Iowa City.

“El programa ha superado mis expectativas, es como estar en las Naciones Unidas de la literatura; 35 escritores de distintas nacionalidades presentando sus obras y compartiendo experiencias en la ciudad de la literatura por la UNESCO”, sostuvo el también activista por los derechos humanos.

En 2014 publicó su libro de relatos Te mataré dos veces, obra en la que mezcla su pasión por la literatura con la realidad en la que está inmersa por su profesión: “Los personajes de ficción siempre toman algo de la experiencia de su creador. Y el escritor suele escribir de lo que conoce. Por ello no es de extrañar que el trabajo “real” del autor que no viva de la literatura se filtre de vez en cuando en su obra. Incluso retazos de su propia vida. Sin embargo, esto no es una regla inmutable. En ‘Te mataré dos veces’ hay historias de activismo como ‘Cabilla’, ‘La máscara de Fawkes’ y ‘Cuando todo acabe’; pero también relatos policiales, fantásticos o que rozan el terror, sin ninguna vinculación laboral o política”.

Los autores venezolanos, los clásicos como los nuevos talentos, merecen ser promocionados y leídos fuera de nuestras fronteras, considera Carlos, “en narrativa y poesía se han hecho y se siguen haciendo cosas buenas y muy interesantes”. En cuanto a los autores extranjeros, “la tragedia país nos ha dejado anaqueles vacíos, precarias novedades a precios exorbitantes y sequía cambiaria para libros electrónicos. En consecuencia, es oportuno volver a los clásicos, que siempre están disponibles por ahí de primera o segunda mano. Eso también es bueno”.

Fuente: Panorama

http://www.panorama.com.ve/experienciapanorama/Venezolanos-en-el-programa-de-escritura-de-Iowa-contaron-a-PANORAMA-claves-de-su-trabajo-20160926-0106.html

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