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La triste situación de los estudiantes venezolanos en España

estudiantes

La razón de su desamparo se encuentra en que, desde 2003, el Gobierno no les permite cambiar sus bolívares a euros o dólares directamente

Ya para este mes de julio, harán más de 9 meses que Caracas deniega cualquier petición de moneda extranjera para estudiar. Por ello, muchos de los estudiantes acudirán a las embajadas de todo el mundo exigiendo una solución. Los residenciados en Barcelona, amenazan con realizar huelga de hambre si el Cencoex no les envía las remesas solicitadas.

Mónica Polo, estudiante de un máster de criminalística, en la Universidad Autónoma de Barcelona, lidera un grupo de estudiantes venezolanos que se concentraron recientemente en las afueras del consulado de Venezuela, para exigir una respuesta a sus reiterados llamados. La convocatoria se realizó por medio de las redes sociales, pero hasta ahora no ha habido respuesta.

Los jóvenes entregaron un documento en el que exigían la prontitud de este organismo, debido al retraso que mantienen con el resto de las personas que decidieron invertir sus ahorros para ampliar su formación como profesionales en el exterior.

De los 4.110 euros que solicitó Mónica Polo para sus gastos, correspondientes a noviembre y diciembre de 2014 y enero de 2015 solo recibió 411. En el correo que recibió le indicaron que este monto era referente a nueve días de enero. “Si ellos no aprueban las divisas o se retrasan en la aprobación no tenemos cómo cancelar los servicios”, aseguró.

El no tener dinero para demostrar que tienen cómo quedarse en España, los obliga a estar ilegales porque no les dan el permiso de estancia. Por ello no pueden buscar trabajo, explicó la declarante.

Andrés es un estudiante que amanece en la estación de metro de Goya, en la milla de oro de Madrid : “no podría decir que duermo allí, porque no pego ojo en toda la noche”. Este venezolano de 28 años llegó a la capital española en octubre, para estudiar un máster de Administración y Dirección de Empresas en una escuela de negocios. Hoy se siente un «nómada”, con su mochila «de arriba para abajo”, se aloja en casa de un amigo hasta el fin de semana. «Después, no sé dónde voy a dormir”, dice.

Andrés es sólo uno de los 25.000 estudiantes venezolanos que subsisten como pueden en todo el mundo, con su dinero retenido en su país de origen.

La razón de su desamparo se encuentra en que, desde 2003, el Gobierno no les permite cambiar sus bolívares a euros o dólares directamente. Quienes quieran cursar posgrados o doctorados en el exterior depende, para poder obtener divisas extranjeras, de la aprobación del Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex). Este curso, las solicitudes estudiantiles o se encuentran en un permanente stand by o son rechazadas. El problema es que muchos de estos jóvenes se encuentran ya fuera de sus casas. Y no pueden acceder a sus cuentas corrientes.

De la gestión de Cencoex depende también, además, el pago de sus matrículas universitarias. Por eso, a la ya precaria situación estos jóvenes han de añadir la presión de los centros, algunos de los cuales amenazan con retirarles el visado de estudiante si no saldan su deuda.

De manos atadas

«No es que no tengamos el dinero, es que no nos dejan llegar a él”, explica Carlos Moreno, estudiante de posgrado en Salt Lake City (EEUU), que se ha erigido en portavoz de sus compañeros en todo el mundo, y es el único de ellos que se atreve a ver publicado su nombre y apellido. «Tienen miedo de lo que les pueda pasar, a ellos y a sus familias, que siguen allí. Miedo a la fortísima represión que sufre la población en Venezuela”, confiesa.

Ninguno de los jóvenes revela su identidad por miedo a represalias, a ellos o a sus familias «Es muy difícil explicar lo que nos está pasando porque para nadie, fuera de Venezuela, tiene sentido que no podamos acceder a nuestras cuentas corrientes para cambiar nuestros bolívares a dólares o euros”, afirma este joven politólogo. «No es un favor del Estado, no es una beca, mucho menos un regalo”, recoge el comunicado elaborado por los residentes en Madrid.

Dura burocracia

Desde la instauración del control cambiario en el país bolivariano, los estudiantes deben presentar ante Cencoex un documento en el que explican qué van a estudiar, durante cuánto tiempo y por qué sus estudios serán «beneficiosos para el país”. Después, el Estado les aprueba la solicitud y, siempre con Cencoex como intermediario, ingresa el importe de la matrícula y, en su caso, el seguro médico, a la Universidad de destino. Además, es también el encargado de enviar al alumno una cantidad mensual para su manutención (en Europa, un máximo de 1.370 euros mensuales), que tomará de la cuenta corriente del beneficiario.

Los requisitos para aprobar la adquisición de divisas destinadas a fines académicos se endurecieron en la primavera de 2012, cuando el Gobierno estableció unas «áreas prioritarias de formación”, que tendrían como referente el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación.

«Si tus estudios están fuera de la lista, lo tienes difícil”, asegura Ana, portavoz de sus compañeros en Madrid. Los problemas empezaron a surgir en Dublín, la primavera pasada. El Gobierno de Maduro sospechaba que tras el incremento de casi un 90% del número de venezolanos residentes en Irlanda entre 2008 y 2013 se escondía un mercado negro de divisas, así que decidió cerrar el grifo. «Tenemos casos de prostitución, algunos comen una vez al día”, denunciaron los jóvenes.

Aquello supuso un punto de inflexión y, hoy, 25.000 estudiantes en todo el mundo esperan una respuesta de la institución cambiaria, según los propios listados del gobierno bolivariano. Las que llegan, son siempre negativas.

Con la ayuda del abogado Williams Cárdenas, los estudiantes, han recurrido al consulado de Venezuela en Madrid y han enviado comunicados a la Unión Europea y al Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos relatando su situación. “Algunos rayan en la indigencia. Es necesario que la comunidad internacional sepa lo que está pasando”, dice el abogado.

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La razón de su desamparo se encuentra en que, desde 2003, el Gobierno no les permite cambiar sus bolívares a euros o dólares directamente

Ya para este mes de julio, harán más de 9 meses que Caracas deniega cualquier petición de moneda extranjera para estudiar. Por ello, muchos de los estudiantes acudirán a las embajadas de todo el mundo exigiendo una solución. Los residenciados en Barcelona, amenazan con realizar huelga de hambre si el Cencoex no les envía las remesas solicitadas.

Mónica Polo, estudiante de un máster de criminalística, en la Universidad Autónoma de Barcelona, lidera un grupo de estudiantes venezolanos que se concentraron recientemente en las afueras del consulado de Venezuela, para exigir una respuesta a sus reiterados llamados. La convocatoria se realizó por medio de las redes sociales, pero hasta ahora no ha habido respuesta.

Los jóvenes entregaron un documento en el que exigían la prontitud de este organismo, debido al retraso que mantienen con el resto de las personas que decidieron invertir sus ahorros para ampliar su formación como profesionales en el exterior.

De los 4.110 euros que solicitó Mónica Polo para sus gastos, correspondientes a noviembre y diciembre de 2014 y enero de 2015 solo recibió 411. En el correo que recibió le indicaron que este monto era referente a nueve días de enero. “Si ellos no aprueban las divisas o se retrasan en la aprobación no tenemos cómo cancelar los servicios”, aseguró.

El no tener dinero para demostrar que tienen cómo quedarse en España, los obliga a estar ilegales porque no les dan el permiso de estancia. Por ello no pueden buscar trabajo, explicó la declarante.

Andrés es un estudiante que amanece en la estación de metro de Goya, en la milla de oro de Madrid : “no podría decir que duermo allí, porque no pego ojo en toda la noche”. Este venezolano de 28 años llegó a la capital española en octubre, para estudiar un máster de Administración y Dirección de Empresas en una escuela de negocios. Hoy se siente un «nómada”, con su mochila «de arriba para abajo”, se aloja en casa de un amigo hasta el fin de semana. «Después, no sé dónde voy a dormir”, dice.

Andrés es sólo uno de los 25.000 estudiantes venezolanos que subsisten como pueden en todo el mundo, con su dinero retenido en su país de origen.

La razón de su desamparo se encuentra en que, desde 2003, el Gobierno no les permite cambiar sus bolívares a euros o dólares directamente. Quienes quieran cursar posgrados o doctorados en el exterior depende, para poder obtener divisas extranjeras, de la aprobación del Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex). Este curso, las solicitudes estudiantiles o se encuentran en un permanente stand by o son rechazadas. El problema es que muchos de estos jóvenes se encuentran ya fuera de sus casas. Y no pueden acceder a sus cuentas corrientes.

De la gestión de Cencoex depende también, además, el pago de sus matrículas universitarias. Por eso, a la ya precaria situación estos jóvenes han de añadir la presión de los centros, algunos de los cuales amenazan con retirarles el visado de estudiante si no saldan su deuda.

De manos atadas

«No es que no tengamos el dinero, es que no nos dejan llegar a él”, explica Carlos Moreno, estudiante de posgrado en Salt Lake City (EEUU), que se ha erigido en portavoz de sus compañeros en todo el mundo, y es el único de ellos que se atreve a ver publicado su nombre y apellido. «Tienen miedo de lo que les pueda pasar, a ellos y a sus familias, que siguen allí. Miedo a la fortísima represión que sufre la población en Venezuela”, confiesa.

Ninguno de los jóvenes revela su identidad por miedo a represalias, a ellos o a sus familias «Es muy difícil explicar lo que nos está pasando porque para nadie, fuera de Venezuela, tiene sentido que no podamos acceder a nuestras cuentas corrientes para cambiar nuestros bolívares a dólares o euros”, afirma este joven politólogo. «No es un favor del Estado, no es una beca, mucho menos un regalo”, recoge el comunicado elaborado por los residentes en Madrid.

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